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Lunes 03.05.2021 - Última actualización - 9:05
8:49

En el sur provincial

"Tutti" Jauregui: "Me salvaron la vida y vuelvo a ser una persona normal"

A horas de haber llegado a su pueblo, Branco “Tutti” Jauregui está más que contento. Se le nota en la mirada, en la voz y en su cara. Fue recibido como un héroe en su pueblo, con caravana incluida. Festeja nada menos que tener un corazón nuevo y volver a vivir. También sueña con participar de los Juegos Olímpicos para trasplantados.

 Crédito: Gentileza
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En el sur provincial "Tutti" Jauregui: "Me salvaron la vida y vuelvo a ser una persona normal" A horas de haber llegado a su pueblo, Branco “Tutti” Jauregui está más que contento. Se le nota en la mirada, en la voz y en su cara. Fue recibido como un héroe en su pueblo, con caravana incluida. Festeja nada menos que tener un corazón nuevo y volver a vivir. También sueña con participar de los Juegos Olímpicos para trasplantados.

Con 21 años, Branco “Tutti” Jauregui, tiene más que una historia de vida para contar en Carreras (departamento General López), la localidad de donde es oriundo. Lo que empezó como un contagio de COVID-19, aceleró un proceso que se estaba dando en el interior de su cuerpo y que hoy hace que sea una de las pocas personas trasplantadas del corazón que hay en el sur provincial.

 

Las páginas empezaron a escribirse en septiembre del 2020, cuando su familia y él resultaron positivos de coronavirus. Estuvo los primeros 15 días sin síntomas graves y a los 2 días del alta, empezó con tos fuerte y fiebre. “No me di cuenta de lo que estaba pasando hasta que el catarro apareció con sangre”, contó.

 

 

 

 

Desde entonces, siempre estuvo en contacto con médicos. Estuvo primero en la vecina localidad de Alcorta, donde lo medicaron por una neumonía mal curada y problemas en el pulmón, porque una placa radiográfica indicaba que tenía líquido en esa zona. Pero ese tratamiento no resultó.

 

 

Ahí la situación cambió y fue más dramática. Ya no podía dormir, le costaba comer y literalmente no se levantaba de la cama. “Cuando no pude más, fuimos a Firmat con mi familia y en 2 horas me dijeron que el problema era del corazón. Me derivaron a Rosario, donde me estabilizaron y estuve bien hasta el 30 diciembre, porque nuevamente recaí”.

 

A Buenos Aires por tiempo indeterminado

 

Para entonces, la retención de líquido que tenía en el cuerpo no le dejaba verse las rodillas ni los tobillos. Su corazón estaba rodeado de líquido y por eso no se movía como corresponde. Ese fue el momento donde le aconsejaron buscar especialistas en la Capital Federal, más precisamente en la Fundación Favaloro.

 

“Consulté con la sobrina de René Favaloro, Liliana, el 22 de enero y ya no volví más a Carreras. La obra social me derivó al Hospital Italiano, donde quedé internado. Al segundo día me dijeron que lo mío era irreversible y que necesitaba un trasplante para seguir viviendo”, relató.

 

 

 

 

Indirectamente, lo fueron preparando. Con asistencia profesional, le bajaron el mensaje para que de a poco lo fuese aceptando. Ingresó a lista nacional de trasplantes y a los 4 días estaba en condición de emergencia nacional y primero en orden de urgencias: “Con 21 años y toda una vida por delante no entendía por qué me pasaba esto. Hago deportes, en mi familia no hay antecedentes. Pensaba mucho. Por eso hoy digo que me salvaron la vida. Vuelvo a ser una persona normal y estoy tan contento”.

 

Todavía no hay abrazos

 

“Tutti”, explicó que al estudiar su corazón, los médicos vieron que había muchas cicatrices: “Estaba desgastado y dilatado. No creen que haya sido causa directa del COVID-19, pero sí que aceleró el proceso. Si no fuera ahora, en 2 o 3 años podría pasar. Resultó ser una patología que estaba desarrollada. Fue de un día para otro y no me pude dar cuenta de nada”.

 

Branco despertó 36 horas después de la cirugía. Apenas abrió los ojos estaba rodeado de profesionales. Su corazón iba a una velocidad mucho más intensa que la de una persona normal. “Una vez que me desperté no me dormí más. Seguía sedado, pero me acuerdo incluso la sensación cuando me quitaron el tubo de oxigeno que fue fea pero necesaria. Y también que temblaba porque la frecuencia cardiaca iba muy rápido. Ahí me asusté porque vi que mi corazón funcionaba”, explicó.

 

Y es que la misma medicación y la frecuencia del nuevo corazón tienen que estar a otro “ritmo” para que el órgano se estimule los primeros días. “Girar la cabeza y ver la cicatriz fue algo impactante. Era encontrarme con drenajes, cables. No tenía idea de que fuera tanto. No me lo esperaba. Después me fui acostumbrando”.

 

Estos primeros meses son de cuidados extremos. Al margen de las recomendaciones propias por la época de pandemia, tiene que tener especiales recaudos en su vida diaria hasta en las comidas. Ya puede caminar, correr y andar en bici, pero sin esfuerzos. “Mi cuerpo no tiene defensas a causa de la medicación”, remarcó.

 

Cada 25 días tiene turnos para biopsias, luego análisis por la medicación que toma, control de la piel, gastroenterólogo y nutricionista, entre otros. “Es muy serio pero lo peor ya pasó. Ahora retome la facultad para terminar Educación Física. Voy a hacer deportes sin contacto y me gustaría participar de los Juegos Olímpicos para personas trasplantadas”, adelantó.

 

En cuanto a la familia del donante (un joven de 16 años de Salta que falleció en un accidente de tránsito), no tuvo contacto directo sino por terceros. “Si algún día quieren conocerme, me encantaría. Se que no es fácil para ellos. Me salvaron la vida en su momento más doloroso. Donaron órganos, pensaron en mí y otras 8 personas más. Son mi segunda familia”.

 

“Hoy me levanto con alegría. Cada día que pasa es una batalla ganada, un día más que tengo la posibilidad de vivir. Paso el tiempo con mis seres queridos y no lo pierdo. Agradezco siempre a quienes hicieron fuerza. Mi vida cambió por completo. La pasé muy y mal y volví a nacer”.

 

Y cerró: “Antes del trasplante lloraba de impotencia. Hoy recuerdo todo y lloro, pero de felicidad”.

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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Autor:

Pablo Rodríguez


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