A 114 años de la Ley Sáenz Peña: el hito que cambió para siempre la democracia argentina
Este 10 de febrero se conmemora la sanción de la norma que garantizó el voto secreto, obligatorio y universal en el país. En diálogo con El Litoral, historiadores locales destacan el papel pionero de Santa Fe en la aplicación de un sistema que terminó con décadas de fraude y exclusión política, devolviendo la soberanía al pueblo.
La esencia de la Ley Sáenz Peña sigue vigente: el poder reside en el ciudadano que, en la soledad del cuarto oscuro, decide el destino de su comunidad.
Este martes 10 de febrero, la República Argentina celebra el 114° aniversario de la promulgación de la Ley 8.871, popularmente conocida como Ley Sáenz Peña.Esta normativa, sancionada en 1912, marcó el acta de nacimiento de la democracia moderna en nuestro territorio, al establecer por primera vez que el sufragio debía ser universal, secreto y obligatorio para todos los ciudadanos varones.
Especialistas recuerdan que esta reforma impulsada por el entonces presidente Roque Sáenz Peña fue la respuesta a una crisis de legitimidad terminal. Hasta ese momento, el sistema de "voto cantado" permitía que las élites conservadoras controlaran los resultados mediante el fraude y la coacción, impidiendo cualquier tipo de alternancia real en el ejercicio del poder.
El fin del fraude y la violencia electoral
Antes de aquel histórico 1912, acudir a las urnas era un acto de valentía. El elector debía declarar su voto de viva voz ante una mesa controlada por caudillos, lo que derivaba frecuentemente en violencia o despidos laborales para quienes no apoyaban al oficialismo. La participación ciudadana era ínfima y el sistema estaba diseñado para perpetuar a una minoría en el mando nacional.
Con la aplicación de la nueva ley, el cuarto oscuro garantizó la libertad de conciencia. La obligatoriedad, por su parte, transformó el derecho en un deber cívico, forzando a los partidos a buscar el consenso de las mayorías. Este cambio estructural permitió que nuevas fuerzas políticas, como la Unión Cívica Radical, lograran finalmente acceder a la representación parlamentaria y ejecutiva.
Especialistas recuerdan que esta reforma impulsada por el entonces presidente Roque Sáenz Peña fue la respuesta a una crisis de legitimidad terminal.
Santa Fe: el laboratorio de la democracia
Nuestra provincia ocupa un lugar de honor en esta efeméride por haber sido la primera en poner a prueba el sistema. Tras la sanción de la ley nacional, Santa Fe adaptó su legislación y celebró comicios que asombraron al país por su transparencia. Aquella experiencia santafesina fue el espejo donde se miró el resto de las provincias para confirmar que el voto libre era posible y necesario.
Bajo este nuevo esquema, en 1912 Manuel Menchaca se convirtió en el primer gobernador del país electo mediante el voto secreto y obligatorio. Su triunfo en la Casa Gris no solo fue una victoria partidaria, sino el triunfo de un ideal de justicia electoral. Desde aquel hito, la bota santafesina ha mantenido una tradición de respeto por las instituciones y la participación ciudadana.
Evolución y desafíos en este 2026
Al cumplirse hoy 114 años de aquel logro, es necesario reflexionar sobre cómo el derecho al voto se expandió con el tiempo. La incorporación de las mujeres en 1947 y la ley de voto joven en 2012 fueron hitos que completaron el sueño de una democracia total. Hoy, en pleno 2026, la herramienta del sufragio sigue siendo el escudo más fuerte contra cualquier intento de autoritarismo.
Sin embargo, los desafíos actuales nos obligan a proteger la integridad de las urnas frente a las nuevas tecnologías y la desinformación. La esencia de la Ley Sáenz Peña sigue vigente: el poder reside en el ciudadano que, en la soledad del cuarto oscuro, decide el destino de su comunidad. Mantener viva esa llama es la mejor forma de honrar el legado de quienes lucharon por la transparencia.
Celebrar más de un siglo de soberanía popular es reconocer que la democracia es un proceso que se construye cada día. Crédito: Pablo Aguirre
Un pacto social que sigue vigente
Celebrar más de un siglo de soberanía popular es reconocer que la democracia es un proceso que se construye cada día. La Ley 8.871 no fue solo un cambio técnico en el padrón, sino un pacto social que garantizó la paz ciudadana mediante la alternancia política. En esta fecha, renovamos el compromiso de defender el sistema que nos permite convivir en libertad y diversidad.
La historia nos enseña que los derechos conquistados no son inamovibles y requieren vigilancia constante. Que este 10 de febrero sirva para recordar que cada voto cuenta y que la transparencia electoral es la base de nuestra convivencia. A 114 años de aquel paso gigante, la Argentina reafirma su vocación democrática como el único camino posible para el desarrollo y la justicia social.