Editorial
La defensa de la soberanía sobre las Islas Malvinas
Editorial
La defensa de la soberanía sobre las Islas Malvinas
La presidenta de la Nación sostuvo en la Asamblea General de las Naciones Unidas los derechos de la Argentina sobre las Islas Malvinas. Su intervención insistió no sólo en reivindicar la soberanía, sino en reclamar negociaciones concretas con Inglaterra, reclamos que incluyeron la amenaza de cortar los vuelos de aviones entre nuestro país y las islas.
Como se recordará, en 1999 se estableció un vuelo semanal desde Malvinas a Punta Arenas en Chile. Ese vuelo hacía una escala mensual en Río Gallegos y alentaba un contacto fluido entre los habitantes de uno y otro lugar. Esta habilitación se produjo durante la presidencia de Carlos Menem y fue considerada por los habitantes de Malvinas como una verdadera bendición, ya que los conectaba con el continente y, al mismo tiempo, alentaba el turismo hacia las islas.
En su reciente discurso la presidenta amenazó con poner punto final a estos vuelos si Inglaterra no accedía a sentarse a discutir el tema de la soberanía de las islas. Sus palabras inquietaron a la administración de Cameron porque no estaba previsto que fueran dichas en ese tono y en ese escenario pero, sobre todo, alarmaron a los habitantes de las islas, cuya principal preocupación es el aislamiento.
Habrá que ver hasta dónde la presidenta se hará cargo de sus palabras pero por sobre todas las cosas, habrá que prestar atención a la respuesta del gobierno conservador de David Cameron, una administración que en estos temas suele ser muy dura y, además, poco accesible a negociar bajo la imposición de la fuerza. La rigidez de los conservadores no es demasiado diferente que la de los laboristas, de lo que se infiere que en temas como éste, Inglaterra mantiene una política de Estado que no se altera por los cambios de signo político en el poder.
La ofensiva lanzada por la presidenta es probable que esté más relacionada con el treinta aniversario del inicio de la guerra de Malvinas que con la campaña electoral. En estos temas el nacionalismo argentino suele ser muy puntilloso, por lo que no nos debería extrañar que en los próximos meses se lance una campaña intensa en consignas y arrebatos patrióticos para recordar que las Malvinas son y serán argentinas.
Más allá del derecho que le compete a nuestro país respecto de estas islas, está claro que toda negociación debe hacerse respetando las reglas de juego internacional. Las advertencias de la presidenta no rompen con esta convención pero incrementan las tensiones. La diplomacia argentina manifiesta que está dispuesta a tirar de la cuerda tantas veces sea necesario, porque quien se opone a toda forma de negociación razonable es Inglaterra.
En ese sentido no están demás las advertencias y tampoco es un despropósito que al cumplirse treinta años de la guerra se insista con los reclamos de soberanía territorial. En lo que, en todo caso, debe insistirse es en que tenemos un conflicto territorial con las Malvinas que merece ser atendido, pero este conflicto no es ni debe ser una prioridad de nuestra política nacional. La Argentina históricamente no está ni mutilada ni humillada porque desde 1833 en esas lejanas islas haya una colonia de origen inglés.