Cambios de criterios y escenarios
Cristina enfrenta una nueva etapa
Argüello fue designado para pilotear la relación con Estados Unidos. Recorte de subsidios, mejor diálogo con la Iglesia y disciplinamiento sindical.
Walter Schmidt
DyN
El gobierno nacional decidió mover algunas fichas de cara a lo que en la Casa Rosada señalan como “una nueva etapa”‘ en la gestión de Cristina Fernández, después del triunfo electoral. El recorte de algunos subsidios -conservando siempre a la clase baja- que implicará aumento de tarifas, postergación de algunas obras de infraestructura y un enfriamiento del consumo, si bien no alcanza aún para equilibrar el gasto apunta a disminuir esa brecha que terminó sin control durante la campaña proselitista.
En materia de política exterior, Cristina Fernández comenzó a transitar un camino cuyos resultados habrá que esperar. Tanto en Brasil como en los Estados Unidos, los dos principales destinos diplomáticos de la Argentina, designó a hombres con características que marcan este tiempo. En Brasil reemplazó a un histórico, Juan Pablo Lohlé -hacía 8 años que estaba- por un hombre de carrera, de perfil diplomático-comercial como Luis María Kreckler. Esto en momentos en que la crisis internacional y la situación de la economía local comienzan a afectar el vínculo comercial entre Brasilia y Buenos Aires.
En cambio, en los Estados Unidos, la presidenta designó a un embajador político como Jorge Argüello, en lugar de uno técnico como Alfredo Chiaradía. Luego de que Barack Obama la calificará como “una gran amiga” y la elogiara por el triunfo del pasado 23 de octubre, la mandataria designó para esa embajada a un hombre como Argüello, que se destaca por articular muy buenas relaciones en el ámbito diplomático. Así ocurrió en todo este tiempo en que se desempeñó ante las Naciones Unidas.
Liturgias
La relación del gobierno con el sindicalismo y con la Iglesia pareciera reformularse también. La designación del obispo José María Arancedo en lugar de monseñor Jorge Bergoglio, da una vuelta de página a una polémica relación marcada por la discusión pública entre el cardenal saliente y el ex presidente Néstor Kirchner. “Inevitablemente cambia porque Bergoglio tenía una clara bajada de línea y no tenía empacho en usar el púlpito si algo no le parecía. En cambio Arancedo es un moderado, es como comparar a Elisa Carrió con Hermes Binner”, ironizó un funcionario.
En cuanto al sindicalismo, hombres cercanos al jefe de la CGT, Hugo Moyano, argumentaron que los dichos de Gerardo Martínez a favor de la continuidad del cacique de la central obrera, “están marcando el fin de la disputa interna sindical y un encolumnamiento hacia reclamos comunes” en este fin de año.
Efectivamente, Hugo Moyano pretende erigirse como el garante del modelo, a partir de su manejo de las paritarias para el arco sindical. Pero a cambio de ello, esta vez el camionero está pidiendo no sólo la suba del mínimo no imponible sino avanzar en la participación de los trabajadores en las ganancias empresarias.
Algunas voces del kirchnerismo consideran que esto último es “una carta para mentir” del jefe de la CGT, que en realidad pretende volver a negociar la deuda por las obras sociales y, si es posible, mayor participación en el elenco ministerial.




