De domingo a domingo

La polarización ideológica y la común corrida al dólar

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El divorcio entre pros y antis que se ha hecho evidente en temas políticos no ha conseguido por ahora superar el escollo de la víscera más apreciada por todos los argentinos: el bolsillo. Foto: Archivo El Litoral

Hugo E. Grimaldi

 

(DyN)

Por ser tan pública se hizo más evidente aún, pero la bochornosa disputa radial que se registró el último jueves entre los periodistas Magdalena Ruiz Guiñazú y Víctor Hugo Morales ha puesto descarnadamente en el escenario la característica central de estas horas previas a las elecciones presidenciales de 2011: la sociedad está políticamente dividida y se muestra los dientes, tal como nunca antes ocurrió desde la recuperación de la democracia.

En este clima de secesión que lamentablemente tiene su raíz en rigideces ideológicas de difícil conciliación, del cual las divergencias entre periodistas son sólo un lamentable ejemplo de la intolerancia ambiente, se llega a esta instancia crucial del año con la gran incógnita de saber cómo se va a dar en los hechos la casi segura continuidad del gobierno kirchnerista en relación con esa preocupación, algo que Cristina Fernández resumió en su discurso de cierre de campaña con un llamado a lograr un ‘punto de unión para superar las diferencias, sin perder la identidad’.

Sin embargo, con muchos actores de la política y de la economía que buscan subirse desesperadamente al carro del oficialismo, con otros que se van a quedar al margen por decisión gubernamental, como Hugo Moyano, pero que van a ser reemplazados por otros probablemente menos conflictivos y con militantes e ideólogos del ala más radicalizada que buscan ganar mayores espacios, las grandes preguntas a contestar aún tienen la respuesta abierta: a partir del lunes 24, el futuro de unidad ¿será para sumar a ‘todos’ o para que recrudezca el ‘ellos‘ y el ‘nosotros‘? ¿Será para unificar escuchando opiniones o para imponer? ¿Triunfará la hegemonía o la pluralidad? ¿Ganará la militancia o la independencia?

¿Hegemonía o pluralidad?

Fortalecida, como estará la presidenta, no hay por qué bajar la expectativa en cuanto a que ella no pueda avanzar en su idea de la pluralidad, ya que bien podría encauzar a los defensores del discurso único o a quienes en su entorno hacen un culto permanente del maniqueísmo. Tiene con qué, aunque se le hará bastante difícil desde un costado puramente conceptual, ya que parece que ser que el diálogo sin condicionamientos no está en la naturaleza del kirchnerismo.

De allí que, para Cristina, cumplir con esa promesa será todo un desafío. Lamentablemente, los antecedentes no juegan a su favor en función de otros acercamientos efectuados que luego nunca se concretaron a la hora de la construcción de consensos, como pasó después de las elecciones de 2009, con el gobierno nacional en extrema debilidad y con un llamado a la Casa Rosada que sólo Elisa Carrió no aceptó y que para el resto de la oposición y para quienes confiaron resultó ser un verdadero chasco.

También Mauricio Macri puede dar fe de lo difícil que es conversar de igual a igual con el gobierno nacional, tras los sondeos políticos que se le hicieron después de las últimas elecciones porteñas que se quedaron en aprontes. En otro orden y porque se confía en que se alcanzará un número de bancas considerable entre las propias y las de sus aliados, desde el propio kirchnerismo legislativo ya se promete que el Ejecutivo llevará a Sesiones Extraordinarias, para imponerlas, la prórroga de la Ley de Emergencia Económica, la extensión del Impuesto a los débitos y créditos bancarios, el pacto fiscal con las tabacaleras y sobre todo una modificación a la Carta Orgánica del Banco Central que permita el uso de las llamadas Reservas de Libre Disponibilidad por encima de los actuales parámetros que son un resabio de la Convertibilidad.

Obsesión sin diálogo

Tampoco descartan los más recalcitrantes kirchneristas que una mayoría bien amplia permita avanzar luego hacia una declaración de necesidad de Reforma de la Constitución, ya sea para cambiar el régimen presidencialista por otro parlamentario o directamente, como quiere el ideólogo Ernesto Laclau, por la reelección indefinida, tema bien controvertido si los hay.

En cuestiones de intolerancia mucho más graves, hace unos días Luis Vivona, el candidato a intendente del partido de Malvinas Argentinas que impulsa Alicia Kirchner y que enfrenta al actual jefe comunal, Jesús Carigilino, en uno de los distritos más conflictivos del Conurbano, promocionaba su candidatura con un ‘si me votan tendremos todo el apoyo del gobierno nacional’ y habló de dinero y de obras. En este caso, la obsesión por ganar y el no diálogo ha llevado a la extorsión directa a los votantes, en un contexto extremo donde la división de la sociedad se ha manifestado casi como en ningún otro lugar del país con acusaciones mutuas de agresiones, fierrazos, balas y sangre a raudales.

Otra historia de imposiciones ha ocurrido con el llamado ‘modelo’ económico, donde nadie puede meter baza ni siquiera para ayudar a recortar sus rigideces, por más que buena parte de los fundamentos que instauró Néstor Kirchner casi como un credo en sus primeros años, se hayan ido por la rejilla.

Lo poco que ha quedado del programa original se dice que es intocable y hasta los que piden un plan, son tildados de desestabilizadores. Mientras tanto, sin ningún tipo de coordinación, la economía local haya quedado a la intemperie, a merced de los vientos de la situación internacional. Hoy las condiciones no son apocalípticas, pero ciertamente hay mayor debilidad que en la recesión global de 2008.

La inflación recurrente

En esta oportunidad, la crisis sucede cuando la Argentina ya lleva casi cinco años de inflación recurrente, lo que ha ampliado la brecha con la paridad cambiaria, mientras dispone de menor cantidad de dólares provenientes del comercio exterior y muestra un déficit fiscal plagado de subsidios de todo tipo que, en la actualidad, sólo se mitiga con fuentes de financiamiento ajenas al Tesoro.

En tanto, desde el exterior, hay luces más que amarillas que se le encienden al país por los menores precios de las materias primas, especialmente por la soja y por la devaluación de la moneda brasileña, que habrá que ver a qué distancia por debajo de la barrera de los 2 reales por dólar se ubica en los próximos días, tras las elecciones argentinas. Igualmente, a muchos especialistas les parece que la presión externa ha mermado, pese a que se pronostican graves complicaciones económicas para el año próximo si no se toma el toro por las astas.

‘El comportamiento de los mercados, fundamentalmente el valor de las acciones, está asignando una alta posibilidad de recesión en Unión Europea, una moderada probabilidad de muy débil crecimiento en los EE.UU. y una significativa desaceleración en el mundo emergente’, sintetiza para ubicar el problema el Departamento de Investigaciones del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas (IAEF). En tanto, un Informe de la Escuela de Negocios de la Universidad Austral (IAE) que dirige el economista y sociólogo, Juan Llach se ocupa de los temas que podrían impactar en la Argentina: ‘Es posible que, salvo un derrumbe global, las materias primas hayan tocado un piso después de caer entre 15% y 20% por el desarme de las carteras de los fondos especulativos.

Esta columna ya había advertido hace algunas semanas que muchos de quienes votarán por la presidenta eran en buena parte responsables de la presión que se nota sobre el tipo de cambio que, en estos últimos tiempos, el Banco Central no ha querido convalidar con una devaluación mayor. Es más, usó el artilugio ortodoxo de la pulseada contra las tasas y poco obtuvo, mientras que la venta de dólares a futuro lo ayudó a pasar el trance, aunque en la City muchos dudan sobre el cumplimiento efectivo de las compensaciones del próximo fin de mes. Dicho de otra manera, el BCRA ha sacrificado el nivel de reservas y ha entregado a sabiendas dólares baratos, entre otros a muchos votantes kirchneristas, que probablemente son los que esperan que quienes armaron el desaguisado económico lo arreglen mejor que los opositores, aunque que, por las dudas, mantienen su dinero fuera del circuito. En este punto, hay que consignar que el divorcio entre pros y antis que se ha hecho evidente en temas políticos no ha conseguido por ahora superar el escollo de la víscera más apreciada por todos los argentinos: el bolsillo. Toda una definición de las ambigüedades que predominan en la sociedad.


A partir del lunes 24, el futuro de unidad ¿será para sumar a ‘todos’ o para que recrudezca el ‘ellos’ y el ‘nosotros’? ¿Será para unificar escuchando opiniones o para imponer?