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Martes 11.08.2020 - Última actualización - 6:16
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"Reconvertidos": cambios laborales por la pandemia (Parte IV)

"El cuero me permite introducir un pensamiento y desarrollo artístico"

Enzo Rodríguez Suárez es artista gráfico y diseñador audiovisual. Trabajó en Santa Fe y Buenos Aires, incluso en el exterior. Pero apareció el coronavirus y todo quedó postergado. En "el mientras tanto", surgió la idea de aprender la talabartería como un oficio alternativo.

Talabartería. En pandemia, aprendió el oficio y comenzó a producir cintos, pulseras y otros productos con cueros.  Crédito: Gentileza E. Rodríguez SuárezTalabartería. En pandemia, aprendió el oficio y comenzó a producir cintos, pulseras y otros productos con cueros.
Crédito: Gentileza E. Rodríguez Suárez

Talabartería. En pandemia, aprendió el oficio y comenzó a producir cintos, pulseras y otros productos con cueros. Crédito: Gentileza E. Rodríguez Suárez



"Reconvertidos": cambios laborales por la pandemia (Parte IV) "El cuero me permite introducir un pensamiento y desarrollo artístico" Enzo Rodríguez Suárez es artista gráfico y diseñador audiovisual. Trabajó en Santa Fe y Buenos Aires, incluso en el exterior. Pero apareció el coronavirus y todo quedó postergado. En "el mientras tanto", surgió la idea de aprender la talabartería como un oficio alternativo.

El artista y realizador santafesino Enzo Rodríguez Suárez -original de San Javier- es uno de esos no nativos digitales que aprendió a adaptarse con velocidad a los cambios que el avance tecnológico y digital impuso en las últimas décadas, para aprovecharlo en su labor a la hora de concretar producciones. Por ello es, quizá, que este abrupto cambio impuesto por la pandemia que generó el arribo de un inesperado virus en todos los costados del globo fue absorbido como una oportunidad para adaptarse e intentar continuar su camino trazado.

 

Rodríguez Suárez trabajó en Santa Fe y en otras ciudades del país y del mundo, en medios como Anfibia. De hecho, la aparición del coronavirus lo encontró armando las valijas con un proyecto en México: Buñuelos. Sus obras son concretadas tanto trabajando en cada lugar como de manera digital, a distancia.

 

 

 

-¿A qué te dedicabas antes de la pandemia y qué descubriste ahora como una alternativa productiva u oficio?

 

 

-Estuve dedicado mucho tiempo, unas dos décadas, a las artes gráficas: fotografía, diseño, ilustración, realizaciones audiovisuales. Ello me dio la oportunidad de trabajar en Santa Fe, Buenos Aires, el resto del país y el exterior. Pero cuando llegó la pandemia las artes gráficas quedaron postergadas, como un valor lejano a las necesidades esenciales y básicas, como el alimento y la salud. Entonces me vi obligado a buscar una salida momentánea paralela a mi profesión. Así surgió la idea de aprender la talabartería como un oficio alternativo en estos tiempos de pandemia.

 

 

 

- ¿Por qué te decidiste a aprender este oficio?

 

 

-Me incliné por este oficio porque en algún punto siempre me interesó la talabartería y la carpintería, que precisa de un espacio mayor para montar un taller con las herramientas pesadas necesarias. En cambio, al taller de talabartería podía montarlo en mi casa. Y dado que es una cuestión de emergencia me incliné por el lado del cuero, que no precisa demasiada infraestructura. Además, lo hice porque el trabajo del cuero me permite introducir un pensamiento y desarrollo artístico.

 

-¿Cómo vas a hacer para que este oficio te dé un rédito económico? ¿Aprendiste algo de emprendedurismo? ¿Vas a usar redes sociales?

 

-Dada la urgencia y la falta de una infraestructura y producción montada, con cierto stock para ofrecer, voy a llevar adelante la promoción y venta de productos en el mercado a través de redes sociales, WhatsApp y el boca en boca veo que están funcionando muy bien en la pandemia. Es un recurso rápido para generar dinero. Entonces, el plan irá por las redes sociales y una militancia férrea en ese sentido. Además, no creo que la estrategia sea hoy salir a venderlos en la calle porque la situación sanitaria es delicada.

 

 

 

-No sólo económicamente sino como persona, ¿qué sacás como ganancia y qué como pérdida de este momento que atravesamos?

 

 

-Hay algo que destaco mucho a nivel social, algo que sigo pensando y abordando desde algunas obras audiovisuales y gráficas: veníamos con una asidua militancia y un trabajo respecto al cuerpo, al aceptarse, al cuerpo del otro. Mi cuerpo es lo que tengo para transitar el mundo, lo más importante y lo que tengo que poner en valor. Sea gordo, flaco, blanco, negro, o con la forma y creencia que sea. Cuando apareció esta pandemia yo venía en ese mood, pensándonos a todos socialmente. Y de repente llegó el coronavirus que transformó al cuerpo del otro en una amenaza. Algo que me pareció bastante loco. Durante los primeros 15 días veía como, de repente, la gente venía caminando por la calle y se cruzaba de vereda para esquivarte, o la incomodidad del otro si en el almacén esperabas muy cerca para ser atendido.

 

También noté el cambio en las miradas, al menos en el barrio donde vivo (María Selva), de casas bajas y laburantes. El cuerpo, que era algo que estábamos militando, pasó a ser una amenaza. Ello me llevó a reflexionar sobre cómo somos cuando está todo bien, tenemos nuestra Internet, nuestro aire acondicionado y nuestras cuestiones óptimas; y cómo cambiamos cuando sucede algo extraño o fuera de la norma.

-Hubo un aprendizaje...

 

-Como ganancia de todo esto rescato el haber podido volver a proyectos gráficos, escritos y audiovisuales que tenía "colgados" y los recuperé; y esto de aprender un oficio y el contacto con el cuero, que lo tomo como un desprendimiento de mi obra y de todo lo que llevo adelante. Y como pérdida, no sé si aprendimos a ver al otro como un ser humano y generar empatía. Creo que esto reveló un costado dormido que venía en nosotros. Rescato que hubo un movimiento que ayudó a pensar algunas cuestiones que venían muy quietas y se pudieron pensar de diferente forma. Lo detecté en varias personas y sobre todo en mí. Cómo el miedo puede cambiar un paradigma, sobre todo el miedo a la muerte.

 

Como ganancia rescato el haber podido volver a proyectos gráficos, escritos y audiovisuales que tenía "colgados" y los recuperé; y esto de aprender un oficio y el contacto con el cuero, que lo tomo como un desprendimiento de mi obra y de todo lo que llevo adelante.

 

Como pérdida, no sé si aprendimos a ver al otro como un ser humano y generar empatía. Creo que esto reveló un costado dormido que venía en nosotros.

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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Autor:

Nicolás Loyarte


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