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“Cómo vivimos, por qué morimos”
La célula es la quintaesencia, la piedra filosofal de la vida. El biólogo Lewis Wolpert se dedica en Cómo vivimos, por qué morimos, que acaba de editar Tusquets, a estudiar ese elemento fundamental de la vida. “Cada uno de nosotros consiste en esencia en una sociedad de miles de millones de células que lo rigen todo, desde el movimiento hasta la memoria y la imaginación. Todos salimos de una sola célula, el óvulo fecundado. De hecho, toda la vida surgió de una sola célula hace miles de millones de años”.
Wolpert estudia la anatomía de la célula, cómo las proteínas determinan su funcionamiento, cómo funcionan los genes, como se autorreplican y renuevan las células, cómo crecemos y por qué envejecemos, cómo ataca el cáncer, cómo se defienden las células, cómo se producen las enfermedades. En el desarrollo de estos temas hay lugar para cuestiones que hoy son motivo común de debate, como la investigación con células madre, las implicaciones de la clonación o las ventajas y desventajas de la manipulación genética.
En el principio está la célula, pero ¿de dónde salió ella? Estudios realizados en rocas han revelado signos de vida que se remonta a entre tres y cuatro mil millones de años- Las células han evolucionado siguiendo la evolución darwiniana, y ello requirió indudablemente mucho tiempo. En la actualidad hay más de 10 millones de tipos distintos de organismos vivos en el planeta, todos ellos formados por células. Todos ellos han evolucionado por selección natural; es decir, se reproducen y aparecen variantes ocasionales que resultan tener más éxito y, por tanto, sobreviven mejor, mientras que otras se extinguen”.
Dos, pues, son los grandes misterios a develar. Por un lado, cómo fue el origen de la primera célula y cómo fue su evolución, siempre en el marco de las teorías darwinianas. Cómo, en suma, unos cuantos tipos de moléculas se convirtieron en participantes claves del inicio de esa evolución que ha llegado hasta el mundo habitado que conocemos. Y esto más allá (o más acá) de la posible fe religiosa que indique que Dios es el origen de todo lo creado.
Por otro lado “aunque el origen de nuestras células siga siendo incierto, podemos estar seguros de que todo lo que hacemos, pensamos o sentimos está determinado por ellas. Deberíamos intentar conocerlas, y protegerlas. Debemos recordar siempre que por muy ingeniosas que las consideremos, las células son más ingeniosas aún, y que todavía nos aguardan muchas más sorpresas. Una vez conscientes de que somos el resultado de la evolución de una sociedad de células, debemos respetar y cuidar nuestras células, así como ellas cuidan de nosotros”.