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Domingo 14.03.2021 - Última actualización - 15.03.2021 - 21:41
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El barbijo de la Justicia

En la apertura del año judicial, el contexto de pandemia resignificó los ejes centrales del habitual discurso, y ancló diplomáticamente en cuestiones de acuciante (y polémica) actualidad.

 Crédito: Mauricio Garín
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El barbijo de la Justicia En la apertura del año judicial, el contexto de pandemia resignificó los ejes centrales del habitual discurso, y ancló diplomáticamente en cuestiones de acuciante (y polémica) actualidad. En la apertura del año judicial, el contexto de pandemia resignificó los ejes centrales del habitual discurso, y ancló diplomáticamente en cuestiones de acuciante (y polémica) actualidad.

La primera metáfora fue visual. Un puñado de personas ocupando escasamente el Salón de Actos de la Corte Suprema de Justicia de la Provincia, en sillas separadas y con barbijo. Una foto representativa de los tres poderes del Estado en contexto de pandemia, de cara a los miembros del Alto Tribunal y el gobernador de la provincia, pertrechados también con el tapabocas de rigor.

 

Los ejes clásicos sobre la división de atribuciones y competencias, la necesaria colaboración en función del bien común, junto a la preservación de los roles constitucionales, sustentaron el tradicional discurso de apertura del Año Judicial, a cargo del actual titular de la Corte, Roberto Falistocco. Pero también se vieron resignificados en el contexto de pandemia, que ese salón semivacío, donde también asumía nuevos ribetes la expresión "protocolo", ponía en escena.

 

Es así como se refirió tanto a la exigencia a los jueces, redoblada por el imperativo de los derechos sociales, como a la necesaria orientación del reclamo a quien corresponda en cada caso. La cuestión de la colaboración entre poderes, con la activa participación de las instituciones intermedias del campo jurídico, quedó también plasmada en la firma de un Acta Acuerdo para establecer una agenda para la Justicia que opere como política de Estado. Y el desenvolvimiento de los tribunales durante los períodos de aislamiento y distanciamiento social, objeto de incendiarias polémicas durante todo el año pasado, fue destacado por el presidente de la Corte a fuerza de estadísticas.

 

Pero el anclaje de actualidad también recaló en otras materias, con la mesura y la prudencia propias de una alocución de esta naturaleza, pero tomando nota de su trascendencia y de la inexcusabilidad de soslayarlas. "La solidez y calidad de la función judicial depende de modo directo de la garantía de la independencia judicial en todo el país. En este sentido, el primer paso lo constituye el fortalecimiento de la independencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación", enunció Falistocco, como quien recita un manual básico de Derecho Constitucional. Pero consideró oportuno hacer un desagregado, en el sentido de que a la hora de evaluar el desempeño de los magistrados "cabe separar los disensos de las descalificaciones y avasallamientos"; admitiendo los primeros y advirtiendo que "algo muy distinto es la descalificación mediante generalizaciones que engendran deslegitimación y debilitamiento de los sistemas judiciales". Todo pocas horas después de que el presidente de la Nación arremetiese contra los ministros de la Corte nacional, y en momentos en que en la provincia se desata una fuerte puja de poder por el control a los fiscales y las facultades de éstos frente a quienes ostentan cargos legislativos.

 

El otro anclaje estuvo dado de cara a las manifestaciones que, el día anterior, habían reclamado en todo el país por una apropiada respuesta judicial a los casos de violencia de género (reclamo aviesamente incorporado también al sustento de la reforma judicial que se propicia desde el gobierno nacional). "Las políticas hacia dentro y hacia fuera del sistema de justicia deben revisarse", asumió Falistocco, y dejó sentado que "si no se incorpora la perspectiva de género en la toma de decisiones judiciales seguiremos fracasando en la lucha por la igualdad real de las mujeres". A lo que luego añadió los avances que en la Justicia santafesina ya se habían implementado en orden a la implementación de la ley Micaela, antes de que el gobierno nacional reclamara al respecto.

 

La referencia de actualidad final también asumió el formato de una metáfora, que causó algún revuelto y no poco desconcierto entre quienes seguían el discurso. Y fue cuando se remitió a la anécdota de Heróstrato, el pastor que quemó el templo de Artemisa sólo para cobrar notoriedad, para ilustrar, como un signo de época, la extendida existencia de "un trastorno, según el cuál alguien busca sobresalir, ser centro de atención, aunque sea quemando una institución". Polémicas incendiarias aparte, una pandemia preexistente y seguramente superviviente a la que hoy nos ocupa.

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