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Viernes 08.10.2021 - Última actualización - 16:09
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“Los Micromundos de Brass”

Un espacio para el no control

El espectáculo escénico-musical creado por Martin Testoni Almirón (conocido por su trayectoria en Motta, Hugo & Los Gemelos y La Fanfarria Ambulante, entre otros proyectos) llega este domingo a la Sala a la Sala Mayor del Teatro Municipal 1° de Mayo de la capital santafesina. En diálogo con El Litoral, el protagonista recorrió su universo de realismo mágico, fusión musical y clown.

El personaje de Testoni “evoca en un punto al Ermitaño del Tarot: hay una mitología y una cuestión muy mística. Y se va sacando capas de ropa, se va transformando a medida que la música se va calentando y evolucionando”. Crédito: Gentileza producciónEl personaje de Testoni “evoca en un punto al Ermitaño del Tarot: hay una mitología y una cuestión muy mística. Y se va sacando capas de ropa, se va transformando a medida que la música se va calentando y evolucionando”.
Crédito: Gentileza producción

El personaje de Testoni “evoca en un punto al Ermitaño del Tarot: hay una mitología y una cuestión muy mística. Y se va sacando capas de ropa, se va transformando a medida que la música se va calentando y evolucionando”. Crédito: Gentileza producción

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“Los Micromundos de Brass” Un espacio para el no control “Los Micromundos de Brass”, el espectáculo escénico-musical creado por Martin Testoni Almirón (conocido por su trayectoria en Motta, Hugo & Los Gemelos y La Fanfarria Ambulante, entre otros proyectos) llega este domingo a la Sala a la Sala Mayor del Teatro Municipal 1° de Mayo de la capital santafesina. En diálogo con El Litoral, el protagonista recorrió su universo de realismo mágico, fusión musical y clown. El espectáculo escénico-musical creado por Martin Testoni Almirón (conocido por su trayectoria en Motta, Hugo & Los Gemelos y La Fanfarria Ambulante, entre otros proyectos) llega este domingo a la Sala a la Sala Mayor del Teatro Municipal 1° de Mayo de la capital santafesina. En diálogo con El Litoral, el protagonista recorrió su universo de realismo mágico, fusión musical y clown.

 

Este domingo desde las 20, en la Sala Mayor del Teatro Municipal 1° de Mayo (San Martín 2020), se presentará el espectáculo “Los Micromundos de Brass”. Se trata de un espectáculo escénico-musical creado por Martin Testoni Almirón, donde se ponen en juego diversas disciplinas como la música, clown, arte escénico y visual, para presentar los fantásticos mundos que su personaje viajero va visitando.

 

El proyecto musical está conformado por Testoni como compositor y productor general, junto con Matías Lemos (teclados) y Marcos Demartini (batería y coproducción musical), quienes fusionan sus conocimientos desde lo académico clásico, pasando por la improvisación del jazz, hasta llegar a las géneros populares nacionales. El equipo escenotécnico se completa con Maia Esquivel (directora general), Manuel Orellana (iluminador) y Federico Zurbriggen (sonidista).

 

Las entradas están disponibles en la boletería de la sala. Antes de la presentación, El Litoral dialogó con el joven creador, para zambullirse en este mundo místico y personal.

 

 

Trayectoria

 

-¿Cómo surgió la idea de “Los Micromundos de Brass” como espectáculo escénico-musical integral, que a su vez está integrado por el “micromundo” de cada canción?

 

-Surgió esta idea del artista de decir algo propio: lo que más me motivó fue la idea de que, después de diez años de estar en proyectos donde hemos sido intérpretes y arregladores, compositores también pero a nivel grupal, creo que llegó un momento de mi maduración como ser de decir algo muy propio, de sacar cosas propias. Entonces “Los Micromundos de Brass” es como un espacio propio donde me permito ser muy libre a la hora de la creación, y ahí está plasmada toda mi historia: está lo escénico, lo visual, amén de lo musical.

 

-Venís de una experiencia con Hugo & Los Gemelos, La Fanfarria Ambulante, donde estaba todo integrado: desde la búsqueda musical hasta la presencia escénica.

 

-Sí creo que esos dos grupos son los que más me nutrieron y dónde más aprendí de lo que es la fusión de diferentes disciplinas. En el caso de Los Gemelos lo que es la actuación, lo escénico de los actores; y lo interesante de lo musical vinculado a eso, como algo pensado en su totalidad: que no sea una cosa tan disociada.

 

En La Fanfarria éramos todos todo: y ahí el clown en vez del teatro, como lo que hacía el “Laucha” (Lautaro) Ruatta: en La Fanfarria es más una fusión con el clown. Qué me identifica más: en La Fanfarria encontré un personaje propio, un personaje que tenía quizás un poco reprimido o guardado, que me voló la cabeza.

 

-Sí: el lenguaje del clown implica, más allá de técnicas, encontrar el propio clown, encontrar algo dentro de uno.

 

-Sí, tiene cosas muy interesantes el lenguaje del clown para sumar a eso. Una es el humor: vos tenés que decir algo pero va a estar relacionado siempre por medio del humor; Y ese humor está totalmente vinculado con el público: no hay humor si no hay público que se identifique con ese humor.

 

El Festiclown fue para mí un lugar de estudio, no solamente un escenario y un lugar de experimentación y de show: en cada Festiclown tomaba todos los talleres, estaba metido durante toda la semana. Y eso me hizo aprender mucho de ese lenguaje; ahí lo decían los grandes maestros: vos salís con un gag, con un chiste; si eso no funciona (si, por dar un ejemplo tonto, ves que con los chistes sexistas la gente no se ríe mas), vas a tener que dejar de hacer esos chistes y tomar otra cosa, hasta encontrar dónde el público se siente cómodo con el espectáculo. Y eso es tremendo, porque tenés que estar muy flexible, muy atento al público.

 

-Es una sintonía.

 

-Exacto, al punto de que tenés que (a veces más y a veces menos) cambiar el guión: si realmente tú público no se está riendo con lo que está viendo, en vez de sacar de la valija la nariz vas a sacar otras cosas. Es una comunicación.

 

 

“Lo lindo es que todo lo que van a ver, todo lo que está en ‘Los Micromundos’ se desprende de las canciones”, cuenta Martín.Foto: Gentileza producción

 

 

Compañeros

 

 

-¿Cómo fue desarrollar la composición y el arreglo de la parte musical, que interpretás junto a Matías Lemos y Marcos Demartini?

 

-Los primeros dos “Micromundos” que hice con banda fueron en marzo, en El Solar de las Artes, y  estaba con otro equipo, otros músicos: el Nico Bordón, Luquitas Fornillo, Lara Ajún, el Plinky Baima y Srta. Miraflores.

 

Fue un re esfuerzo armar toda esa música con ese equipo, porque ya era una idea de mis músicas, una curaduría propia. Los chicos estaban muy en otra ya, cada uno como en mil proyectos, como siempre pasa; y al final se fueron bajando. Tuve que buscar un equipo nuevo: fue tremendo eso, por la energía que me demandó armarlo; pero como todo, me dio mucha experiencia ese primer armado para después buscar otra gente. En Santa Fe somos más o menos siempre los mismos, y no es fácil armar un equipo nuevo que encima sea distinto.

 

-Que es el karma de un solista.

 

-Además: nunca lo había experimentado. Por eso digo que “Los Micromundos” es un lugar de experimentación total, dónde me la doy contra la pared, y me armo una puerta, y salgo por la ventana; mientras voy tratando de no morir en el intento (risas).

 

El Mati es un hermano musical, con el que desde Motta, hace ya unos buenos años atrás, hemos compartido muchos escenarios. Y siempre linkeamos muy bien: ¿viste cuando con alguien te entendés musicalmente, ya te conocés? Y el Mati estaba tocando con Marquitos, tienen una especie de duro de improvisación. Y así: “Vamos a llamarlo a Marcos”. Yo lo conocía, pero estaba medio guardado Marcos. Fue tremendo encontrarlo, porque encontrar teclado, bajo y batería nuevos es re difícil.

 

-¿Cómo fue el trabajo junto a Maia Esquivel para la parte escénica, y cuál fue el aporte de ella a la hora de definir el producto final?

 

-Con Maia estábamos viviendo juntos, en la misma casa. Así que creo que ese fue el puntapié inicial: ella es egresada de la Escuela de Teatro, entonces tiene bastante conocimiento de lo que es el teatro en general, con lo que es también la puesta en escena y la cuestión de la iluminación y la escenografía. Por tener desarrollado todo ese aspecto, que a mí me interesaba mucho, me empezó a dar una mano, como una persona que te escucha y te da devoluciones, te ayuda a darle forma.

 

Y así fue: muy natural, en casa nomás fuimos armando, con ella escuchando mis canciones. Lo lindo es que todo lo que van a ver, todo lo que está en “Los Micromundos” se desprende de las canciones.

 

-La base está en lo musical y de ahí se va abriendo.

 

-Exacto. Es para mí muy importante decirlo, porque yo soy medio multifacético, pero las otras artes las tocó más de oído: no es que haya estudiado (si bien el clown podría decirse que sí, pero más informal). Hace dos meses me recibí de licenciado en saxo; entonces de la música si puedo hablar de otra manera: ahí sí vamos a hablar el lenguaje, o por lo menos con quien pueda comunicarme así, con los músicos.

 

 

Para el creador, “es como un espacio propio donde me permito ser muy libre a la hora de la creación, y ahí está plasmada toda mi historia: está lo escénico, lo visual, amén de lo musical”.Foto: Gentileza producción

 

 

Definiciones

 

 

-Jugabas con palabras clave para definir el espectáculo: “retrofuturista”, “realismo mágico” y “expresionismo”. ¿Cómo se expresan cada una de ellas en el espectáculo, y cómo las pensás en términos musicales?

 

-“Retrofuturista” tiene que ver con el concepto de lo analógico y lo digital, podría ser. Volviendo a lo musical, la gente lo que ve (por lo que me ha dicho en devoluciones) es un trío de jazz, ven una formación al estilo Barrio Latino (risas). Ahí está lo retro, porque son instrumentos acústicos; lo futurista está en todos los procesos que le hacemos a los instrumentos. Y ahí están los técnicos: trabajo con un sonidista, el “Tuna” (Federico) Zurbriggen; un maestro, un genio de poder llevar a los parlantes, a la amplificación, el sonido puro. Después en lo lumínico y lo escenográfico también está ese concepto: que haya cosas que son como lámparas antiguas, y también las luces LED, controladas por una computadora automatizada.

 

A “realismo mágico” me lo dijo la gente, y me encantó. Porque está esta cuestión de que es un personaje (no soy yo como en Motta, con una camisa nomás): entra muy místico, con mucho humo. Evoca en un punto al Ermitaño del Tarot: hay una mitología y una cuestión muy mística. Y se va sacando capas de ropa, se va transformando a medida que la música se va calentando y evolucionando.

 

“Expresionismo” tiene que ver con la cuestión de la iluminación: de generar desde la iluminación ciertas sensaciones para magnificar qué queremos decir. Está relacionado a lo lumínico, a poder enfocar qué queremos mostrar y a la vez generar más impacto: como el tema de las sombras, enfocar con luces las caras. Hay mucho de eso.

 

-Hablabas del “espacio cuidado para el no control, que es distinto al descontrol”. Por ahí la clave de lo lúdico, de todo juego, pasa por esto de dejarse llevar pero dentro de ciertas reglas.

 

-Sí, va por ahí: eso es como un lema de mi espacio, de lo que estoy creando. Necesito un espacio cuidado para descontrolarme (risas); que haya gente que esté al lado acompañándome, para poder dejar de pensar; y no sentir que caer del escenario, que se me va a salir el cable del micrófono. Ahí está todo este trabajo de producción.

 

-Poder permitirte sintonizar y estar muy pendiente, pero muy contenido.

 

-A este nivel creo que estoy creando algo, que son cosas que vi en Europa: estoy trayendo a mi mundo cosas que vi en los viajes que hice con proyectos de otros países, donde hay un desarrollo. Cuando fui a Europa con La Fanfarria a mí se me quebró el cráneo: “Yo quiero volver acá, estar acá mamando toda esta cultura”. Cultura en el sentido del desarrollo cultural que hay, la guita que hay, impresionante. Quiero vivir así, ¿por qué no me lo voy a permitir? Después hay que intentarlo por lo menos.

 

 

 

 

Adaptación

 

-Hiciste un adelanto de este trabajo de 21 para la plataforma Capital Cultural, rodado en la Estación Belgrano. ¿Cuánto de mutante o adaptable tiene este formato?

 

-Todo, porque es propio. Mi idea es irme el año que viene para Europa, justamente: ir a presentar esto en festivales allá. Estoy medio armando el kiosco para poder llevármelo. Entonces así como me lo llevó a Europa me lo llevó a Paraná, a Córdoba, a Uruguay, a la Estación Belgrano. Es totalmente portable y totalmente adaptable. Por eso somos tres, y a la vez un equipo técnico: prioricé en vez de generar una banda tan grande armarlo con técnicos y armarlo con lo mínimo posible a la música. Somos un trío que entramos en dos metros por dos metros.

 

-A los técnicos los vas a tener que llevar.

 

-Seguro. Es muy lindo porque estamos todos muy motivados: es un espacio profesional para que cada uno experimente, hay mucha libertad. No es fácil construir todo esto, pero son los ideales de uno, y uno va como puede.

 

-Pero es tu apuesta: no podés dejar de hacerla.

 

-Exacto. Así es (risas).se en este mundo místico y personal.

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