Pequeña pero exigente
Pequeña pero exigente
Enrique José Milani
Nos referimos a la preposición “de”. Apenas dos letras, pero su presencia podríamos catalogarla de omnímoda, tanto que en el diccionario oficial consta de veintisiete ítemes o apartados para informarnos acerca de sus múltiples significados y usos: posesión o pertenencia; de dónde son, vienen o salen las cosas o personas; el asunto o materia, causa u origen; naturaleza, condición o cualidad; el tiempo en que se hace algo, etc.
Quiere estar presente y de hecho consigue su propósito aunque algunos se empeñan en ignorarla alegando que no quieren caer en el famoso “dequeísmo” Este vicio de dicción consiste en emplear “de que” cuando no corresponde: por ej. Dijo de que, pienso de que, temen de que; y precisamente por un prurito de ultracorrección, es decir, deseo excesivo de expresar bien algo, se omite incorrectamente dicho giro. Se lo desecha enfáticamente, cuando en realidad debe emplearse por exigencia de la articulación y del sentido. Y ocurre entonces que por huir de la sartén caemos en las brasas, es decir, en el “queísmo”, otro vicio de dicción que aparece cuando se suprime en forma indebida la preposición que debe preceder a que, como en Estoy seguro que éstas son las evidencias, por Estoy seguro de que éstas son las evidencias, o en Confío que todo saldrá bien por Confío en que todo saldrá bien. En próxima nota nos ocuparemos de él.
Analicemos algunas secuencias dequeístas. Leemos en el diario:”... la familia del pequeño tiene esperanza que la obra social...”. Error, porque siempre se tiene “esperanza de algo, de que ocurra tal o cual cosa, de que nos visiten, de que se apruebe el examen, etc. Entonces corresponde: ...tiene la esperanza de que... Otro ejemplo: “... pero me di cuenta que ser mujer...”. Equivocado. Uno se da cuenta de algo: Por lo tanto, de que es mujer, de que es amada, de que vale la pena luchar, de esto, de eso o de aquello, etc. No puede faltar la preposición “de”.
Un recurso válido para despejar cualquier duda consiste en remplazar lo que complementa al verbo, sustantivo o adjetivo por los pronombres esto, eso, aquello. Si los admiten sin la preposición, no debo emplearla en expresiones similares: Me ordenó esto. Entonces: Me ordenó que no fuera. Le aconsejó eso: Le aconsejó que lo recibiera bien. Te sugiero aquello: Te sugiero lo que más te conviene. En cambio, si dichos pronombres exigen la compañía de la preposición, ésta no debe omitirse: Tiene la manía de esto: Tiene la manía de que la sirvan. Acaricia la ilusión de eso o aquello: Acaricia la ilusión de que ahora o después triunfará. “Lo atormentaba la sospecha de que su visión del mundo obedeciera a un profundo devaneo...” (No dudamos en escribir “de que” porque lo atormentaba la sospecha de algo).
Transcribimos a continuación algunas expresiones que también aceptan la construcción “de que”: tener el gusto, contento, orgullo, encanto, agrado, placer, la dicha, felicidad, alegría, honra, comodidad, tranquilidad; me invade el deseo, afán, anhelo, propósito, ánimo, sueño; la ambición, necesidad, pretensión, intención, esperanza, ilusión, espera. Estoy deseoso, ávido, sediento, seguro, convencido, temeroso, satisfecho, contento, feliz, ufano, orgulloso, harto, cansado, etc. Necesito la garantía, fiabilidad, prueba, evidencia, certidumbre, tranquilidad, seguridad, certeza, esperanza, el crédito. Es urgente la aprobación, confirmación, aceptación, certificación, reafirmación, consolidación, corroboración, admisión, ratificación, garantía, demostración, y muchas voces más.
La lista sería interminable, pero basten los ejemplos apuntados para que desterremos el temor a cometer “dequeísmo” y así mejoraremos nuestro hablar y escribir.