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Jueves 02.01.2020 - Última actualización - 17:00
16:58

Se cumplen en medio del "apagón" administrativo

A 200 días de la elección de Perotti, luces y sombras sobre la gestión

 Crédito: Archivo El Litoral / Mauricio Garín
Crédito: Archivo El Litoral / Mauricio Garín

Crédito: Archivo El Litoral / Mauricio Garín



Se cumplen en medio del "apagón" administrativo A 200 días de la elección de Perotti, luces y sombras sobre la gestión

Los desacuerdos políticos hacia afuera y hacia adentro del partido de gobierno no tardaron en manifestarse. Un escenario complejo y trabado, que no permitió mostrar todavía un proyecto claro y definido a la vista. 


La extensa transición no sirvió para que el gobernador Omar Perotti llegara a esta fecha, con algo más de 20 días de gestión y 200 desde que fue electo, con un esquema claro para el funcionamiento de su gobierno, un nivel de comunicación fluido con la sociedad, las herramientas que pretendía para afrontar la situación y un rumbo fijado en orden a su proyecto de gestión.


Por el contrario, el grueso de estos 200 días se consumieron entre diagnósticos, demoras, cierta improvisación y una tensión creciente que, más allá de alguna descompresión temporaria o con afectación específica, terminó paralizando las posibilidades de convivencia con la gestión saliente -hoy oposición mayoritaria en la Cámara de Diputados- y con sus propios aliados en el Senado, virtualmente partidos en cuanto menos dos grandes facciones.


Los resultados de ese proceso se fueron vislumbrando durante las últimas semanas de la transición y se mostraron claramente con la puesta en marcha de la nueva Legislatura y el debate y la votación de los proyecto enviados por el Ejecutivo. 


La fría relación con el gobernador saliente -hoy presidente de la Cámara de Diputados-, Miguel Lifschitz, que entre otras manifestaciones tuvo la inexistencia de una reunión formal entre ambos mandatarios, acarreó como correlato la falta del debido acompasamiento de acciones de gestión.

 

Las pocas reuniones de sendas comisiones de transición sirvieron para poco más que para transmitir pedidos de información al gobierno saliente, y obtener el compromiso de sus representantes de proporcionarla. Más allá de la prolija exposición de esos datos y gestiones en la página web especialmente habilitada al efecto, no parece que se les haya dado mayor uso.


Tiempos


Las otras acciones llevadas a cabo por Omar Perotti en este lapso se limitaron a convenir con Lifschitz la postergación en el envío del proyecto de presupuesto 2020 a la Legislatura, en un acuerdo que quedó en la nada porque el propio Senado -integrado mayoritariamente por los aliados del gobernador electo- reclamó la remisión en tiempo y forma. Como era de esperar, el presupuesto fue aprobado, sellando así un duro revés para el nuevo gobierno, antes de asumir. 


Otro de los factores de ese fracaso se gestó también durante la extensa transición, cuando la base de sustentación política del nuevo mandatario inició la fisura mostrada luego, al momento de conformarse las comisiones del Senado, con otro traspié para Perotti. Fue el 23 de septiembre, cuando el senador Armando Traferri abandonó la comisión de transición. Ese gesto fue un campanazo de atención sobre las complicaciones y dificultades de manejo que el futuro gobierno ya padecía.


La demora en la conformación del gabinete fue otro dato que no sólo encendió luces de alerta sobre el nivel de planificación -o ausencia de ella- que el nuevo gobierno traía, sino que complicó extraordinariamente la propia transición: no había interlocutores válidos con quienes las autoridades salientes pudieran acordar los términos y coordinar acciones. De hecho, todavía faltan designaciones estratégicas, lo cual resulta una traba para la gestión.


Condicionamientos


En tanto, Perotti instó a Lifschitz ralentizar las obras públicas e incluso suspender licitaciones en marcha, dando por anticipado un formidable golpe al desarrollo de la obra pública y al sostenimiento que la misma otorgó al empleo durante los últimos años, que alzó coros de advertencia desde el sector de la construcción y el gremio, y se coronó más adelante con la suspensión de plazos durante el desconcertante apagón administrativo de enero. 


El desenvolvimiento legislativo que el rafaelino pretendía para sus primeros días de gobierno se vio en buena medida condicionado por los despropósitos, demoras y defecciones de la transición. Pero también por la persistencia de esos vicios durante la gestión, donde existieron correcciones y aciertos parciales, pero también nuevos retrocesos.


Así, una tardía convocatoria a los senadores “rebeldes”, y una serie de cambios y concesiones producto de la negociación, permitió destrabar en la Cámara Alta la suba de impuestos que Perotti necesitaba. También lo consiguió en Diputados, pese al recrudecimiento de la enemistad con el socialismo, producto de las destempladas críticas vertidas desde el Ministerio de Seguridad a la política de la anterior gestión en la materia. Materia en la que, por lo demás, tampoco el actual gobierno acertó aún en dar un mensaje claro a la sociedad.


Sin superpoderes


En cambio, el gobernador no pudo obtener los superpoderes que pretendía a través de la mega-ley de emergencias que impulsó. La oposición, que ya le había votado el aumento de impuestos, dejó en claro que la mayor parte de las cuestiones que Perotti necesita atender, pueden ser perfectamente cubiertas con las facultades que ya poseen los ministros, e incluso con algunas herramientas que surgen del vituperado presupuesto 2020. Lo demás parece ser más una discusión simbólica para dejar sentado el precedente de “tierra arrasada” que blandió Alberto Fernández a nivel nacional, y que el Frente Progresista no está dispuesto a admitir ni conceder en lo que atañe a Santa Fe.


La política de comunicación tampoco parece haberse afiatado lo suficiente en 200 días. Aún no están designados los responsables de prensa de todos los ministerios, no hay información sobre actividades en el interior de la provincia, los módicos anuncios y pronunciamientos corren por cuenta de un vocero -una figura anacrónica y deslucida-, y el propio mandatario no ha brindado conferencias de prensa, ni concedido entrevistas de fondo a los medios santafesinos, ni siquiera en su condición de gobernador electo.


Después de 200 días, debería tener cosas para decir.
 

Por José Civita

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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