Psicodélico y extraño

Ilustración de Darshan Zenith.
Por Fabricio Welschen
“Vicio propio”, de Thomas Pynchon. Traducción de Vicente Campos. Tusquets Editores. Buenos Aires, 2011.
El título de la presente reseña bien podría ser “Un Pynchon extrañamente conciliador”, y tal afirmación no estaría lejos de una de las principales impresiones que se puede tener cuando llega a su término la lectura de la novela Vicio propio (Inherent vice, Penguin, 2009) del escritor estadounidense Thomas Pynchon. Sin duda la última novela de Pynchon, a diferencia de las anteriores, ofrece a una lectura sin una dificultad que logre desorientar o confundir al lector; en este sentido, lejos se encuentra Vicio propio del furioso frenesí estético y estructural que el esquivo Thomas Pynchon desplegaba en novelas como El arco iris de la gravedad. Centenares de páginas más corto que El arco iris de la gravedad (1973) o Mason y Dixon (1997), los dos, libros “gigantes y extraños”, Vicio propio presenta una historia que transcurre durante los comienzos de la presidencia de Richard Nixon (el personaje más oscuro de la historia de los Estados Unidos), la guerra de Vietnam, las repercusiones por los macabros asesinatos cometidos por los discípulos de Charles Manson y una atmósfera social que se encuentra aún impregnada por la resaca de los años sesenta.
El protagonista de esta historia psicodélica y extraña es Doc Sportello, un hippie adicto a las drogas que ejerce el oficio de detective privado, quien un día recibe la inesperada visita de su antigua novia Shasta Fay Hepworth (igual de seductora y voluptuosa que prácticamente el resto de las mujeres que desfilan en minifaldas por toda la novela), ahora amante del magnate inmobiliario Michael “Mickey” Wolfmann. Shasta acude a Doc Sportello para confiarle el temor que siente de que la esposa de Mickey, Sloane Wolfmann, y el amante de ésta, el amenazadoramente corpulento Riggs Warbling, estén urdiendo un plan para desembarazarse del magnate. Sportello se compromete ante quien fuera su novia a utilizar sus contactos en el Poder Judicial, cuyo principal vínculo es Penny Kimball, ayudante del fiscal del distrito, y muchacha con la cual Doc suele acostarse ocasionalmente. Pero a pesar de la custodia personal constituida por un grupo de moteros nazis, Mickey desaparece misteriosamente junto con Shasta.
Intrigado por éste y otros misterios que le son encomendados por personajes que irán apareciendo con el transcurrir de la historia, Sportello comenzará la búsqueda de pistas por una ciudad de Los Angeles de tramos ficticios en cuyas costas se congregan grupos de surfistas. Búsqueda que también continuará por otros puntos del país.
A pesar del aura de marihuana en la que se encuentra inmerso, Doc Sportello tiene la suficiente lucidez (y fortuna de estar en el lugar y en el momento adecuado) como para llevar a cabo sus pesquisas e indagaciones, las cuales le permitirán unir los cabos para desenredar la maraña de misterios y confabulaciones detrás de la cual se encuentran ocultas las estructuras del Poder.
Este Poder que intenta dejar a la luz Sportello se encuentra constituido por la goleta Colmillo Dorado que contrabandea droga, el centro de rehabilitación para drogadictos Chryskylodon, los escuadrones fascistas antisubversivos que se enfrentan a los guerrilleros negros y al movimiento contracultural de los hippies y la corrupta policía de Los Angeles (aquella misma con la que Doc, en su condición de hippie, tan familiarizado está). Estas organizaciones constitutivas de las estructuras del Poder que operan en la psicodélica sociedad estadounidense son análogas a otras organizaciones de la misma impronta que se pueden encontrar en otras de las novelas de Pynchon como la R.E.S.T.O.S., la clandestina red postal que aparece en La subasta del lota 49 (1965-6) o los misioneros jesuitas de Mason y Dixon.
Thomas Pynchon (escritor que se encuentra en las antípodas de su colega y compatriota, la prolífica Joyce Carol Oates, en lo que hace a la cuestión de la publicación de los libros) elabora una historia que se sustenta en la fluidez de los frenéticos diálogos mantenidos entre los personajes y en una considerable reducción en la extensión de las digresiones lo cual es un factor decisivo para que el lector no pierda el hilo temático de lo que va leyendo.