editorial
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Grecia pone en riesgo la Eurozona
Se asegura que los primeros sorprendidos por la propuesta del referéndum en Grecia, fueron los políticos de Francia y Alemania y, por supuesto, los representantes de los organismos internacionales de crédito. En efecto, como es de público conocimiento, el primer ministro griego, Giorgios Papandreu, promovió una suerte de consulta popular para que la ciudadanía decida si está o no de acuerdo con las exigencias que proponen los organismos de crédito internacional, exigencias que incluyen severos ajustes económicos y sociales a cambio de un préstamo de millones de euros.
Desde la perspectiva de Sarkozy y Merkel, resulta inaceptable que Papandreu deje librado a la voluntad del electorado un tema tan delicado y que compromete tantos intereses internos y externos. Finalmente el mandatario griego paró el referéndum. Así y todo, la decisión del mandatario griego tiene su lógica. Su gobierno no es una dictadura y, por lo tanto, resulta arriesgado desde todo punto de vista aprobar una decisión que significa dejar a miles de empleados públicos en la calle sin contar con el aval mayoritario de la sociedad.
Curiosamente, es la oposición conservadora, considerada por más de un observador como la verdadera responsable de la crisis, la que ahora se opone a esta iniciativa planteando lisa y llanamente su rechazo al ajuste. No deja de llamar la atención el comportamiento oportunista -por calificarlo con palabras suaves- de políticos que deberían estar preocupados por cerrar filas alrededor del gobierno y para asumir las responsabilidades y consecuencias de lo que ellos han promovido.
De todos modos, aunque la clase dirigente griega logre convencer al pueblo de que lo más conveniente para todos es aceptar las condiciones impuestas por los bancos de Alemania, Francia y el FMI, es muy dudoso que el sacrificio emprendido signifique el punto de partida del crecimiento económico y la recuperación del empleo y los salarios.
Tal como se presentan los hechos, el horizonte de los países periféricos de la Eurozona es oscuro. La lógica de los organismos de crédito no se compatibiliza con la de una Nación integrada por millones de personas a las que les cuesta creer que el interés de los banqueros es superior al de ellos mismos. Una vez más, la lógica de las finanzas internacionales entran en contradicción con la lógica de la democracia. Mientras que para los economistas es una verdad de Perogrullo el ajuste, para los trabajadores y las clases medias de Grecia estas exigencias son injustas e inmorales.
Habrá que ver por lo tanto cómo evolucionan los acontecimientos, pero atendiendo al rigor de los hechos no se descarta la posibilidad de que Grecia se retire de la Eurozona, una decisión que no los excluirá de los rigores del ajuste, pero que por lo menos, sincerará las relaciones. Al respecto, se advierte que el ejemplo de Grecia -en caso de concretarse- podría ser imitado por España, Italia, Irlanda y Portugal, un escenario posible que pondría punto final a la Eurozona, una posibilidad que para más de un observador no sólo es posible sino que, además, es deseable.