Editorial

El sindicalismo defiende a Sobrero

A decir verdad la excarcelación del dirigente gremial ferroviario Rubén “Pollo” Sobrero era previsible atendiendo el nivel de presiones políticas ejercidas sobre los jueces. En un Estado de derecho que se precie de tal, la libertad de Sobrero hubiera sido la consecuencia de una decisión jurídica. Por el contrario, en la Argentina existen serias presunciones para sospechar que la libertad del dirigente gremial obedeció más a las presiones políticas y corporativas que a la decisión de un juez.

Si bien los magistrados han informado que continuarán las investigaciones, atendiendo a las modalidades de estos procesos políticos, todo hace pensar que el incendio de los vagones del ferrocarril Sarmiento perpetrado hace seis meses quedará impune.

En este caso llamó la atención la unanimidad de exigencias a la Justicia para que lo libere. Raras veces se ha visto que dirigentes como Barrionuevo, Moyano, Altamira y el CELS coincidan con tanto entusiasmo en reclamar la libertad de un detenido. ¿Complicidad? ¿Solidaridad corporativa? ¿Reclamo legítimo en defensa de la libertades públicas? Cualquiera de estas respuestas puede ser válida, pero más allá de la veracidad de ellas, llama la atención esta sugestiva coincidencia entre rivales políticos colocados, algunos, en los extremos del arco ideológico.

Lo cierto es que en el mes de mayo de este año fueron quemados once vagones del ferrocarril Sarmiento. No se sabe quiénes fueron los autores materiales pero se sabe que el hecho ocurrió en el marco de una protesta gremial. Once vagones no se queman como consecuencia de un accidente o de la casualidad.

Se trata de dar con los culpables que atentaron contra bienes públicos y pusieron en riesgo la vida de mucha gente. Poco importa saber si los incendiarios eran de derecha o de izquierda, peronistas o troskistas, oficialistas u opositores, salvo que alguien crea que la identidad ideológica justifica la conducta de los incendiarios.

Pocas veces se ha visto que en tan poco tiempo un dirigente gremial reciba adhesiones tan intensas. Lo más curioso del caso es que los reclamos de Altamira, Moyano y Barrionuevo no dan respuestas a lo que debería ser la pregunta decisiva: ¿Es o no Sobrero el autor del incendio de los vagones?

Moyano victimiza al sindicalismo y declara que en la Argentina que vivimos los únicos que van presos son los gremialistas. Algo parecido dice Barrionuevo. Por su parte, Altamira acompañado de Solanas y otros dirigentes de izquierda se queja de la criminalización de la protesta gremial y le reprocha al gobierno perseguir a los sindicalistas. Por último, el gobierno también está sospechado de haber presionado a la justicia para que ajusten cuentas con un dirigente sindical de izquierda. En todos los casos, la víctima es la Justicia.

Lo curioso es que quienes reclaman por la libertad de Sobrero no dicen una palabra acerca de quién quemó los vagones del ferrocarril. Es como si ello no importara o no fuera el tema central. O como si una identidad política de izquierda o de derecha liberara de responsabilidad civil y penal.