editorial

La lluvia superó todas las previsiones

La desesperación se apodera de cualquier persona que observe impotente cómo el nivel del agua sube de manera incontenible en su barrio o el interior de su vivienda. No importa que el hecho se produzca por el desborde de un río, por alguna lluvia extraordinaria o por un simple caño roto. Se trata, simplemente, de una reacción humana ante la imposibilidad de defender lo que se tiene y se quiere.

Esta mañana, las voces de protesta e indignación se multiplicaron en cada uno de los barrios anegados por la lluvia que cayó durante la noche y alcanzó entre 120 y 240 milímetros en distintos puntos de nuestra ciudad. En zonas como el Jardín Botánico, la medición registra la caída de 240 mm. en 10 horas; en el Hospital de Niños fueron 125 mm, en el centro de la ciudad 150 mm, en Alto Verde 145 mm y en la costa norte unos 170 mm.

El hidrometeoro obligó a la Municipalidad a habilitar dos centros de evacuados, donde a media mañana permanecían alojadas cuarenta familias que aguardaban el momento propicio para regresar a sus hogares.

El fenómeno demostró que ante la naturaleza no hay “blindaje” posible por más que se tomen razonables previsiones. También es probable que puedan haberse cometido errores -principalmente en mantenimiento-, aunque es extremadamente difícil lidiar con una ciudad en la que los hábitos de limpieza y urbanidad se han degradado y la basura lo cubre todo, esa misma basura que en caso de un “diluvio” como el de ayer obtura los desagues y magnifica los daños.

Pero en rigor, ninguna urbe está preparada para soportar sin consecuencias esta clase de temporal. Mucho menos, cuando se trata de una ciudad rodeada por ríos y que requiere de un sistema de artificial para desagotar el agua acumulada.

Esta mañana, veinte cuadrillas de trabajadores municipales realizaban tareas de limpieza de bocas de tormenta y desagües, retiraban ramas y árboles caídos. Además, las empresas Cliba y Urbafe dispusieron refuerzos para limpieza y desobstrucción de bocas de tormenta en las zonas noreste y centro-norte de la ciudad.

Al cierre de esta edición, algunos de los barrios más bajos continuaban inundados, a pesar de que las bombas extractoras funcionaban con normalidad. Cabe recordar que en 2007 la ciudad también padeció un fenómeno pluvial extraordinario, pero en aquella oportunidad, la casabomba Nº 2 salió de servicio y los barrios del cordón oeste debieron soportar la presencia del agua durante varios días.

Entonces, el recuerdo de 2003 se hizo dolorosamente presente y se conformó una comisión investigadora de lo ocurrido -integrada por concejales de la oposición- que determinó que existían graves problemas en el funcionamiento del sistema general de extracción de agua varios días antes a las intensas precipitaciones: las casabombas 1 y 3 funcionaban al 65 % de sus capacidades y la estación Nº 4 lo hacía en un 80 %.

Hoy, pese a los anegamientos, el sistema funcionó mejor y es necesario señalarlo aunque a los afectados no les sirva de consuelo.