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Martes 30.11.2021 - Última actualización - 02.12.2021 - 10:47
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Por Ricardo Miguel Fessia

Nuestra primera universidad

Fachada del Colegio de la Inmaculada Concepción en el año 1863. Crédito: Archivo El LitoralFachada del Colegio de la Inmaculada Concepción en el año 1863.
Crédito: Archivo El Litoral

Fachada del Colegio de la Inmaculada Concepción en el año 1863. Crédito: Archivo El Litoral

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Por Ricardo Miguel Fessia Nuestra primera universidad El gobernador promulga la ley por la que se crean las "Aulas para enseñanza de facultades mayores", siendo éste el nacimiento de la primera universidad pública en nuestra provincia.  

El 27 de noviembre de 1868 el gobernador promulga la ley por la que se crean las "Aulas para enseñanza de facultades mayores", siendo éste el nacimiento de la primera universidad pública en nuestra provincia.  

 

I

La educación fue, desde los primeros orígenes, un tema que preocupó a los actores sociales y autoridades políticas. Recordemos que los jesuitas abrieron aulas junto a su Iglesia a poco de llegar, siendo la de nuestra ciudad, la primera institución en todo el actual territorio nacional.

 

Más acá en el tiempo, y apenas pacificado el contexto nacional, López volvió para encargarse de las faenas del gobierno y el 16 de julio de 1832 dispuso la creación del "Instituto Literario de San Jerónimo" para la enseñanza de latinidad, para que los jóvenes puedan formarse. Se designan al cura José Amenábar -que debía reglamentar la casa- y como profesores al sacerdote doctor Francisco Solano Cabrera -en Filosofía- y a Manuel Cabrera en latinidad. El "Instituto" perdurará hasta la muerte del Brigadier, ocurrida el 15 de junio de 1838. La transición no debía ser drástica ya que Juan Pablo, su hermano, asumía ese cargo. Pero el nuevo mandatario terminó quitando los recursos. Será el gobernador Pascual Echagüe quien restaure los estudios con un acto en el templo de San Francisco el 28 de julio de 1845. 

 

II

Luego de Caseros había que reorganizar el país. La juventud estudiosa de Santa Fe debía recurrir a Buenos Aires o Córdoba para hacer estudios superiores. Ello representaba una limitante, no sólo por los costos de la estancia. En una sucesión política atípica, el 7 de abril de 1868 asume la gobernación Mariano Cabal y el gobierno adquiere un compromiso con el proceso de inmigración y colonización para lo cual se esmera en ofrecer las mejores condiciones. Una de ellas era la educación; para la que se impulsan distintas políticas. El 23 de noviembre de 1968 la Cámara de Representantes de la provincia sanciona la ley por la que se autoriza a invertir tres mil quinientos pesos fuertes en educación. El 27 de noviembre, Simón de Iriondo -a cargo de la gobernación por ausencia de Cabal- dicta el decreto por el que se promulga la norma. 

 

Con la partida presupuestaria, con jóvenes en condiciones de acceder a esos estudios y las instalaciones de las aulas jesuíticas, es decir, todas las condiciones, el 26 de febrero de 1869 Cabal dicta la providencia por la que crea el primer año de los estudios superiores con las disciplinas de Derecho civil, Derecho canónico y Derecho natural. Esta decisión era producto de la decisión política del gobierno a la que le faltaba orientación y contenido, pero en la misma norma se decía que mientras tanto se prepararía un plan general conforme a las universidades de Buenos Aires y de Córdoba. 

 

Se facultaba al rector la designación de los catedráticos responsables, pero, en forma sorprendente, establecía la bibliografía a utilizar para la enseñanza. Para Derecho civil: las "Instituciones de Justiniano comentadas por M. R. Ortolan"; para Derecho canónico, "Instituciones de Derecho canónico" de D. Justo Donoso; y para Derecho natural la obra de Heinrich Ahrens, "Derecho natural". Esta norma fue dictada sin los necesarios acuerdos ya que la obra de Heinrich Arhens era incompatible con el ambiente religioso, ya que era un laicista.

 

Para hacerse cargo de las cátedras, el Rector designa el 17 de abril de 1869 al doctor Isaías Gil en "Derecho romano" y "Derecho civil argentino" y al dr. Manuel D. Pizarro para "Derecho natural". A poco de iniciar las clases, Pizarro renuncia para sumir la banca de diputado y es reemplazado por el dr. Pedro Lucas Funes. Para ese primer año se matricularon como alumnos Adolfo Ballesteros Crespo, José Gálvez, Emilio Cabal –hijo de Mariano Cabal- y Zacarías Gil.

 

El rector Vigna presenta un Reglamento de funcionamiento que al año siguiente se aprueba. Para el curso del primer año de 1870 se registra la inscripción de Jacinto Fernández, Agustín Cabal –hijo de Mariano Cabal-, Jacinto Fernández y Manuel Yáñez que se sumaban a los ya matriculados. 

 

III

Debieron pasar tres años para que la legislatura provincial sancione, el 10 de julio de 1871, una ley confirmando la Facultad y creando la "Academia de Práctica Forense". Se establecen como espacios curriculares: "Derecho natural", "Derecho internacional", "Derecho constitucional", "Derecho canónico", "Derecho civil romano", "Derecho civil argentino", "Derecho criminal", "Derecho mercantil", y "Economía política".

 

La "Academia de Práctica Forense" es presidida por el Titular de la Cámara de justicia y los postulantes debían solicitar su ingreso demostrando el haber aprobado tres años de los estudios de abogacía y dar una disertación. Para egresar se debían acreditar dos años de práctica y una conferencia sobre un tema jurídico establecido por el presidente con no menos de ocho días de antelación.

 

En 1875 se aprobó en nuevo Reglamento general cuya modificación era que los cursos durarían cinco años; los cuatro primeros tal como se desarrollaron hasta ese tiempo y el quinto dedicado a la "Teoría de procedimiento y práctica forense".

 

IV

Se planteó una cuestión fundamental como el reconocimiento del título que emitía la Casa de estudios. Para ello se facultó al gobernador hacer las gestiones correspondientes. 

 

El 26 de septiembre de 1872 el Congreso de la Nación dicta una ley por la cual se reconoce que los certificados de estudios de Derecho realizados en los Colegios nacionales serán aceptados como válidos en las Universidades. Esto dejaba fuera a los estudios en la Inmaculada de Santa Fe ya que no era "colegio nacional", pero el plan de estudios respondía a los planes nacionales.

 

Debió recurrirse a Simón de Iriondo, Ministro del interior de Avellaneda, para que interceda ante su colega de Educación. Onésimo Leguizamón, un reconocido laico, krausista y con alto grado en la masonería, que remitió nota al gobierno de Santa Fe el 30 de abril de 1875, en donde expresa que "No siendo nacional el Colegio de Santa Fe, la ley no le comprende directamente; pero como lo esencial a mi juicio era aceptar los estudios de derecho seria y maduramente en los establecimientos regulares, solo se exigiría respecto de los estudios hechos en Santa Fe, que se armonizaren con las exigencias de la ley, en cuanto a los ramos exigidos".

 

Esta voluntad del Ministro tomó forma de decreto del Poder ejecutivo que dispone en una norma que: "Decláranse comprendidos en la ley del 24 de septiembre de 1872 los estudios de Jurisprudencia, hechos en el Colegio Provincial de Santa Fe".

 

Se llegaba a un gran logro ya que los estudios eran reconocidos en otras Universidades de forma que los alumnos podrían pedir su habilitación para dar el examen final. Se equiparaban estos estudios provinciales al de las dos universidades de ese tiempo.

 

Para el año 1879 se introducen cambios en el plan de estudios y se suprime "Derecho natural" y los exámenes pasaban a ser a puertas abiertas.

 

Para 1881 llegan nuevos cambios en el plan de estudios. "Derecho romano" era anual, "Derecho civil" se divide en cuatro cursos, "Derecho internacional", "Derecho comercial" y "Economía política" pasan a tener dos cursos, se restablece "Derecho natural", se incorpora "Derecho público eclesiástico", "Derecho internacional privado", "Derecho administrativo y de Estadísticas", Este nuevo plan, elaborado por Gálvez con consulta a los profesores, fue aprobado por el Poder ejecutivo el 16 de marzo de 1881.

 

En 1882 llega a la presidencia Julio A. Roca como representante del Partido Autonomista Nacional y designa como ministro de Justicia, Culto e Instrucción al médico Eduardo Wilde. Desde esa cartera se inicia una política que los jesuitas consideraron agresiva y que tiene forma de norma jurídica; la ley de educación y la de matrimonio civil.

 

Se ingresa en un proceso desde la sanción de la ley general de educación N° 1420 que el presidente completa con una serie de decretos reglamentarios como el del 10 de noviembre en donde se desconoce el carácter de oficial al Colegio de la Inmaculada y por ello los jesuitas cierran las instalaciones y las "Facultades mayores" quedan en buena medida a la deriva. Esto hace que el Padre Reinal presente su renuncia y por ello el Poder ejecutivo designa en su lugar a Severo Basabilbaso en 1885. En ese decreto se encomienda elaborar nuevos reglamentos, pero ya nada podía revertir el proceso de decadencia. 

 

Los estudios se continuaron dictando en el Colegio pero hasta 1886 en que todos los estudiantes que quedaban concluyeron.

 

V

Los esfuerzos puestos en el sostenimiento de los estudios no fueron suficientes para que los mismos se consoliden. Se registraron 73 matriculados, los profesores, designados según las relaciones o influencias, dictaban clases de acuerdo a sus posibilidades, la asistencia de los alumnos no se controlaba. Durante las dos décadas de vigencia de los estudios jurídicos, fueron rectores R.O. Pedro Vigna, R.P. Esteban Salvadó,. R.P. Manuel Freixes, R.P. José Reinal y Dr. Severo Basavilbaso.

 

VI

Deberá esperarse a la iniciativa de José Gálvez para que la legislatura apruebe la creación de la "Universidad de Santa Fe" por ley del 16 de octubre de 1889 cuya primera colación de grados se realiza en 12 de octubre de 1895 en las instalaciones del reabierto Colegio de la Inmaculada donde reciben sus diplomas José A. Gómez y Salvador J. Salva, los primeros egresados de la nueva casa. En una línea histórica, nuestra actual Universidad es continuidad de la de Santa Fe que al propio tiempo lo es de las Aulas mayores de los Jesuitas. 

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