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Martes 10.11.2020 - Última actualización - 4:46
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Realidades de la vida cotidiana

El problema no es el dólar, el problema es el peso

La inflación del peso argentino hizo, como tantas otras veces en la historia económica del país, que las monedas tengan un bajo poder adquisitivo y, con ello, poca utilidad.

 Crédito: Archivo
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Realidades de la vida cotidiana El problema no es el dólar, el problema es el peso La inflación del peso argentino hizo, como tantas otras veces en la historia económica del país, que las monedas tengan un bajo poder adquisitivo y, con ello, poca utilidad.

El inversor argentino se convenció -finalmente- de que su problema, el que le genera noches de insomnio, no es el dólar sino el peso. Hay una cuestión principal a mirar detenidamente: el rechazo de los argentinos a la divisa nacional. La conclusión es categórica: Nadie quiere pesos. Y hay razones que lo podrían justificar: el peso argentino es la moneda que más se devaluó en la región durante la pandemia por el Covid-19. Y que nuestra moneda pierda valor frente al dólar de forma constante no es ni siquiera algo que nos sorprenda.

 

A muchas personas de distintos países les llama la atención cómo aquí la gente comienza sus jornadas revisando la cotización del dólar y otros datos financieros, casi de manera "religiosa". Es que hay una necesidad de preservar los ahorros para tratar de pelearle a la inflación. Por eso, recurrir a la divisa estadounidense es una práctica muy habitual para resguardar el dinero. No hay analista económico que no deje de sostener que el argentino que puede ahorrar, lo hace en dólares. El director ejecutivo de la consultora Labour, Capital & Growth (LCG), Guido Lorenzo, lo explicó adecuadamente: "No es una cuestión cultural, es que la nominalidad (valor asignado a bienes, títulos u otros activos) es tan elevada que uno no puede proyectar retornos en pesos. Por lo tanto, una de las funciones de la moneda, la reserva de valor, se pierde y el dólar le rivaliza ese espacio", subrayó.

 

Yo... arandela

 

La última serie acuñada: "Árboles", ya fue superada por la inflación. Foto: Archivo

 

Un caso -quizá emblemático- es el que podemos mostrar hoy: una arandela (hay de chapa, vulcanizadas, de acero inoxidable, de cobre, de aluminio, etc.) para ajustar un bulón o un tornillo, de un diámetro similar a las monedas, por ejemplo, de 10 pesos argentinos, cuesta en las ferreterías un promedio de 15 pesos. Por lo tanto, si uno ingresa al mundo de las comparaciones, con una moneda de 10 pesos puedo "fabricar" una arandela a menor costo. Ni pensar lo que podríamos lograr con monedas de menor denominación. Tengamos en cuenta cuántas monedas metálicas del mayor valor en la Argentina -la de $ 10- debemos reunir para adquirir un dólar oficial sin impuestos ($ 84). La cuenta es más abultada si miramos las cotizaciones paralelas.

 

 

Otro dato más: hoy en la Argentina, fabricar una moneda de 1 peso cuesta más que 1 peso. Porque a pesar que en 2017 se lanzó una línea más liviana y con metales menos onerosos, la inflación y la devaluación llevaron, una vez más, a que el precio de acuñación supere al valor en dinero, como sucede con las nominaciones metálicas "Arboles de la República Argentina" de 1 peso (jacarandá), 2 pesos (palo borracho), 5 pesos (arrayán) y 10 pesos (caldén). Menos de tres años después, la inflación lo hizo de nuevo: por ejemplo: fabricar la todavía nueva moneda de 1 peso, de color rojizo y con la imagen de un jacarandá, cuesta más que 1 peso.

 

Un trabajo al que accedió este diario, explicó dos meses atrás que el costo del "cospel", como se llama al disco metálico sin acuñar, oscila entre 2 y 2,5 centavos de dólar para las monedas de 1, 2 y 5 pesos. Esas 3 monedas están hechas en "acero electrodepositado" con cobre, latón y níquel, respectivamente. La moneda de $ 10, en cambio, está acuñada en alpaca y pesa 9 gramos, el doble que la de $ 1.

 

El BCRA se prepara para lanzar un billete de $ 5.000 porque el actual máximo de $ 1.000 no alcanza siquiera para adquirir U$ S 8 para ahorro, cuando en el mundo es moneda corriente que las nominaciones más altas en manos del público sean equivalentes a 15 o 25 veces más.

 

Si faltan monedas es porque las funden ya que el metal representa seis veces más que su valor nominal.

 

En circulación

Hasta hace unos pocos meses, en la economía argentina circulaban 49,8 millones de monedas de 10 pesos, 179,9 millones de 5 pesos, 929,5 millones de 2 pesos y 1.874,1 millones de 1 peso.

 

Los ceros que se bajaron

 

Esta es la crónica pocas veces mencionada de la inflación. La serie de los ceros perdidos o devaluados, es larga. En 1970 se inauguró la denominación "peso ley 18.188". Un peso ley equivalía a 100 pesos moneda nacional. Dos ceros menos: en junio de 1983 nació el peso argentino: una unidad equivalía a 10.000 "pesos ley".

 

Cuatro ceros tachados: dos años después, ya en democracia, apareció el Austral: un Austral equivalía a 1.000 pesos argentinos. Salieron tres ceros.

 

En 1992 nació el peso convertible, que era igual a 10.000 australes y a un dólar. Otros cuatro ceros borrados. Total: 13 ceros.

 

Así, desde 2002, el peso dejó de estar atado al dólar. Y hoy, "blue" de por medio, la historia que irá a los museos se sigue escribiendo.

 

Lo que generó el costo

 

Las monedas "bimetálicas" de 1 y 2 pesos de la serie anterior, aún en circulación, con el centro dorado y el anillo plateado y viceversa, están hechas en una aleación de cobre y níquel. Su costo se había vuelto tan elevado en 2017 que esos metales debieron ser reemplazados por los actuales.

 

El costo se compone de ese contenido metálico, valuado en dólares, y del precio de la acuñación, que no es alto y se fija en pesos. Una vez que la moneda fue acuñada en la Casa de la Moneda y entregada al Banco Central aparece otro costo muy relevante: la logística. Esto está claro: comerciantes, quiosqueros y pymes, en especial en el interior del país, se quejan de la falta de monedas para dar vueltos en las operaciones cotidianas. Por pedido de esos sectores se demoró la salida de circulación del billete de $ 5: los comerciantes decían que no había monedas para reemplazarlos.

 

La moneda de 10 pesos tiene un costo aproximado en metal de 3,50 pesos, al que hay que añadirle la acuñación y lo más caro: su distribución.

 

Para agilizar la entrega de monedas, el Bcra armó un sistema de distribución directa a los comercios, que pueden llevarse un tambor con 100.000 monedas y transferir el importe directamente al Central, sin pasar por un banco.

 

Pero transportar monedas tiene su costo: pesan mucho, valen poco, hoy los bancos no las necesitan y requieren mucha seguridad, ya que, como se sabe, se trata de dinero.

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