La Academia Sueca lo buscó cerca
La Academia Sueca lo buscó cerca
Tranströmer, un Nobel para la poesía
Nacido en Estocolmo en 1931, desde su aparición con “17 poemas” en 1954, se ha convertido en una de las referencias sustanciales de las letras escandinavas. Recibió antes otras importantes distinciones y su obra fue traducida a más de 60 idiomas, entre ellos el castellano.

Anxo Lamela
Agencias EFE
El Nobel de Literatura 2011 distinguió hoy al poeta sueco Tomas Tranströmer, autor de una poesía austera y concreta que ofrece “imágenes densas y diáfanas”, además de una “nueva vía de acceso a lo real”, según la Academia Sueca.
Su elección no fue una sorpresa, ya que su nombre aparecía siempre en las quinielas al premio desde hacía años.
Tranströmer y el sirio Adonis eran de hecho los dos poetas que sonaban con más fuerza en Estocolmo para el caso de que la Academia Sueca decidiera, como así hizo, volver a distinguir al género lírico, algo que no hacía desde que en 1996 ganó la polaca Wislawa Szymborska.
Nacido hace 80 años en Estocolmo, en cuya universidad hizo estudios de literatura, psicología e historia de las religiones, Tranströmer debutó en 1954 con “17 dikter” (17 poemas), un libro que lo situó como una de las voces con más proyección de su época.
Ahí aparecen ya el interés por la naturaleza y la música, que estarán presentes en buena parte de su producción posterior, al igual que el gusto por las metáforas claras y expresivas, lo que le valió el recelo de ciertos círculos del mundo lírico sueco.
Obras como “Hemligheter vägen” (Secretos en el camino, 1958), “Den halvfärdiga himlen” (1962, traducido al castellano como “El cielo a medio hacer“) y “Klanger och spr” (Sonidos y pistas, 1966) lo confirmaron definitivamente como uno de los poetas más destacados de su generación.
Una hemiplejia sufrida en 1990 le privó prácticamente del habla y dejó a medio hacer su libro “Minnena ser mig” (Los recuerdos me ven), que acabó tres años más tarde con la ayuda de su esposa Monica, fundamental también para poder escribir dos poemarios más: “Sorgengondolen” (La Góndola fúnebre, 1996) y “Den stora gtan” (El gran acertijo, 2004).
Desde entonces no ha publicado nada más y ha preferido dedicarse a escuchar música, otra de sus pasiones, dando en la práctica por terminada una obra poética que, según su colega y amigo Lars Gustafsson, trata “sobre el momento en que la niebla se disipa, cuando por un breve momento se rompe la cotidianeidad”.
Desde que fue introducido en EE.UU. por Robert Bly en la década de 1960, su fama internacional ha ido creciendo y ahora está traducido a más de sesenta idiomas, lo que le convierte en “uno de los poetas más grandes del mundo”, según el secretario permanente de la Academia Sueca, Peter Englund.
Minutos después de anunciar el fallo, Englund defendía así la elección de Tranströmer, el octavo sueco premiado con este galardón, adelantándose a posibles acusaciones de provincianismo.
La Academia no distinguía a un sueco con el Nobel de Literatura desde que Eyvind Johnson y Harry Martinson lo recibieron en 1974 en una decisión escandalosa, sobre todo porque ambos formaban parte de aquella institución cuando fueron galardonados.
Más rotundos que England se mostraron los medios suecos: Björn Wiman, jefe de Cultura de “Dagens Nyheter” -el más prestigioso diario de Suecia-, calificaba la elección de “absolutamente justa”, porque Tranströmer es “muy superior” al resto de poetas.
Y en términos similares también se expresaba la edición digital del otro gran diario sueco, “Svenska Dagbladet”, sobre Tranströmer, quien hace seis meses cumplió 80 años y fue homenajeado por el mundo de la cultura de su país.
Aunque la Fundación Nobel anunció este año que había pedido extremar la discreción a los miembros de los comités de las distintas categorías del premio, el de Literatura ha vuelto a estar envuelto en polémica, como ocurrió con Jean-Marie Gustave Le Clézio en 2008 y con la rumano-alemana Herta Müller en 2009.
Mientras que a las 7.00 GMT Ladbrokes pagaba 14 a 1 por Tranströmer, que sucede en el palmarés del premio al peruano Mario Vargas Llosa, las apuestas masivas por el poeta sueco hicieron que poco antes del anuncio del premio bajara a sólo 1,66.
Contento y emocionado
Tomas Tranströmer se mostró “contento” y “emocionado” al conocer la noticia de que la Academia Sueca lo había galardonado hoy con el Nobel de Literatura 2011. “No creía que podía llegar a vivir esto”, dijo su mujer, Monica Tranströmer, a medios digitales suecos desde su casa de Estocolmo. Según su esposa, el poeta “se siente cómodo con todas esas personas que vienen a felicitarlo y a fotografiarlo”. Y añadió que la pareja se mostró “muy sorprendida” cuando el secretario de la Academia Sueca, Peter Englund, les llamó minutos antes de anunciar el premio para darles la noticia.
Mañana, el de la Paz
Activistas involucrados en las revueltas contra los regímenes de varios países de África del Norte y de Oriente Medio, la denominada “Primavera Árabe”, aparecen como favoritos al Nobel de la Paz, que se falla mañana en Oslo.
Así lo apuntan los medios noruegos e instituciones como el Instituto para la Investigación sobre la Paz (PRIO) de Oslo.
Los fundadores del Movimiento 6 de Abril, Israa Abdel Fattah y Ahmed Maher; y los activistas Nora Younis y Wael Ghonim, director de “marketing” de Google para Oriente Medio y el Norte de África, aparecen como las mejores bazas de la rebelión egipcia.
La “bloguera” tunecina Lina Ben Mhenni suena como candidata, aunque el tiempo puede jugar en su contra y en la de los egipcios.
El plazo de nominaciones al Nobel se cerró el 1 de febrero, antes de que Hosni Mubarak renunciara a la presidencia en Egipto y poco después de que Ben Ali hiciera lo propio en Túnez.
Y a pesar de su caída, no está claro el futuro político de Egipto y Túnez, aunque el Comité Nobel podría conceder el premio para impulsar cambios en esos países, como ha hecho otras veces.
Como inspirador de las revueltas aparece el teórico de la no violencia estadounidense Gene Sharp y su Instituto Albert Einstein.
Pero la solidez de los candidatos árabes se ha visto cuestionada por unas recientes declaraciones del secretario del Comité Nobel noruego, Thorbjrn Jagland, mostrándose “sorprendido” porque los medios de su país no hayan visto lo evidente de la elección de 2011.
Las apuestas de la casa Unibet apuntan sin embargo a la presidenta de la Comisión Afgana Independiente de Derechos Humanos, Sima Samar, o los cubanos Osvaldo Payá y Òscar Elías Biscet.
Pero por encima de todos aparece la opositora birmana, Aung San Suu Kyi, liberada a finales de 2010 tras varios años de arresto domiciliario, a pesar de que su elección sería una sorpresa mayúscula, ya que fue galardonada con el Nobel de la Paz en 1991.
La organización de derechos humanos Memorial y su dirigente Svetlana Gannushkina son los mejores candidatos rusos, por delante de la abogada chechena Lidia Yusúpova, la uigur Rebiya Kadeer y el activista Serguéi Kovaliov.
El fin del conflicto en Sudán sería a priori un acontecimiento sobre el que el Comité Nobel podría fijarse, pero sus opciones pierden fuerza por la falta de un candidato claro tras la muerte de John Garang, padre de la independencia del sur de ese país.
En las quinielas aparecen los fundadores de internet, el canal de televisión Al Jazeera, el activista Leymah Gbowee y la presidenta Ellen Johnson-Sirleaf, ambos de Liberia; el keniano Ory Okolloh, la Unión Europea (UE) o el ex canciller alemán Helmut Kohl.
El portal de Internet WikiLeaks y su fundador, Julian Assange; el arzobispo indio Thomas Menamparampil, el médico congoleño Denis Mukwege, el monje vietnamita Thich Quang Do y el activista antinuclear israelí Mordechai Vanunu son otros nombres en liza.
Pero su condición de candidatos -que pueden ser nominados por catedráticos de Universidad en Derecho o Ciencias Políticas, parlamentarios o antiguos laureados de todo el mundo- sólo se puede conocer si quienes lo han propuesto lo hacen público.
Así ha ocurrido con la Fundación Vicente Ferrer, las Abuelas de la Plaza de Mayo, la organización católica laica Comunidad de San Egidio o el pianista y director argentino-israelí Daniel Barenboim.