Mesa de café
Se viene la crisis

Mesa de café
Se viene la crisis

Remo Erdosain
Con la primavera el café empezó a ser desplazado por el liso. Los días de calor la cerveza copa la parada, pero no bien se levanta el frío, regresan los espirituosos cafecitos. El tema excluyente de la charla es el de las elecciones, las elecciones del 23 de octubre se entiende. En realidad, el que más tienen ganas de hablar sobre eso es José. Los otros integrantes de la mesa da la sensación de que preferirísn que las elecciones del 23 ya sean un recuerdo borroso del pasado.
-Nosotros estamos festejando por adelantado -dice José, mientras levanta su vaso de cerveza- el domingo 23 de octubre ganamos con más del cincuenta por ciento de los votos.
Marcial lo mira, está por decirle algo, pero prefiere hacerle señas al mozo para que le sirva su habitual taza de té. El que toma la palabra es Abel:
-Van a ganar, pero la crisis que se viene los va a poner a prueba.
-A nosotros no hace falta ponernos a prueba -responde José- ya hemos demostrado que sabemos gobernar. Si alguna prueba hacía falta, lo que sucede ahora termina de confirmarlo.
-¿A que te referís? -pregunto.
- A que sabemos gobernar. En estos cuatro años hemos pasado por situaciones muy difíciles y salimos a flote y, en más de un caso, como Alan Ladd, sin despeinarnos el jopo; si los radicales hubieran atravesado por situaciones parecidas ya habrían renunciado dos o tres veces. En cambio los compañeros Kirchner demostraron tener garra y defendieron al poder con uñas y dientes. Así se hace política.
-Yo les reconozco los méritos -dice Marcial- pero lo que me pregunto es si estarán en condiciones de afrontar la crisis que se viene.
-¿Y vos estás seguro que se viene? -pregunta José.
-Todos los economistas aseguran que está llegando. Mirá lo que paso en estos días con la soja, con la moneda brasileña, con los índices inflacionarios que no logran controlar, con la crisis automotriz, con la expansión del gasto público que es cada vez mas alto -dice Marcial.
-Perdonen, pero no les creo. Ustedes vienen haciendo profecías de catástrofe desde hace diez años. Si le hubiéramos creído el país ya habría desaparecido. Te recuerdo que cuando subió Kirchner, el señor Claudio Escribano del diario “La Nación” le dio tres meses de vida política si no le hacía caso. Diez años después el que está muerto es Kirchner, pero el modelo continúa.
-Pero la que se viene es pesada -insiste Abel.
-Siempre dijeron que la que se venía era pesada; según ustedes ya deberíamos estar expulsados del planeta tierra, los bancos deberían estar todos cerrados, la luz ya se habría cortado y los sueldos se habrían dejado de pagar... sin embargo... ahí estamos, vivitos y coleando. Y nosotros cada vez con más votos y ustedes cada vez con menos votos.
-Ojalá les vaya bien -digo- porque si les va mal nos va a ir mal a todos. La caída de la economía es siempre una catástrofe que la pagamos los más pobres.
-O sea, que la señora no la va a pagar -dice Marcial- y no la va a pagar porque los millonarios como ella no pagan las crisis, en todo caso las provocan.
-Chicaneen todo lo que quieran -responde José- el pueblo está contento, se vive bien y nuestros conductores cada vez despiertan más confianza.
-Si todo anda tan bien -pregunta Marcial- ¿por qué todo el mundo compra dólares? Lo pregunto, porque en un país donde las cosas marchan viento en popa la moneda nacional también es apreciada.
-Todos compran dólares -dice Abel- empezando por la presidente y su amiguito Amado Boudou. Para la gilada los pesos nacionales, para los vivos, los dólares.
-La otra pregunta que se me ocurre hacer -insiste Marcial- es ¿por qué se fugan tantos capitales, por qué se va el ahorro nacional al extranjero?
-Porque son unos gorilas -responde José.
-Una muy buena respuesta técnica- ironiza Marcial.
-Es la burguesía cipaya que siempre apostó al extranjero -explica José.
-Se ve que son muchos los cipayos -reconoce Marcial- porque, por ejemplo, en los úlimos seis años se fueron al extranjero más de 74.000 millones de dólares y en los últimos meses, nueve mil millones. Por ese camino no va a quedar ni el loro en nuestra economía.
-Ustedes siempre dan cifras en contra, ¿Por qué no leen las cifras a favor y dan buenas noticias?
-¿Las del INDEC? -pregunto- ¿Las de Guillermo Moreno?
-Si fuera como ustedes dicen -reflexiona José- el pueblo estaría muerto de hambre y no se explicaría por qué nos votan a nosotros y no los votan a ustedes.
-Ese es otro tema -dice Abel- los errores de la oposicion política no justifican los errores del oficialismo.
-De todos modos -digo- lo que hoy más llama la atención es cómo todos los días aparecen nuevos kirchneristas.
-El libro de pases está abierto -sentencia Abel.
-Están los que se habían apartado un poco de la línea y ahora vuelven -dice José- pero también están los campeones de salto en garrocha, personajes que de la mañana a la noche descubrieron que el kirchnerismo es bueno.
-También están- dice Marcial- los que durante la 125 creyeron que Kirchner estaba liquidado y se pasaron a la oposición esperando recibir el premio, y ahora se dieron cuenta de que los muertos que habían matado gozan de muy buena salud.
-El peronismo es generoso -se ufana José- y siempre deja la puerta abierta para que los compañeros equivocados puedan regresar.
-Vamos a ver que pasa después del 23 de octubre -dice Marcial enigmáticamente.
-Lo que va a pasar es que Cristina va a ganar por goleada. Eso va pasar -responde Jósé, mientras le hace señas a Quito para que le sirva otro liso.
-Lo que yo pregunto es qué va pasar mientras tanto con la econonmia -insiste Marcial.
-Pueden pasar muchas cosas -responde José-, pero supongamos que pase lo peor, que la crisis internacional nos alcance, se caiga el precio de la soja, se agraven los problemas con Brasl... supongamos que pase todo eso...
-¿Que van a hacer? -pregunta Abel.
-Vamos a sacar el pecho y vamos arreglar las cosas como podamos o como nos dé el cuero; lo seguro es que no vamos a quedarnos paralizados de indignación republicana, mientras el país se hunde...y mucho menos treparnos a un helicóptero...
-No comparto -dice Abel.