El tiempo recobrado

Recientemente, se presentó en la colección Ediciones Especiales, el libro “La vida por delante” de María Beatriz Bolsi, editado por el Centro de Publicaciones de la Universidad Nacional del Litoral. El comentario inaugural del texto estuvo a cargo de la Prof. Silvia Calosso, quien remarcó “la decidida intención de la autora a recorrer el pasado: el suyo, el de sus padres, el de las familias y sus costumbres, sus mudanzas; registra con genuino amor los detalles y los cambios que el decurso del tiempo va produciendo en los humanos, sus entornos sociales, sus interacciones, sus hábitat. La escritora quiso compartir con el lector casi el día a día de su vida y la invitación, apenas pasada la primera página, es irresistible. Decide compartir también sus lecturas ávidas y transformadoras de la infancia, de la adolescencia y juventud, al igual que la rotunda e irrevocable entrada de la ficción cinematográfica en su vida; ese mundo de los sueños que nos acompaña como un milagro, desde comienzos del siglo XX. Beatriz cierra la presentación inicial del libro con la imagen de la cocina, lo que la hermana con algunas grandes mujeres de la literatura: Ursula Le Guin, Ma. Teresa Andruetto,que unen las memorias de la infancia con la amorosa gastronomía familiar”.

Seguidamente, la presentadora identificó un par de claves para recorrer el libro: “Existen dos elementos significativos en este libro: las imágenes omnipresentes de la naturaleza, que a pesar de los ambientes prioritariamente urbanos que se describen están muy vivas, en particular, las de los árboles. Quedan muy pocos ombúes en los parques y plazas de la ciudad, y también en el campo, por eso cuesta imaginar que un gran ombú cerraba a pocos metros de Boulevard Pellegrini, la calle Primero de Mayo. Volver a erguir ese árbol portentoso es un gesto escriturario más que encomiable. Un árbol así, queda a la medida simbólica de los palacios, castillos y fortalezas de los cuentos de hadas, los lugares que guardan, resguardan, y nos permiten ascender a espacios insospechados.

El otro componente significativo que quiero mencionar me recuerda a un intenso libro de Olaf Stapledon, “Hacedor de estrellas”, en el que el narrador hace un recorrido espacial por planetas imaginarios, y los habitantes de uno de ellos tienen la particularidad de poseer un olfato muy desarrollado, que les sirve para reconocerse, y comunicarse. Nuestra escritora transmite permanentemente sensaciones visuales y auditivas, pero sobre todo llama la atención su sensibilidad a los olores y aromas de la infancia y adolescencia: las casas, las calles, las arboledas, le van proporcionando una verdadera fiesta de aromas, que ella registra con insólita minuciosidad y alegría”.

Finalmente, consideró a la lectura del texto como una “autoría plural”: “Sé que como lectores, no podemos menos que sumarnos a la escritura de este libro. Cada uno de nosotros va acompañando descripciones de lugares y transmisiones de vivencias con algo propio: las mismas calles, los mismos sonidos, las mismas expectativas, temores, preguntas de la infancia o de la adolescencia surgen de las páginas como si las hubiéramos visto, oído, olido, o formulado nosotros. Tenemos un raro y hermoso sentimiento: somos co-autores de este libro que hoy nos entrega Beatriz. Nunca quizás lo hemos sido tanto como con este libro”.

Publicaciones

2.jpg