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Jueves 18.11.2021 - Última actualización - 19.11.2021 - 15:48
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“Ya no puedo ser mamá”

Exclusivo: el duro relato de la santafesina que estuvo 12 años presa por un delito que no cometió

María Antonia Gauna, la docente de Arequito que pasó más de una década en prisión injustamente, contó su historia a El Litoral. “Ningún dinero alcanza para retribuir mi proyecto de vida. Me casé para tener una familia, perdí muchos años de mi vida en la cárcel, ahora no puedo ser mamá”, expresó.


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“Ya no puedo ser mamá” Exclusivo: el duro relato de la santafesina que estuvo 12 años presa por un delito que no cometió María Antonia Gauna, la docente de Arequito que pasó más de una década en prisión injustamente, contó su historia a El Litoral. “Ningún dinero alcanza para retribuir mi proyecto de vida. Me casé para tener una familia, perdí muchos años de mi vida en la cárcel, ahora no puedo ser mamá”, expresó. María Antonia Gauna, la docente de Arequito que pasó más de una década en prisión injustamente, contó su historia a El Litoral. “Ningún dinero alcanza para retribuir mi proyecto de vida. Me casé para tener una familia, perdí muchos años de mi vida en la cárcel, ahora no puedo ser mamá”, expresó.

Alan Vidaña

 

Sábado 6 de febrero de 2005. Arequito. Homicidio. Desde el comienzo de la investigación, María Gauna fue sindicada como la principal sospechosa de haber matado a su marido en esa localidad del departamento Caseros. Pasó 12 años de su vida tras las rejas, pero tiempo más tarde mediante una revisión médica se comprobó que no fue así.



El 20 de diciembre de 2016, la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe dispuso la absolución y ordenó su libertad. La condena se revirtió gracias a un recurso de revisión presentado por el abogado Hernán Augusto Martínez. Luego de la denuncia de Gauna al Estado provincial por haber sido condenada injustamente, se dictó la sentencia a través del Tribunal Colegiado de Responsabilidad Extracontractual Nº 2 de Rosario, que resolvió abonarle a María Antonia Gauna la suma de 7 millones de pesos en concepto de reparación, por la pérdida de su fuente de ingreso en la docencia.

 

 

Foto: Gentileza

 

El día del crimen



“El sábado 6 de febrero de 2005 fuimos a cenar a la casa de mi hermana Olga. Después de la reunión nos volvimos a nuestra vivienda. Al llegar, mi marido me deja en la casa y luego se dirige a guardar el Ford Falcon en la cochera de mis suegros. Cuando ingreso a mi casa, veo algo extraño: estaba la puerta que daba al pasillo de los dormitorios entrecerrada y nosotros siempre la dejábamos abierta. Me acerco y me encuentro con una persona encapuchada que tenía un arma en la mano. Cuando veo esa escena comienzo a gritar, en ese instante el hombre me toma de la cintura y me dice que no me iba a pasar nada. Al escuchar su voz, reconocí que era ‘Pirulo’, el cuñado de mi marido. Me pedía plata, entonces fui hasta el cajón y le di 1.000 pesos. Me hizo tirar a la cama boca abajo y me ató de las manos”, relató María.

 

 

 

 



“Al rato llegó mi marido, le abrí la puerta con las manos atadas y le dije que estaba su cuñado. Nos apuntó a los dos con el arma y nos obligó a entrar al comedor. Nos hizo arrodillar y nos pedía constantemente plata. El dinero que él quería eran 25 mil pesos que mi esposo había retirado del banco Bisel días atrás. En ese ínterin, hace unos pasos y se va hasta el baño. Yo lloraba desesperadamente y le pedía que no nos hiciera daño. Luego se dirigió hasta la cocina y revolvió una sustancia en dos vasos. Nos obligó a tomar ese líquido a los dos, yo tomé todo y mi marido no. Finalmente nos hizo levantar y nos llevó al dormitorio. Automáticamente me quedé dormida y me desperté en un sanatorio”, indicó Gauna.

 

 

Foto: Gentiliza


Cómo siguió



En cuanto a la resolución de la justicia, sostuvo: “Me procesaron por hipótesis, porque no había ningún elemento de prueba que diga que yo lo maté. La jueza que tomó mi declaración dijo que yo fabulaba. Desde el momento que me encontraron tirada en el jardín de mi casa junto a mi marido yo estaba peleando por mi vida, pero el juez decía que era un crimen pasional. Aún tengo cortadas las muñecas, tendones y flexores”.

 

 

La cárcel



Respecto a los días en la cárcel, María recordó: “Fueron días muy dolorosos y agobiantes, pero jamás bajé los brazos. Yo declaré quién era el asesino y lo único que hicieron fue buscar pruebas para incriminarme. Jamás llamaron al cuñado de mi marido, a pesar de que siempre lo mencioné”.

 

 

Foto: Gentileza

 

“Ningún dinero alcanza para retribuir mi proyecto de vida. Me casé para tener una familia, perdí muchos años de mi vida en la cárcel, ahora no puedo ser mamá”, expresó Gauna. Y concluyó: “Yo tengo fe de que se va a hacer justicia y que el asesino va a ir preso. Y luego, voy a recuperar mi casa”.

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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