Tribuna de opinión
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Siete mil millones, desarrollo y paradoja

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Conrado M. Assenza (*)
Hace pocos días los habitantes de la tierra alcanzaron los siete mil millones. Dánica, una beba de Manila, Filipinas, fue identificada de modo simbólico como el habitante número 7 mil millones del mundo.
La estética de la cifra facilita su comunicación elegante y sirve de introducción a una serie de debates que si bien no son nuevos se mantienen actuales.
Estos debates se extienden en relación a distintos ejes problemáticos, a saber: Crecimiento poblacional /agotamiento de los recursos; crecimiento/envejecimiento de la población/sustentabilidad de los regímenes jubilatorios; descenso demográfico/procesos inmigratorios; urbanización/aglomeración -carencias habitacionales y sanitarias.
El eje problemático que vincula el crecimiento de la población al agotamiento de los recursos, adquiere en particular, connotaciones centrales en el actual debate sobre la seguridad alimentaria.
Esta última, de abordaje complejo, comprende en su universo, cuestiones como la volatilidad de los precios de los commodities, el aumento del consumo y la contaminación ambiental, en el trasfondo de un mundo hambriento.
El debate teórico
El estudio del tema requiere partir de una premisa esencial. Como resulta del análisis vinculado, el crecimiento de la población no es un problema en sí mismo. Por el contrario, puede resultar una ventaja de acuerdo al caso.
En rigor, su apreciación problemática solo puede darse en relación geométrica a un recurso o factor determinado. En este sentido, solo habrá superpoblación, siempre y cuando se analice ésta en una variable que exprese la escasez de un recurso en relación a una cantidad determinada de personas.
El debate clásico sobre la materia fue impulsado por Thomas Malthus que enmarco la cuestión poblacional en una relación inversa entre el crecimiento demográfico y las existencias de zonas cultivables.
En su “Ensayo sobre el principio de la población” (1803) sostuvo que el crecimiento demográfico sobre una oferta invariable de tierra y otros recursos, resultaría indefectiblemente en hambre.
Este planteo originario, se renovó en el siglo XX en relación a la problemática de la escasez de recursos por el aumento del consumo y los problemas ambientales.
En términos generales, el discurso intelectual ha seguido dos líneas de pensamiento: por un lado, la de quienes consideran que el crecimiento económico y demográfico constante, determinará indefectiblemente el agotamiento de los recursos naturales, el hambre y el deterioro del medio ambiente. Por el otro, la de quienes sostienen que el crecimiento económico y el desarrollo de la tecnología contribuirán, en cambio, a un manejo sustentable de los recursos naturales y al encuentro de nuevas respuestas a los problemas de degradación del medio ambiente.
En realidad, incluso adoptando el enfoque optimista respecto a las posibilidades del desarrollo económico en relación a la sustentabilidad de los recursos naturales, lo cierto es que no deben desconocerse los problemas de los efectos secundarios o “externalidades” que pueden hacer al agotamiento de los recursos y el deterioro del medio ambiente.
Esta circunstancia exige por tanto, una actitud conciente de los gobiernos para corregir las fallas del mercado, ya que por si sólo “el mercado puede ser instrumento de eficacia económica, pero no de eficacia social” (Prebisch, 1981).
Volatilidad de precios
La volatilidad de los precios de los commodities entra en escena, ante la posibilidad de que el aumento de los precios produzca una nueva crisis alimentaria.
La complejidad del fenómeno divide a los economistas en la precisión de sus causas.
Por un lado, están quienes señalan a los factores vinculados a los fundamentals (ley de la oferta y la demanda, los aspectos climáticos, el área sembrada, stock de mercancías, etc.), como determinantes de la volatilidad. Poniendo particular énfasis en el aumento de la demanda proveniente de China, India y otros países en desarrollo (Irwin y Sanders, 2010).
Y quienes por otro lado, explican la volatilidad en los precios con origen en la vinculación de estos productos con nuevos instrumentos financieros, donde los commodities aparecen como inversiones alternativas a los activos financieros tradicionales, hoy en crisis. Serían estos capitales, en su actuar especulativo, quienes determinarían la variación brusca de los precios en relación a su tendencia.
La volatilidad se ha convertido en uno de los ejes principales de debate en la reunión del G20, del pasado 3 y 4 de noviembre en Cannes, Francia.
En este foro internacional se enfrentan básicamente dos posiciones sobre la forma de abordar el problema: la de los países desarrollados europeos, importadores de materias primas, que pretenden regular el mercado de commodities estableciendo precios máximos para su comercialización; y la posición del Brics y los países en desarrollo, exportadores de materias primas como la Argentina, que ponen el énfasis en el aumento de la oferta para la disminución de los precios.
Consumo y medio ambiente
Finalmente, en el universo de la cuestión alimentaria, otro de los grandes interrogantes es cómo alimentar a la población mundial, incorporando masas hambrientas al desarrollo, intentando al mismo tiempo mantener en equilibrio al planeta.
En este sentido, el crecimiento de la población, el hambre y la pobreza, el consumo y las modalidades de producción, y el medio ambiente, se interrelacionan estrechamente al punto de que ninguno de esos factores puede ser considerado aisladamente.
Se ha ido superando con el tiempo la visión sesgada que simplificaba los problemas del hambre y el desarrollo al logro de objetivos demográficos mediante el control natalidad.
Fórmula desacertada para luchar contra la pobreza y el hambre, que pareciera más tendiente a silenciar el problema que solucionarlo, tratando de evitar la inestabilidad social que trae aparejado el mayor número, y sus efectos exportables (migraciones masivas, sublevaciones internacionales).
Desde la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo de las Naciones Unidas celebrada en El Cairo, en septiembre de 1994, la atención se ha centrado en la satisfacción de las necesidades de personas particulares, y principalmente, en dar a las mujeres los servicios de educación y salud necesarios, para el efectivo goce de sus derechos humanos y reproductivos, asegurándole el control de su propia fecundidad.
En tanto, la problemática del aumento del consumo y el deterioro del medio ambiente, requiere de medidas que han de ser tomadas desde ambos frentes. Por un lado, el cambio en los patrones de consumo en los países centrales, principales contribuyentes al deterioro actual del medio ambiente. Por el otro, en el logro del crecimiento económico de las naciones pobres mantenido en el marco del desarrollo sostenible, en aras de desatar el nudo gordiano de un mayor desarrollo que mejora el nivel de vida, pero que aumenta el consumo que afecta al medio ambiente.
Numerosos y complejos son los problemas. No encontrar respuestas a los desafíos que proponen, inclinará la balanza a favor de quienes sostienen la paradoja del hombre y su progreso.
(*) LL.M. int. Universidad de Heildeberg, Alemania.
Profesor auxiliar. Cátedra de Derecho Internacional Público. Facult