50 años del Coro Polifónico de Santa Fe

La persistencia de la memoria y la falacia del olvido

La creación del orfeón fue un acontecimiento político, institucional y cultural relevante.

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El primer concierto del Coro Polifónico Provincial. Fotos: Gentileza producción

Francisco Maragno

El Coro Polifónico Provincial de Santa Fe ha cumplido recientemente 50 años de vida artística, si contamos desde el primer ensayo del grupo reunido el 21 de septiembre de 1961. Este hecho puede ser interpretado de diversas maneras pero, en lo personal, referente directo de su organización y dirección durante 34 años, pienso y siento que debo destacar, en primer término, que fue un acontecimiento político, institucional y cultural relevante. Desde luego no fue la única de las realizaciones cumplidas durante las dos gobernaciones, lamentablemente inconclusas, del Dr. Carlos Silvestre Begnis, pero debemos señalar también que, a pesar de las dificultades sobrevenidas con posterioridad, el coro provincial concretó una intensa y exitosa trayectoria artística y cultural que lo proyectó a los más altos niveles de la consideración pública y de los especialistas, como consta en innumerables testimonios. Pudo alcanzar un desempeño técnico e interpretativo que significó una auténtica contribución a la cultura.

Cuando ya llevamos cargados unos cuantos años, no podemos permitirnos ser desprevenidos o ingenuos. Si se ha vivido con cierta coherencia, lo bueno aprendido no puede ser abandonado. Es imposible dejar de lado si la pasión es legítima y las convicciones están bien arraigadas -lo que nos ha permitido darle a la vida el mejor sentido-. Personalmente creo que sin el vasto universo de la cultura y el arte, la vida sería un “non sense” total -estoy recordando a Niesztche- y esta certeza me impulsa a llegar a quien quiera escuchar y entender.

Hay que admitir que muchas personas no están interesadas en las manifestaciones culturales y artísticas. Aceptan lo que consideran una actividad socialmente atractiva, pero no son capaces de percibir las luces y las sombras, el “ludus” dramático de la multifacética creación artística. Esta reflexión es la que me hace dudar cuando debo escribir sobre temas que me interesan, sabiendo que la información y los conceptos que pueda proporcionar pueden resultar ajenos a la preocupación de muchos lectores.

No obstante, no me parece admisible ni saludable que actitudes discrecionales e irresponsables pretendan desvirtuar la verdad histórica y sorprender a los lectores desprevenidos. Nos queda la alternativa de recurrir a la actualización de la memoria que nos sirve, además, para informar a aquellas personas interesadas en conocer hechos referidos al Coro Polifónico Provincial que ya son historia y que ignoran, incluso, por razones generacionales.

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Maestro Francisco Maragno.

Las bases sólidas

Esta breve reseña tiene un marco histórico. Fueron los años 60: gloriosos por las implicancias culturales; lamentables por la inestabilidad institucional que caracterizó a toda la década como anticipo de lo que vendría después. De todos modos rescatamos las manifestaciones importantes que la memoria moviliza y que trataremos de actualizar en este relato, estableciendo las correspondencias indispensables.

En realidad, ya han pasado algo más de 50 años del preciso momento en el que el Prof. Tomás Vasconi, entonces director general de Cultura de la provincia durante la primera gobernación del Dr. Carlos Sylvestre Begnis, me propuso organizar un coro que podría llegar a ser el Coro Polifónico Provincial. “Podemos intentarlo”, le contesté sin dejarme dominar por la sorpresa y, a partir de ese momento, se puso en movimiento la maquinaria administrativa que hizo posible la convocatoria; las pruebas de selección y la integración de un grupo de 60 coristas sobre un total de 250 inscriptos que fue reunido, para su primer ensayo, el 21 de septiembre de 1961. En marzo de 1962 se presentó a las cámaras legislativas el proyecto de presupuesto de la provincia en el que constaba la creación del Coro Polifónico de Santa Fe.

Este hecho da lugar a varias lecturas que me parece importante referir. El gobierno provincial programó un amplio plan de realizaciones que se concretó con el saneamiento de la economía y con la realización de importantes obras públicas de las que haremos una sola mención: la construcción del túnel subfluvial Santa Fe-Paraná que hoy lleva el nombre del Dr. Carlos Sylvestre Begnis juntamente con el del Dr. Raúl Uranga, entonces gobernador de Entre Ríos.

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Encuentro en Mendoza de los coros galardonados en Arezzo.

Sin comparación

Pero la impronta del Dr. Sylvestre Begnis -a quien no conocí personalmente durante la gestión desu primer gobierno- marcó fuertemente el área de la cultura de la que era un apasionado y lo llevó a concretar muchos proyectos importantes como la creación de la Escuela Provincial de Teatro, la Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario, el Conjunto Provincial de Folclore, la consolidación de la Orquesta de Niños con la instalación de la Escuela de Música para Instrumentistas; la realización de los importantes Festivales de Arte de Santa Fe, etc. No recuerdo que en nuestra provincia hubiera habido administraciones comparables por la calidad, cantidad de proyectos y realizaciones. Debemos destacar, también, la coherencia de su equipo de gobierno del que tuve constancias directas. Verdaderamente, en los dos períodos de gobierno del Dr. Sylvestre Begnis, me llamó la atención el funcionamiento de un equipo bien integrado. Cuando con Tomás Vasconi nos entrevistamos con el ministro de Educación y Cultura, Dr. Félix Pagani, nos espetó: “¿Qué, otra cosa más?”, pero luego reflexionó y prestó su conformidad. “Bueno”, agregó: “Es mejor hacer que no hacer”.

No podemos dejar de recordar aquí algunos nombres que tuvieron una muy destacada actuación en la preparación y realización de las políticas culturales: el ministro Ramón Alcalde; el ya mencionado Tomás Vasconi; su predecesor Francisco Urondo que juntamente con el poeta Rodolfo Alonso organizaron un plan cultural provincial que se ejecutó e hizo época; su sucesor, el Prof. Bernardino Turri; José María Paolantonio, que tuvo un destacado protagonismo y muchos otros más.

También nos centraremos en el hecho de que la creación de instituciones culturales tiene que tener una autonomía dinámica y una actividad permanente para enriquecer el ámbito de la cultura y el arte. Es importante dejar constancia de que esta política no tuvo continuidad porque a la cultura, como entonces se la entendía, se la ha ido relegando y la palabra ha sido vaciada del contenido original que involucraba, prioritariamente, a los intelectuales, escritores y poetas y a los creadores de todas las áreas del arte. Los pretextos han sido siempre económicos cuando, en realidad, los motivos hay que centrarlos en la falta de políticas y programas adecuados y estimulantes.

Partir de la nada

En lo que respecta a la organización del Coro Polifónico Provincial, como lo hemos dicho en otras oportunidades, partimos prácticamente de cero. No se trataba de reunir a un grupo de cantantes con cierta formación técnica y experiencia, sino que había que partir de la nada, porque la mayoría contaba sólo con condiciones vocales y musicales básicas: oído musical, registro, timbre y alguna noción o ninguna sobre técnica musical y/o de canto. Puede medirse bien la distancia que hubo que recorrer, ya que el propósito era organizar un coro con el nivel técnico suficiente e indispensable para abordar el amplísimo y complejo repertorio de la música coral a capella, coral instrumental y sinfónico coral de todos los tiempos históricos, inclusive de la música contemporánea que planteaba técnicas y estéticas deliberadamente exigentes y renovadoras.

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Concurso Internacional de Coros en Arezzo, Italia.

Con mucho trabajo y esfuerzo fuimos logrando hacer música, no cualquiera, sino aquellas creaciones plasmadas en un dispositivo sonoro de complejas vivencias, de contenidos esenciales que no se desvanecen y aseguran la permanencia de la obra, el valor sin tiempo de la música.

La memoria frágil

Esta idea radical alimentó, desde el principio, y por lo menos hasta que yo estuve al frente, toda la actividad del coro y de ello pueden dar cuenta integrantes y oyentes que pudieron percibir la sangre, el sudor y las lágrimas que pusimos todos los que amasamos y consolidamos al coro en distintas etapas. Se cometieron, tal vez, muchos errores, pero también muchos aciertos que se expresaron en diversos ámbitos importantes. La memoria de la posteridad es frágil y nada confiable, ya que de otro modo no se explicarían los repetidos errores, con frecuencia trágicos, que se cometen y en los que sería deseable no reincidir como sociedad y como país. No obstante, me parece que no tiene sentido pormenorizar en esta nota la experiencia vivida porque demandaría muchísimo espacio. En cambio, vale la pena señalar a los colaboradores fuera de serie como la Prof. Zoraida Clément a quien el coro le debió su particular sonido y la formación de solistas; al Prof. de repertorio y audioperceptiva, Fernando Castells; y a las pianistas Manina Nogueras, Graciela Bianchi, Graciela Roca y a la pianista preparadora Elisa Meyer de Zurbriggen. Ellos nos acompañaron en el empeño artístico; así como otros que, con su desaprensión o malevolencia, trataron de poner piedras en una rueda que obstinadamente nunca se detuvo.

Indiscutida proyección

Creo que también habría que mencionar los premios; menciones; críticas; constancias de maestros y personalidades; y la participación del coro en importantes festivales nacionales e internacionales; los conciertos realizados en casi todas las provincias argentinas y fuera del país: Italia, República Oriental del Uruguay, Paraguay y Brasil y dejar constancia de la organización de un repertorio numeroso y de amplio espectro que le permitió a nuestra ciudad capital y a las principales ciudades de la provincia como Rosario, Rafaela, Reconquista, San Cristóbal, San Justo y otras, entrar en el conocimiento y apreciación de obras fundamentales de la polifonía coral y sinfónico-coral que se escucharon en estreno absoluto o por primera vez en esos ámbitos. Se debe señalar, por otra parte, que fui el absoluto responsable de la selección de ese repertorio, compartiendo el interés, las propuestas y sugerencias de algunos directores de orquesta, trabajando las obras de manera conjunta.

La persistencia de la memoria y la falacia del olvido

Concurso en San Lorenzo in Damaso, Italia, en el Palazzo della Cancilleria.

Los merecidos laureles

No podemos dejar de recordar también los conciertos sinfónico-corales bajo la dirección de reconocidos maestros como Olgerts Bistevins, Washington Castro, Eric Simon, José Antonio Gallo, Juan Carlos Zorzi, Jorge Fontenla, Mario Benzecry, Simón Blech, Virtú Maragno, Clydwyn Jones, Jorge Rotter, Guillermo Bonet Müller, Pedro Ignacio Calderón y otros entre los que me incluyo.

Debo agregar que nunca admití que me condicionara una opinión que yo estimara irrelevante. Pongo como ejemplo la preparación del “Stabat Mater” de Christoph Penderecki que algunos me pidieron no incorporar al repertorio porque no entendían su importancia como obra: con notables valores técnicos, estéticos y expresivos, representativos de la creación musical de mediados del sigo XX. La presentamos en el importante festival coral organizado para conmemorar el 10º aniversario del Coro Polifónico resultando un éxito total.

Intentamos que todo lo que hiciera el Coro fuera legítimo y respondiera a su espíritu fundacional: difundir las grandes creaciones musicales y expresiones calificadas con el fin de llegar a todos los niveles de audiencia y aplicando una estrategia inclusiva para los sectores más desprotegidos y con menos posibilidades. Puede que ésta resulte una declaración ingenua y un tanto atemporal; pero no dudo en afirmar que fue la condición “sine qua non” para lograr los laureles que supimos conseguir.