Al margen de la crónica
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El genio malagueño
Con siete años pintó su primer cuadro, “El pequeño picador”, y desde entonces Picasso, que el próximo martes cumpliría 130 años, no abandonó los pinceles, convirtiéndose en uno de los genios fundamentales del siglo XX.
Maestro de la Modernidad, revolucionó y marcó un nuevo rumbo de la historia artística cuando pintó en 1907 “Las Señoritas de Avignon”, hito y un punto de referencia para el desarrollo de las vanguardias artísticas posteriores. Por primera vez se planteaban nuevas concepciones formales revolucionarias que dieron paso al cubismo, movimiento que creó junto a George Braque.
Nacido en Málaga en 1881, la familia se trasladó a La Coruña y de allí a Barcelona, donde se formó en un estilo académico, aunque pronto contactó con grupos modernistas que le hicieron cambiar su forma de expresión.
Tras su paso por Madrid y como la mayoría de los artistas del momento, Picasso tenía su mirada puesta en París, donde se trasladó en 1900, instalándose en el taller del pintor español Isidro Nonell.
A caballo entre Barcelona y París, en 1904 se instaló definitivamente en la capital francesa, en uno de los talleres de “Bateau Lavoir”. Este es el punto de partida de su “época azul“ (1901-1904), caracterizada por le predominio de la factura clásica y el azul, junto a la representación de personajes escuálidos con expresión trágica. En su siguiente etapa, 1905-1906, la “época rosa”, se muestra un Picasso menos trágico que representa escenas de circos, comediantes, etc.
En 1906 conoció a Matisse y un año más tarde terminó “Las señoritas de Aviñon”. A partir de entonces trabajó sobre dos principios contrapuestos de representación, uno figurativo y otro disociativo de la forma. Un año después conoció a Braque con el que inició el llamado “cubismo analítico”, hasta que en 1913 pasa a un “cubismo sintético”.
Abierto a todos los movimientos, en 1925 se alió con los surrealistas de André Bretón, donde combinó lo monstruoso y lo sublime en la composición de figuras medio máquinas, medio monstruos, de aspecto terrorífico. Esta etapa terminó en 1932.
En 1937 el gobierno de la República le encargó un cuadro mural para representar a España en el Pabellón de Exposición Universal de París. El bombardeo de Guernica provocó la realización de la obra más famosa del arte contemporáneo y en ella se critica la guerra y la sinrazón que conlleva un enfrentamiento armado.
La obra regresó en 1981 a España, procedente del Museo de Arte Moderno de Nueva York, donde se encontraba confiada temporalmente por el propio artista.
Con ello, se cumplía la voluntad de Picasso de que el monumental lienzo terminara en su país una vez que éste recuperara las libertades democráticas.