¿Se acuerdan del Bocha Ponce?
¿Se acuerdan del Bocha Ponce?
La historia de un luchador

Un todo-terreno
“Sacando de arquero y de marcador lateral izquierdo, en Unión jugué en todos los puestos”, cuenta Oscar Hugo Ramón Ponce. Foto: Mauricio Garín
Enrique Cruz (h)
Jugó al fútbol hasta los 35 años, pero arrancó “de grande”. “Yo no hice inferiores, ni en Unión ni en ninguna parte. Jugaba torneos libres, era de Laguna Paiva. Llegué a Unión cuando tenía 19 años. El técnico de la reserva era Alberto Violi y en la primera estaba Carlos Cavagnaro, ¿te acordás?”, cuenta Oscar Ramón Ponce, el “Bocha”, en una charla que tuvo picos de carcajadas con otros de mucha emoción, hasta las lágrimas.
“Me acuerdo cuando fui a Italiano, estaba el ‘Loco’ Stelhick ahí y el técnico era Ramón Cabrero, el que luego dirigió en Colón. Yo había jugado ya en Primera, en Unión. Pero no me tenían muy visto que digamos. Entonces al ‘Loco’ le preguntaron cómo jugaba. ¿Y sabés lo que dijo?, ‘¿lo conocen a Maradona?, un poquitito menos’. Yo me quería morir, le dije que estaba loco. Y me contestó, ‘no te hagás problema, cuando nos vean jugar a los dos nos echan a bolsazos...”.
Cuenta el “Bocha” que “en Unión, sacando de arquero y de marcador de punta izquierda, jugué en todos los puestos... ¡Un día, Yudica me puso de media punta y hasta me dio la ‘10’!”... Y se ríe con fuerza, recordando antiguos compañeros. “Con Brindisi y el Chino Benítez no jugué, porque había muchos mediocampistas y Unión me prestó ese año. Pero entrené bastante con ellos. Y tuve compañeros espectaculares, varios de ellos surgidos de las inferiores del club como Capocetti, Centurión, Carlitos Mendoza, Luis Abedeneve, Carlos Trucco, el mismo Eduardo Sánchez que venía de antes, entre otros”.
Los hermanos López, el Perro Killer, Aldo Noblea, Pichón Rodríguez, Zavagno, Cordero, el Loco Ferrari, José Luis Lanao, el Pichi Escudero, el Chango Cárdenas y el Pichi Escudero, fueron algunos de los compañeros que tuvo Ponce en aquellos tiempos en Unión. “En el 81, jugué el clásico de reserva en Rosario, en la cancha de Newell’s, el día que la primera empató 1 a 1 con los goles de Lattuada y Mercado. Me parece que empatamos 2 a 2. Después, Colón descendió y ya no pude volver a enfrentarlo”, recuerda.
El tiempo pasó, empezó a trabajar en el Nuevo Banco de Santa Fe y despuntó el vicio futbolero jugando en las ligas amateurs que abundan en nuestra ciudad y dirigiendo a chicos (es hoy el entrenador de la quinta división de Ateneo y buscador de talentos para Unión). Pero la vida le tenía reservado un disgusto grande y la consecuente preocupación, para él y para su familia, amigos y el mundo del fútbol en general: un linfoma no-Hodking. Es decir, una especie de cáncer que le apareció hace unos cuatro años y del que ya está totalmente recuperado.
—¿Cómo fue aquéllo, Bocha?
—Lo mismo que tuvo el Huevo Toresani. Fue un linfoma, del tipo no-Hodking. Complicado no estuve, porque el cuerpo siempre avisa. Yo empecé a roncar mucho, mi familia me decía que era alevoso. Entonces, lo fui a ver al doctor Del Prado y me sacó las amígdalas y los cornetes. En las amígdalas tenía el linfoma, estaba encapsulado. Ahí me atendió el doctor Bar, fanático de Unión y empezó con la quimioterapia... De paso, tengo que llevarle la camiseta firmada... Ahora me hago chequeos anuales y todo bien...
—Así que todo se dio a partir de los ronquidos...
—Claro... Yo nunca le dí importancia al ronquido, pero no dejaba dormir a mi familia. Hasta que un día, mis hijas me grabaron... Imagináte cómo habrá sido, que fui al médico... Me hicieron bajar dos o tres kilos, pero sabía que ése no era el problema. El doctor me operó a la mañana y a la tarde tuvo que hacerlo de vuelta, porque seguía sangrando. Del momento que me vio hasta que me operó, las amígdalas crecieron el doble. Era impresionante cómo las tenía.
—En una entrevista con el Huevo, él contaba que iba a regar el patio y lloraba solo cuando se enteró, que le tuvo miedo a la muerte...
—Yo nunca pensé que me iba a morir. Y cuando me enteré lo del Huevo, tengo una compañera en el Banco, de nombre Paula Ibañez, que vive en El Pinar, a la que le dije que lo quería ver. Entonces lo llamé y le conté lo mío, que fue igual a lo de él. Quizás, la diferencia fue que tenía como una bola en el cuello. A mí, eso no me pasó.
—¿Fue un antes y un después en tu vida?
—Me enseñó a sacar el pie del acelerador y vivir y ver la vida de otra manera. El día a día te hace acelerar, pero desde ese momento fue todo diferente. Aparte, por la edad que tengo, uno va creciendo.
—.... Y el apoyo de los afectos, ¿no?
—Sirve mucho el apoyo de la familia y de los amigos también. Llamaban todos, se preocupaban, anímicamente estuve muy bien, no pensaba en eso y hoy me pregunto por qué no pensaba en eso. La gente me llamaba y suponía que yo estaba todo el día pensando en eso.
—¿En la muerte?
—Claro, yo nunca pensé en que me iba a morir, pero tiene que ver con la tranquilidad de los médicos, me apoyé mucho en ellos y en mis afectos. Tuve mucho miedo en el momento de las quimio... Es que todos le tenemos miedo a los pinchazos... Y fueron muchas veces.
—¿Cuál fue el gesto que más te sorprendió?
—Es difícil mencionar alguno, porque todos se portaron de mil maravillas conmigo y sólo tengo palabras de agradecimiento. Tuve gestos muy allá arriba de mis compañeros de trabajo y ni qué hablar de mi familia. Un día, por ejemplo, me fue a buscar el Negro Altamirano y me quiso llevar a Buenos Aires... Hay que tener mucha confianza en uno mismo y creer en Dios.

"Unión llega al clásico con el ánimo bien alto y para ganar necesita recuperar esa confianza que tenía al principio para presionar y quitarle la pelota al rival. Si lo logra, gana el clásico”
Oscar Ramón Ponce
Ex jugador de Unión