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Miércoles 14.04.2021 - Última actualización - 14:27
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Infancia y salud (por Jorge Bello)

La importancia del sexto dedo

Imagen ilustrativa Crédito: ArchivoImagen ilustrativa
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Infancia y salud (por Jorge Bello) La importancia del sexto dedo Zaid nació con un dedo de más. Debían sacarlo antes de comenzar las clases de preescolar para no provocar polémica. Llegó la pandemia, la cirugía se suspendió y el niño llegó a la escuela con su sexto dedo. El éxito fue inmediato.

Por Jorge Bello

 

Me reservo el nombre del niño, que aquí llamaré Zaid para indicar que pertenece a una minoría étnica, la musulmana. Nació en Barcelona con un dedo de más. Un dedo sexto, pequeño, sin duda simpático, que pende flácido y que está sujeto a la parte media del pulgar.

 

Recién nacido, cuando su madre le ofrecía la primera toma del pecho, Zaid se presentó ante sus padres con un sexto dedo en la mano derecha. No sé si lo consideraron un signo de buen augurio, o algo inútil que cabe extirpar, pero sí sé que la enfermera que le ayudaba con aquella primera toma del pecho le dijo a la madre que aquel dedo no era ni bueno ni malo, pero sobraba.

 

Aunque minúsculo, el dedo sexto se veía completo con sus dos falanges bien articuladas entre sí. Al igual que los otros dedos, éste también lucía una uña transparente y de extremo afilado. Pero a diferencia de ellos, este dedo sexto carecía de movimiento propio, y así yacía péndulo.

 

Vino el médico y con autoridad les explicó que se trataba de un dedo muerto, incapaz de funcionar, incapaz de crecer, inútil. Se equivocaba este pediatra, porque el dedo creció, feliz, junto con Zaid, también feliz, y le resultó útil y hasta divertido. Les dijo que habría que extirparlo más adelante, después de los dos años pero antes de los tres, para que el niño no comenzara las clases de preescolar con un dedo que sin duda provocaría malas sensaciones, y polémica.

 

Poco a poco, Zaid fue sabiendo que no era un niño como los demás. Todos querían verle la mano derecha y el dedo extra, y él aprendió a mostrarlo como quien muestra la medalla que lo hace mejor. Conforme Zaid crecía, en igual proporción le crecía su dedo sexto, y su madre aprendió a cortarle las uñas a seis dedos derechos y a cinco izquierdos.

 

El sexto dedo de la mano de "Zaid".Foto: Archivo

 

 

 

Entonces llegó la pandemia. Y por causa de la pandemia, según la voz oficial, siempre difícil de creer, quedó anulada la operación que estaba prevista para extirparle el dedo sexto. Alguien consideró que no era operación esencial, y sin más la anuló, y por carta lo comunicó a la familia.

 

El confinamiento, y las clases fueron suspendidas porque la voz oficial, presa del pánico y del balbuceo, las consideró peligrosas. La autoridad volvía a equivocarse. En efecto, en septiembre de 2020, pese a que la pandemia continuaba sin control, las clases recomenzaron. Y Zaid empezó el primer año de preescolar. Tenía entonces tres años y cuatro meses.

 

El éxito fue inmediato. Los compañeros de su grupo burbuja admiraban sin disimulo el sexto dedo de la mano derecha de Zaid, e insistían en querer tocarlo, incluso acariciarlo. Zaid, orgulloso, vivía del éxito. Corrió el rumor de que tenía un dedo bebé.

 

Rápido, la fama de Zaid trascendió los estrechos límites de la clase porque los niños les explicaban a sus padres la condición fenomenal del amigo Zaid, y estos padres a su vez lo comentaban entre ellos, y con los vecinos.

 

El rumor y la fama llegaron también a las otras clases del colegio. Como no compartían el rato del patio ni el rato del comedor, no fueron pocos los que se le acercaban a la salida del colegio, y en la vereda le pedían de ver dedo tan curioso. Su madre, protectora, evitaba estos contactos y sin perder ni un minuto traía el niño de vuelta a casa no sin antes darle una banana como merienda, que con avidez comía Zaid con su mano de seis dedos.

 

Pero para cuando llegaron las vacaciones de invierno, todos en clase estaban acostumbrados a ver un dedo de más y ya nadie le prestaba atención. Todos habían aprendido que el éxito no depende de aquello que tengas, sino de aquello que sos. Zaid siguió siendo, por supuesto, un niño extrovertido y conversador, alto y delgado, de ojos negros y vivaces, cariñoso.

 

En su clase de preescolar el ambiente es de lo más variopinto porque, y esto no es casualidad, allí conviven niños locales con otros dos musulmanes, dos que son africanos, una niña de origen chino y dos o tres sudamericanos. Lejos de ser un problema, la diferencia los enriquece, les abre los ojos, y el pensamiento.

 

Al final, aprovechando las vacaciones de invierno y mientras afuera la pandemia arreciaba, en el hospital regional le extirparon a Zaid su dedo sexto. No pareció importarle en absoluto.

 

Cuando volvió al colegio, nadie reparó en que a la clase le faltaba un dedo. Ya habían aprendido que aquello que vale son las personas, más allá de su aspecto, y no aquello que tienen, o que de pronto dejan de tener.

 

Y yo entendí una vez más que la escuela es más importante de lo que parece. Es el crisol donde se cuece la vida misma. Y donde todos aprenden a la vez que enseñan.

 

(*) www.bello.cat

 

En la clase conviven niños locales con otros dos musulmanes, dos que son africanos, una niña de origen chino y dos o tres sudamericanos. Lejos de ser un problema, la diferencia los enriquece, les abre los ojos, y el pensamiento.

Para cuando llegaron las vacaciones de invierno, todos en clase estaban acostumbrados a ver un dedo de más y ya nadie le prestaba atención. Todos habían aprendido que el éxito no depende de aquello que tengas, sino de aquello que sos.

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