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Lunes 13.07.2020 - Última actualización - 14.07.2020 - 22:32
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Ficción aislada preventivamente

Quisiera que me quieras como te quiero

Marlon Brando en el papel de Vito Corleone.  Crédito: Archivo El LitoralMarlon Brando en el papel de Vito Corleone.
Crédito: Archivo El Litoral

Marlon Brando en el papel de Vito Corleone. Crédito: Archivo El Litoral



Ficción aislada preventivamente Quisiera que me quieras como te quiero Te pensé como Aragorn: valiente, seguro, filoso, audaz y rey de mis pensamientos; un todopoderoso destructor de mis sombras, soberano de mis besos... Te ponés en el rol de Vito Corleone: un mafioso del afecto, un hampón del deseo que asesina a diestra y siniestra todos mis esfuerzos por seducirlo.

Pensé que ibas a ser mi John Connor: el redentor de mi porvenir, el corrector de mis pasados errores y la alegría de mi presente sin tantas complicaciones tecnológicas ni Skynets que lamentar. 

 

Me ilusioné con que ibas a ser mi Indiana Jones: para trazar la ruta de un mapa insólito, encontrar juntos el templo perdido de la felicidad donde atesorarnos. 

 

Creí que ibas a convertirte en mi Buzz Lightyear: mi amigo fiel muy animado, el juguete juguetón de mis antojos, mi viaje a las estrellas ilimitado, mi infinito y mi más allá. 

 

Soñé con verte actuar como Harry el Sucio en mi alcoba: seguidor implacable de mi rastro, íntimo conocedor de las secretas coartadas de mi figura (incluso de mis huellas dactilares posadas en tu piel), la emboscada seductora, el infalible justiciero del placer. 

 

Especulé con verte transformado en Neo... algo más que el simple y aburrido Señor Thomas Anderson... Es decir, el elegido esclarecedor de la matriz de mi vitalidad. 

 

Te pensé como Aragorn: valiente, seguro, filoso, audaz y rey de mis pensamientos; un todopoderoso destructor de mis sombras, soberano de mis besos jamás destronado, pacificador de mis mundos y portador del anillo, de nuestra alianza inquebrantable. 

 

Pero... te empeñás en ser mi Norman Bates: un anfitrión descocado que me hospeda en un cuarto oscuro de sus pensamientos o que me da un baño de dolor cada vez que quiero mudarme a un rincón más cómodo de su biografía. 

 

Preferís comportarte como Hannibal Lecter: un despiadado antropófago que -aunque amordazado- se devora mi corazón crudo después de hacerlo papilla. 

 

Optás por trocar mis sueños en pesadillas en el pellejo achicharrado y aterrador de Freddy Krueger. 

 

Elegís el papel de Edward Scissorhands: hacerme daño con el más mínimo roce, herirme con cada gesto, podarme el entusiasmo y amputar mi devoción por vos. 

 

Te comportás como John Mc Clane: un tipo duro de amar, un escurridizo y rudo hombre entrenado para desactivar mis explosivos mimos.

 

Te ponés en el rol de Vito Corleone: un mafioso del afecto, un hampón del deseo que asesina a diestra y siniestra todos mis esfuerzos por seducirlo y se da el lujo de hacerme sentir que todo fue un accidente, que el cadáver de “lo nuestro” apareció tirado en una esquina sin explicación... tal vez venía a contramano y lo chocó de frente la realidad... tal vez nadaba en aguas profundas y no hizo pie en la confianza... tal vez saltó al vacío, se creyó maduro y no se dio cuenta de que a sus alas les sobraba fragilidad apichonada...

 

¿Sabés qué siento? Habrá otros actores, otras escenografías, otros cortinados, otras pantallas, otras passarellas que me convertirán en su estrella. Sin dudas, habrá otros reflectores que me enfocarán el alma al desnudo tal como soy: sin make up, sin torpes vestuarios de farsas sofisticadas, sin guiones trillados, con afectos especiales, con primeros planos compartidos, con escenas de acción cuerpo a cuerpo sin dobles de riesgo. Entonces, cuando te despertés: ¡ya será tarde! Sentado en tu butaca, me vas a ver pasar de la mano del nominado al Oscar de mis suspiros y de nada te servirá hacerte la película. 

 

Te pensé como Aragorn: valiente, seguro, filoso, audaz y rey de mis pensamientos; un todopoderoso destructor de mis sombras, soberano de mis besos jamás destronado, pacificador de mis mundos y portador del anillo, de nuestra alianza inquebrantable. 

Te ponés en el rol de Vito Corleone: un mafioso del afecto, un hampón del deseo que asesina a diestra y siniestra todos mis esfuerzos por seducirlo y se da el lujo de hacerme sentir que todo fue un accidente, que el cadáver de “lo nuestro” apareció tirado en una esquina sin explicación...


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