En una nota exclusiva al diario Clarín, el ex entrenador sabalero Pablo Lavallén volvió a hablar de la Final Única del 9 de noviembre en Asunción, de lo que es Colón, de la función de "Pancho" Ferraro como mánager y de su especial relación con José Vignatti, el presidente sabalero.
"Cuando perdíamos no podía salir a la calle y cuando llegamos a la final de la Sudamericana parecía Guardiola cada vez que caminaba por la peatonal", aseguró, vía Zoom, en diálogo con Clarín.
¿Por qué no volviste a dirigir?, le consulta el colega y Lavallén responde: "De los nueve meses que pasaron desde mi salida de Colón, cinco se consumieron sin fútbol en todo el mundo. Recién el mes pasado empezaron algunas ligas y seguramente va a haber una reestructuración desde lo económico en el fútbol argentino. Habrá pocos recursos para contratar en las plantillas, menos cambios de entrenadores. Se paró la rueda del fútbol y la pandemia nos imposibilitó trabajar".
-Volvió a hablar de "ése" partido. "Si uno mira la final en sí, fue una gran decepción. Si uno mira todo el trayecto que realizó el club y el plantel a lo largo de ese semestre, es distinto. Porque nosotros llegamos en marzo y nos quedaban cuatro partidos del torneo. Arrancamos la Copa Sudamericana después de jugar el primer partido en Mar del Plata contra Aldosivi. Y de ahí viajamos a Buenos Aires para ir a Perú. Entre esos poquitos partidos comenzamos con la Copa Argentina y competimos en tres frentes permanentemente, como lo hizo River, teniendo mucho menor poderío que el plantel de (Marcelo) Gallardo y también, muchas más dificultades. Para Colón no es lo mismo que River. Nosotros teníamos 6 horas de micro para llegar a Ezeiza, subirnos a un avión y volar a otro país. El descanso es distinto. Uno gasta más horas viajando que los equipos que la Capital. Y si uno tiene en cuenta esas pequeñas aristas, creo que fue un éxito, más allá de haber perdido en la final. Nos hubiese encantado ser campeones, pero ese equipo quedó en la historia, va a ser el mejor de los 115 años del club".
-El equipo de Colón en sí. "En ningún momento el equipo tuvo tiempo de consolidarse desde lo futbolístico. La triple o doble competencia, que es lo que todos quieren porque te da jerarquía y más ingresos al club, es el ámbito más complicado para los entrenadores. No teníamos tantas ideas afianzadas y al jugar cada tres días uno no tiene tiempo para reforzar los fundamentos y darle un estilo de juego. Así y todo, se llegó muy lejos".
-El famoso partido en "La Olla" de Paraguay. "Lo de la final lo pongo en un párrafo aparte, se terminó desdibujando, jugamos en un campo lleno de agua y hubo muchos imponderables. No supimos cómo dar vuelta el partido en una cancha anegada. En las cinco llaves previas, salvo contra Municipal al que le ganamos los dos partidos, en todas las demás (River de Uruguay, Argentinos, Zulia, Atlético Mineiro) siempre fuimos en desventaja y lo dimos vuelta. Cuando el equipo se veía en esa situación comprometida, sacaba su mejor fútbol. Y la final no nos permitió eso".
-La relación con Vignatti, el presidente. "Vignatti, que es una persona que tiene tantos años en el fútbol, ha visto muchos entrenadores, ha tratado a mucha gente y, sin dudas, él se debe sentir más cómodo tratando de determinada manera la relación con los jugadores y técnicos. Soy de otra generación, tengo otra visión de lo que debe ser el proyecto de fútbol de un club. Muchas veces no estábamos de acuerdo con el rumbo y eso no permitió que fluyera la relación de buen modo. Más allá de que no teníamos tanto contacto, porque con el presidente hablaba una vez por semana o cada diez días, y ahí no coincidíamos. Pancho Ferraro nos ayudó porque fue los ojos de la comisión directiva; él veía cómo funcionaba el equipo. Fue rara la relación con Vignatti desde el principio, y aunque no era la más cómoda para nosotros ni para la dirigencia, el equipo llegó hasta un lugar privilegiado".
¿Cómo fue que decidiste hacerte evangelista?, le pregunta Clarín. "Fue una situación que viví mucho antes de mi retiro. Tenía 30 años y me tocó llegar a México. Los chicos y mi señora se quedaron en Buenos Aires y esa situación me generó una gran depresión. Todo lo que parecía muy bueno en mi vida, como mi matrimonio, mi familia, mi economía, en algún momento no le empecé a encontrar sentido. Sentí el vacío aún jugando y encontré en Dios el refugio y la contención que necesitaba, me hizo salir del pozo. Llegué a tener ataques de pánico, a dormir con las luces prendidas en toda mi casa, a estar encerrado en mi cuarto por miedos y angustias".
"Fueron momentos complicados. No sólo llegué a pensar que ya no tenía sentido seguir jugando al fútbol, también, que la vida no tenía sentido. Si esa depresión se hubiera prolongado un par de meses más, no sé si estaríamos haciendo esta nota. Porque ya había empezado a preguntarme si estaría bueno seguir viviendo. Si yo tenía todo eso que había soñado de chiquito y no lo podía disfrutar, ¿qué más me quedaba? Seguramente esos pensamientos me iban a llevar a cualquier cosa. Entonces, Dios me ayudó muchísimo y justo mi familia pudo volver a México. Quizá la salida hubiera sido trágica. Hay muchos chicos que sufrieron dificultades, se me vienen a la cabeza (Mirko) Saric, el chico de San Lorenzo, o el caso de (Sergio) Schulmeister, que fue compañero mío en Huracán, muchachos que se quitaron la vida a pesar de tenerlo todo por problemas momentáneos. Yo sé que Dios me escucha y eso me deja tranquilo", agregó Lavallén.
Celis vuelve a Colombia: Tolima
El todocampista colombiano, Guillermo Celis, que se desvinculó de Colón el pasado 30 de junio, volverá a jugar en el fútbol de su país. El jugador, de 27 años y cuyo pase es del Vitoria Guimaraes de Portugal, llegó a un acuerdo con el Deportes Tolima de Colombia, por lo que será nuevo refuerzo en su propia tierra.
Con excelentes antecedentes (jugador de Selección), pero perseguido por las lesiones en el Mundo Colón, Celis apenas pudo completar 14 partido con la camiseta rojinegra, sin poder marcar goles.
"El jugador Guillermo Celis, mediocampista procedente del Colón de Argentina, es esperado en nuestra ciudad el próximo 23 de agosto para realizar exámenes médicos y así unirse a nuestra plantilla",comunicó oficialmente el Deportes Tolima.
Será su tercera casaca colombiana oficial, ya que antes jugó en el popular Junior de Barranquilla y también en el Barranquilla Fútbol Club (dos veces en cada club). En el 2016 fue transferido al Benfica de Portugal, luego pasó al Vitoria Guimaraes del mismo país, hasta que en enero del año pasado fue Comesaña el que lo recomendó para que llegara a Colón como refuerzo.