Al margen de la crónica
Al margen de la crónica
Cataluña sin toreros
Juan Cruz Boedo
“Si, sí, es un espectáculo horroroso. Pero lo increíble está en las tribunas, en ver cómo participa el público. Yo, cuando fui a Las Ventas, en Madrid, me senté de espaldas a la arena para ver cómo reaccionaba el público”. El consejo de un amigo surgió en una discusión sobre lo terrible que resultan para nosotros las corridas de toros. Un supuesto espectáculo donde la superioridad del hombre sobre la bestia -aunque esta sea enorme y cargue afilados cuernos- se hace presente a cada rato, mortificando al animal con púas, picas hasta que finalmente se decide la matanza luego del floreo (¿?) del torero con giros y verónicas a milímetros de la muerte.
Afortunadamente la terrible polémica desatada en España en los últimos años sigue sumando adeptos entre los antitaurinos para que, finalmente, cese una actividad bestial mientras que desde el otro lado, los admiradores de la tauromaquia la consideran como una “disciplina artística”.
El sábado la importante comunidad de Cataluña dijo adiós a los toros en medio de la emoción de 20.000 aficionados que llenaron la plaza Monumental de Barcelona para asistir a la última corrida en esta región española donde la llamada “Fiesta Nacional” ha sido prohibida por el Parlamento y es que se vivió la despedida de La Monumental de Barcelona, levantada en 1914, era la única plaza de toros en funcionamiento en Cataluña, una región donde la afición a los toros es menor que en otros lugares de España como Madrid, Andalucía o Valencia.
Según una encuesta difundida por el canal de televisión La Sexta, el 37,8 por ciento de los españoles se declaran taurinos, frente a un 50,8 por ciento de antitaurinos. Esta aversión a los toros es mayor en Cataluña, según el sondeo, donde sólo el 17,1 por ciento de los encuestados apoya la fiesta de los toros, frente a un 72,9 por ciento de detractores.
José Tomás, el torero más importante de los últimos años, fue el elegido para cerrar la historia taurina de Cataluña. Como es tradición cortó dos orejas al primero de sus dos toros en medio de la euforia de los aficionados. Los espectadores también pidieron las dos orejas para Serafín Marín, torero catalán que se encargó de matar al último toro en la historia de La Monumental.
Un pequeño grupo de aficionados muy exaltados golpeó e insultó a los antitaurinos, quienes en un primer momento intentaron devolver los golpes, pero que finalmente optaron por marcharse al tiempo que la Policía intervenía para poner fin a la pelea. Al margen del breve altercado, la última corrida de toros de Cataluña estuvo marcada por el ambiente festivo, con aplausos y ovaciones a los toreros, y algunos gritos reivindicativos.
Si bien se escucharon más los gritos de “torero, torero” que los de “libertad, libertad”, el final de las corridas en España -el país donde más se practica la tauromaquia- parece tener los días contados. En Cataluña ya no habrá más.