Al margen de la crónica
Al margen de la crónica
Peligrosa celebración
En Colombia, como en otros países del mundo, existen costumbres navideñas que pocos asumen como divertidas y en la última década han acabado con la vida de más de 700 personas, mientras que casi 2.000 fueron heridas por las mismas causas: algunas personas disparan balas al aire como celebración de las fiestas.
Desde la pasada noche de Navidad, un caso volvió a conmocionar y tener en vilo a la opinión pública colombiana. Un pequeño de nueve años recibió un impacto de bala en la cabeza mientras intentaba mostrarles a sus amigos el juguete que paradójicamente había recibido de regalo: una pistola de agua.
En segundos, el niño se desplomó a pocos metros de su casa en el centro de Bogotá. Su abuela relató a los medios de comunicación locales cómo Maycol Zárate quedó inconsciente en el piso y fue trasladado inmediatamente al hospital de La Misericordia.
A pesar de las oraciones de sus familiares y de la incansable lucha que médicos y el propio Maycol libraron en contra de la muerte duante cuatro días, el miércoles el niño fue desconectado después de que la bala que entró en su cráneo lo dejara con una irreversible muerte cerebral.
Las autoridades continúan en la búsqueda de la persona que activó el gatillo del arma que acabo con los sueños del pequeño y su familia.
Además de Maycol, una mujer de 27 años murió y tres niños resultaron heridos en los últimos días en diferentes ciudades del país, cuando fueron víctimas de las balas perdidas que riñas callejeras y personas embriagadas disparan sin control.
De acuerdo con un estudio realizado por el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC), las ciudades en las que se presenta la mayoría de estos casos son Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla.
Los resultados del estudio son aún más alarmantes al revelar que durante 2011 se ha registrado un promedio de una muerte semanal producto de las balas perdidas. Además el 35 por ciento de los 1.970 casos son contra menores de edad.
Según expertos en balística, dependiendo del trayecto y la entrada del proyectil al cuerpo, se puede determinar la distancia, la inclinación y la procedencia de la bala.
Y así fue como en marzo de este año las autoridades lograron la captura del presunto responsable de la muerte de otro menor de siete años, quien el 31 de diciembre de 2010 recibió el impacto de una bala que se alojó en su cabeza en el municipio de Soacha, al sur de la capital.
Por lo pronto, la Policía de Bogotá ha ofrecido una recompensa de hasta cinco millones de pesos (cerca de 2.300 dólares) para quienes suministren información que permita la captura del responsable que esta vez apagó los sueños en Navidad de otro pequeño en Colombia.