Tribuna política

Carlos Reutemann: ¿querrá ser?

Enrique A Escobar Cello

Ninguno de los observadores de nuestra política nacional de los últimos treinta años ignora que Carlos Alberto Reutemann ingresa al ruedo por invitación del entonces presidente Menem, para ser candidato a gobernador de Santa Fe.

Según cuentan, Reutemann dudó, y mucho, en aceptar semejante invitación. Pero Menem terminó convenciéndolo con el argumento de que, si él recorría la provincia, tendría resultados y acabaría siendo el principal inquilino de la Casa Gris.

Finalmente, y aceptado el convite, Reutemann se tomó en serio el consejo de Menem y “caminó”, centímetro a centímetro, toda la provincia. El resultado fue el que le anunciara el riojano, veterano conocedor de nuestra política.

Así fue que, de buenas a primeras, Reutemann se encontró con la gobernación de Santa Fe sobre sus espaldas. Sin la menor experiencia política y con rudimentarios conocimientos del juego de las instituciones republicanas, el ex piloto asumió la máxima responsabilidad provincial.

Quién escribe se contaba entre esos escépticos que poco y nada creían en sus posibilidades. “Lole” será un Pinocho en manos de su Yepeto y nuestra provincia será una extensión del gobierno nacional, pensaba.

Al poco tiempo nomás, nos encontramos con la grata sorpresa de un gobernador que supo manejarse y que, con una fiera determinación de santafesino, le puso límites al gobierno nacional y administró seria, eficaz y honestamente la provincia, hasta convertirse en un referente político ineludible en la provincia y, a poco nomás, en el orden nacional.

Así, con sus maneras muy personales, sus respuestas escuetas, sus retiros a la soledad de su estancia y su nunca discutida honradez en el manejo de la cosa pública, Carlos Alberto Reutemann se ganó un indiscutido prestigio nacional que reunió (y reúne) a peronistas y no peronistas.

Ha desechado por dos veces ser candidato a presidente de la Nación.

En la primera tenía prácticamente asegurado el triunfo, pero él mismo dijo que había visto cosas que no le gustaron y contestó que no. La segunda oportunidad de pelear la presidencia fue en estas últimas elecciones. No arriesgaría a afirmar que las ganaba, pero sí que llegaba a la segunda vuelta, y entonces, La Rosada era la próxima parada.

También dijo no y, los no de Reutemann no son las negativas típicas de nuestros políticos actuales. Cuando él dice no, es porque ¡será no!

Y ahí está la clave del consenso favorable que tiene entre la gente, en que es un hombre creíble, sin vueltas.

Ahora, alguno de sus más cercanos seguidores, comienzan el camino del acercamiento al tibio sol del oficialismo, y ofrecen sus servicios a los triunfadores.

Tal vez ha de ser un trago amargo de tomar para Reutemann. Tal vez no.

Pero, la actitud de estos políticos ¿es traición, es deserción, o es un reacomodamiento natural de la política y de los políticos? Política se llama el juego y “arte de lo conveniente” en una de sus definiciones más acabadas.

El último gran presidente que tuvo la Argentina (Arturo Frondizi), luego de ser derrocado y estando aún confinado en Bariloche, les dijo a sus correligionarios que él no volvería a ser candidato a la presidencia, que el partido debía renovarse y elegir otro candidato. Casi inmediatamente después, se desató una lucha interna que fue el comienzo del fin del único partido con tradición histórica y vocación desarrollista que tuvo nuestro país. Ahí nomás se presentó Oscar Alende con una candidatura a presidente, por un lado, y Carlos Sylvestre Begnis a vicepresidente de Vicente Solano Lima, por otro. Resultado: La consagración del doctor Arturo Íllia con el 23 % de los votos y una debilidad política que fatalmente nos llevó a otro golpe de Estado.

Transcurridos muchos años de lo relatado, conversando con Frondizi le pregunté, en una charla en que las confidencias se descontaban, por qué se desintegraron de esa manera la UCRI, primero, y el MID, después, alcanzados por un imparable efecto dominó. “Creo que me apresuré a decir que no pensaba volver a ser candidato, y cuando les hablé no me quisieron escuchar. Nadie sigue en política a un jefe que no quiere ser”. Me siento liberado de aquel deber de confidencia. Han pasado muchos años y todos (o el grueso) de aquellos actores han desaparecido, entonces lo relato con la esperanza de que aquella reflexión del estadista pueda servir de algo.

Evidentemente, a Carlos Reutemann no le interesa llegar a la presidencia. No quiere ser. Presumo que no quiere pasar por el despiadado sendero de la batalla electoral.

Sin embargo, Reutemann debiera pensar que ese desinterés personal por el poder (que en gran forma lo honra, sobre todo hoy, con los “ejemplos” que tenemos), no pasa sólo por él, sino que pasa por los valores de la República verdadera y la democracia real que debe ser alcanzada.

Me atrevería a sostener que Reutemann tiene una deuda de honor que saldar. El pueblo de la provincia lo honró cinco veces con su confianza, dos para ungirlo gobernador y lo puso en tres ocasiones en una banca del Senado nacional, que aún ocupa. Es probablemente uno de los santafesinos más considerados por el pueblo de la provincia; actualmente y desde hace un tiempo, una ingente cantidad de argentinos de todas las extracciones políticas y sociales quiere lo que parece que él mismo no quiere: que sea.

La República y las libertades en orden de una democracia real no se preservan desde el poder casi absoluto; se lo hace desde una sólida, seria, honrada, leal y sacrificada oposición que Reutemann está en condiciones únicas de liderar, si así lo resolviera. No sé adónde irán los dirigentes acomodaticios, pero la gente, la gente va a ir con él, porque le cree.

Reutemann solamente debe demostrar que quiere ser el dirigente opositor, e irá cosechando más adhesiones de las que nunca ha pensado. Sin condicionamientos espurios, sin negociar los fines de una Argentina desarrollada y libre, pero con la honestidad intelectual de reconocer que, a veces, hay más de un camino para llegar al mismo sitio.

Con lo escrito no estoy llamando al hombre providencial (los hombres providenciales de nuestra sufrida Argentina son los que más daños nos han hecho) a sentarse en el sillón de Rivadavia. Al contrario, lo estoy invitando a ponerse al frente de un gran movimiento nacional que sea el contrapeso natural que toda democracia necesita para que mejore nuestro destino republicano, representativo y federal.

Es una invitación al mayor sacrificio, el sacrificio del llano, al descubierto de cualquier emboscada, de calumnias y de injurias. Un sacrificio por la patria, pero uno de verdad.

Hasta ahora, la carrera política del senador Reutemann ha sido relativamente cómoda. Comenzó como gobernador de la segunda provincia argentina. Pero, como escribí hace muchos años: “lo único que se hace desde arriba es una zanja”. Mañana, si se resuelve a dar esta pelea desde abajo, el pueblo de la nación, sus hijos y sus nietos, le reconocerán el valor de su sacrificio.

No estoy llamando al hombre providencial...lo estoy invitando a ponerse al frente de un gran movimiento nacional que sea el contrapeso natural que toda democracia necesita.