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Jueves 14.05.2020 - Última actualización - 9:15
8:17

El Rejunte Chango

Nuevos colores para bailar

El 8 de mayo el grupo lanzó en Spotify y YouTube su primer álbum, “Las cosas de la vida”: allí decantan ocho años de un folclore con sabor moderno y estructura de danza tradicional. Sobre esto y muchas otras cosas habló El Litoral con el cantante Gustavo Di Paolo.

 


En Villa María Selva, tocando sobre Aristóbulo del Valle: su barrio de pertenencia. Foto: Gentileza producción
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El Rejunte Chango Nuevos colores para bailar El 8 de mayo el grupo lanzó en Spotify y YouTube su primer álbum, “Las cosas de la vida”: allí decantan ocho años de un folclore con sabor moderno y estructura de danza tradicional. Sobre esto y muchas otras cosas habló El Litoral con el cantante Gustavo Di Paolo.   El 8 de mayo el grupo lanzó en Spotify y YouTube su primer álbum, “Las cosas de la vida”: allí decantan ocho años de un folclore con sabor moderno y estructura de danza tradicional. Sobre esto y muchas otras cosas habló El Litoral con el cantante Gustavo Di Paolo.  

 

El Rejunte Chango se formó hace ocho años, tras un ensamble de músicos que se juntaban en un centro cultural autogestionado llamado Casa Cherry, que trataron de encontrarle un sonido nuevo a danzas folclóricas tradicionales. Lo integran Gustavo Di Paolo en voz y guitarra, Sebastián Rigesti en guitarra eléctrica, Elio Moreyra en percusión y Agustín Sotelo en el bajo.

 

El 8 de mayo el grupo lanzó en Spotify y YouTube su primer álbum, titulado: “Las cosas de la vida”, integrado por 15 temas. Por esta razón, El Litoral dialogó con Di Paolo para conocer más sobre este presente de logros e incertidumbre.

 

 

 

Camino propio

 

—¿Cómo fue el proceso de gestación del disco?

 

—Es algo que ya veníamos amasando desde hace mucho: hace ocho años que estamos en esto. Fue como ir creciendo junto a lo que hacíamos, porque si bien en el grupo veníamos más del lado del rock uno en la familia escucha folclore, a veces hasta indirectamente; uno se entra a meter un poco. Un día nos pusimos a tocar folclore, nos cansamos un poco del rock, y empezamos a descubrirlo. Ahí arrancó todo.

 

El disco es la conclusión de esos ocho años de este descubrimiento que fuimos haciendo, porque el folclore argentino es muy amplio. La idea nuestra siempre fue encararlo desde el punto de vista tradicional, pero tratando de darle una impronta más actual.

 

—El disco es la pasada en limpio de estos ocho años de carrera.

 

—Claro, tal cual. Le fuimos agregando guitarra eléctrica, cuestiones que son un poquito más modernas. Terminamos grabando temas que son medianamente nuevos y temas muy viejos de folclore, pero con esa impronta que le quisimos dar: los trajimos un poquito hacia acá.

 

—“Marote chaqueño” es tradicional recopilado, pero hay temas de Raúl Carnota, de Jorge Milikota, de Ambrosio Nicoli, que no son tan nuevos, pero de todos modos son refrescantes para el cancionero popular. ¿Eso lo buscaron?

 

—Sí, porque a la vez nos enganchamos en el tema del baile: eso fue lo que nos llevó a hacer folclore bailable. Los 15 temas que están ahí se pueden bailar con la coreografía tradicional; si bien tienen guitarra eléctrica, o cuestiones modernas, todos cumplen con la coreografía tradicional. Por ahí es distinto al folclore más moderno, que son canciones con ritmos tradicionales.

 

—Aires...

 

—Claro: aire de zamba, aire de chacarera. Si uno lo baila, lo baila libre, no con la coreografía, que nosotros quisimos respetar. Eso nos llevó a tocar mucho en peñas, porque es una forma de escuchar algo medio clásico modernizado, pero bailarlo como lo aprenden en las academias de danzas folclóricas. Poniendole modernidad, porque no es que los chicos se van a poner hoy la bombacha y la rastra para ir a bailar (risas), pero la coreografía la cumplen.

 

 

 

Ritmo y melodía

 

—¿Cómo eligieron las canciones? ¿Está pensada la repartija entre zambas, gatos chacareras?

 

—Está pensado. Tenemos un cancionero elaborado de muchas canciones, y las fuimos seleccionando. Y la ubicación también en el disco. Está pensado en el intermedio de los que es sentarse a escuchar folclore y pararse a bailarlo. No es fácil, porque los bailarines escuchan un tipo de folclore tocado de cierta manera, por ciertos artistas; y los oyentes escuchan otro, tocado por otros artistas. Es difícil ir por el medio; cuando uno lo hace para bailar tiene que tener cierta impronta, para que el bailarín lo sienta de una manera y le dé ganas de bailar. Del otro lado, la persona que se sienta a escuchar...

 

—Encuentre una musicalidad.

 

—Claro, que es más melódica, mientras que el otro la quiere más rítmica. La gente nos comenta que si querés escuchar el disco tranqui podés, y si lo querés bailar lo sentís también.

 

—Es muy llevadero. Además son 15 temas en 40 minutos. ¿Cuántos temas tienen en carpeta para tocar en vivo?

 

—Tenemos un disco y medio más. Tenemos 40 y pico de canciones trabajadas para tocarlas, y las tocamos: en una peña un grupo, en otra peña otras; siempre las vamos mezclando, para que haya de todo, porque siempre nos gusta tocar distintas danzas y no ocho chacareras. Siempre tocamos variadito como en el disco.

 

—Debe haber una gimnasia, en ocho años de peñas y festivales, de darse cuenta cómo ir adaptándose al humor del público, en cuanto a bailar o escuchar.

 

—Eso nos pasó muchísimo y nos pasa en las peñas: cambios de planes (risas), poner otro tema, bajar, subir. Estamos muy pendiente de la gente que baila, que es a la que principalmente apuntamos porque es con la que nos desarrollamos.

 

—Es que está más cerca del escenario.

 

—Exacto, y es la que nos convoca. Son ellos los que arman las peñas, la gente a la que le gusta bailar.

 

 

Desde la terraza

 

—¿Cuánto llevó la grabación y dónde la hicieron?

 

—Grabamos con el Ale Bandeo en Top Music. Lo hicimos medianamente rápido: nos habrá llevado dos meses, un mes y medio, porque son temas que los tocamos bastante. Después sí hubo una etapa de arreglarlo un poco, corregir.

 

—Algo que define al sonido del grupo es tu voz melódica con la guitarra eléctrica que mete Sebastián. Hay combinaciones: la voz sola o armonizada en los coros, la guitarra limpia o distorsionada. ¿Como lo ven en cada tema?

 

—Justamente es la impronta que le queremos dar. Lo vamos charlando siempre, agregándole sin que pierda tanto la esencia el tema este toque rockero; tenemos mucha influencia de rock nacional. El Seba propone las guitarras, y sobre esas propuestas vamos modificando; también vemos la línea de voz, vamos escuchando y desarrollando el tema. Lo vamos cocinando hasta que queda. Incluso le preguntamos muchos a nuestros amigos bailarines: los hacemos ir a escucharnos, les preguntamos qué sienten, hasta los hacemos bailar cuando los tocamos. Es una cosa muy linda, grupal.

 

—Por ahí el tema pide más electricidad y otros no.

 

—Claro, porque hay temas que si hay demasiada guitarra un poco sucia lo saca de contexto, de la esencia y la letra. Y también la danza de ese tema, porque todas las danzas tienen un sentido, una historia: el gato correntino que es bellísimo, que habla de batallas de (Juan) Lavalle contra (Juan Manuel de) Rosas, cosas muy viejas. Las formas que tienen se pueden modificar hasta cierto punto, en una especie de proyección; no sé si alcanza a ser proyección.

 

—Es proyección en lo tímbrico pero respetan la forma.

 

—Claro.

 

—Hablando de ensayos abiertos, es común que ensayen en la terraza, con los vecinos prestando atención. De alguna forma ahí también hay una devolución.

 

—Totalmente. Por ahí cuando por alguna cuestión no podemos ensayar, nos preguntan qué pasa. El folclore es distinto, con el rock al palo enseguida molesta (risas). Nosotros tenemos una guitarra eléctrica a veces bastante rockera, pero jamás nos dijeron nada. Hay vecinos que vienen y suben a la terraza, son parte del ensayo. Lo mismo que cuando tocamos: mientras nos lo permitan siempre suben bailarines, o suben otros músicos. Nos manejamos en grupos.

 

 

Recalculando

 

—Venían tocando bastante hasta el parate. ¿Qué tenían en vista para este año y qué piensan que puede llegar a pasar?

 

—Justo veníamos con el tema del disco, y teníamos toda una proyección en función de eso. Fue increíble porque terminó de cocinarse el disco en el medio de aislamiento, una cosa rarísima. Ahora vamos a ver qué hacemos, porque habíamos proyectado un montón de cosas (la presentación del disco, obviamente, con amigos músicos y bailarines). El último show nos contrató la Municipalidad, en febrero, y habíamos hablado algo para un mes después; y justo se cortó todo, ahora no hay datos de nada. La presentación se tuvo que hacer todo online.

 

—Lo “bueno” es que te permite tener algo para salir a contar, pero al mismo tiempo no lo podés presentar como te gustaría.

 

—Tiene sus pros y sus contras, es verdad. Porque la gente está hoy muy enganchada en las redes, porque no puede hacer otra cosa. Entonces se dispersó rápido en las redes, en ese sentido tuvo un impacto lindo. Pero no pudimos hacer el show. No importa: ya habrá tiempo. Vamos a ver más adelante, porque en términos de espectáculos, entretenimiento y lo artístico va para largo. Habrá que adaptarse a esto de hacer y subir videítos, vamos a ver.

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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Autor:

Ignacio Andrés Amarillo


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