Regreso histórico: la ballena sei vuelve a mostrarse en grupos cerca de la costa de Comodoro
Tras décadas sin registros confirmados en la costa patagónica argentina, la ballena sei volvió a ser identificada en el Golfo San Jorge, frente a Comodoro Rivadavia. La presencia de grupos numerosos cerca del continente impulsa investigaciones, refuerza la conservación y abre una oportunidad para el turismo de naturaleza con avistajes responsables.
Ballena sei en el Golfo San Jorge: un avistaje que volvió a ser posible. Foto: Gentileza Nicolás Cabañas
La noticia llegó desde el agua, pero impactó en tierra firme. Frente a Comodoro Rivadavia, en el Golfo San Jorge, la ballena sei volvió a dejarse ver y, sobre todo, a dejarse identificar. Un regreso que combina ciencia, memoria ambiental y un futuro turístico posible, siempre que el entusiasmo no corra más rápido que el cuidado.
Durante años, en esta franja del litoral patagónico se multiplicaron señales sueltas: soplos a distancia, siluetas veloces, apariciones que nadie podía certificar del todo. Con trabajo sostenido, relevamientos y confirmaciones, ese misterio empezó a tener nombre propio: Balaenoptera borealis, la ballena sei.
Ballena sei en el Golfo San Jorge: un avistaje que volvió a ser posible. Foto: Gentileza Nicolás Cabañas
Un regreso inesperado
La especie había desaparecido de la escena costera por una razón brutal y conocida: la caza comercial. La presión ballenera del siglo XX redujo poblaciones al punto de volverlas invisibles para la gente común, aun sin haberlas extinguido. Hoy, el retorno funciona como indicador de recuperación, pero también como advertencia: lo que vuelve, puede volver a irse.
En el Golfo San Jorge, el regreso no fue una postal aislada. Investigadores describen una presencia estacional marcada, con registros que crecieron con el tiempo y sostienen que el área funciona como zona de alimentación, un dato clave para explicar por qué aparecen tan cerca del continente.
Ballena sei en el Golfo San Jorge: un avistaje que volvió a ser posible. Foto: Gentileza Nicolás Cabañas
La confirmación científica se apoyó en observación directa y análisis específicos que permitieron distinguirla de otros cetáceos. En el mapa de la Patagonia azul, Comodoro pasó de ser “un lugar donde a veces se ven ballenas” a convertirse en un punto de referencia para una de las especies más enigmáticas del océano.
Punta Marqués, en primer plano
La zona de Punta Marqués aparece como escenario privilegiado. Desde los acantilados, el mar ofrece una ventana natural para registrar soplos, rumbos y agrupamientos. Ese valor paisajístico hoy suma otra dimensión: la de un punto de observación que convoca a científicos, fotógrafos, realizadores y curiosos con la misma pregunta.
Ballena sei en el Golfo San Jorge: un avistaje que volvió a ser posible. Foto: Gentileza Nicolás Cabañas
La ballena sei no suele regalar saltos espectaculares. Su marca es otra: un cuerpo estilizado, movimiento veloz, aleta dorsal inconfundible y una presencia que corta la superficie sin anunciarse demasiado. En esa discreción está parte de su mito… y del desafío de cuidarla sin perseguirla.
En temporadas de mayor presencia, el número de ejemplares estimados en el golfo llegó a ser muy alto, según mediciones de campo. Ese dato refuerza una hipótesis central: el Golfo San Jorge no es un paso casual, sino un territorio biológico clave que merece reglas claras.
Ballena sei en el Golfo San Jorge: un avistaje que volvió a ser posible. Foto: Gentileza Nicolás Cabañas
Ciencia, turismo y cuidado
La posibilidad de avistajes abre una oportunidad concreta para Comodoro Rivadavia: turismo de naturaleza, náutico y científico, con impacto en servicios, identidad de destino y proyección nacional e internacional. Pero el punto de partida no puede ser la promesa, sino el protocolo: distancias, cupos, capacitación y monitoreo constante.
La experiencia global muestra que los cetáceos se recuperan cuando se los protege de manera sostenida. También muestra lo contrario: cambios de reglas, presiones económicas o prácticas irresponsables pueden romper en poco tiempo lo que llevó décadas recomponer. La ballena sei vuelve, sí, pero no vuelve sola: trae una responsabilidad compartida.
Ballena sei en el Golfo San Jorge: un avistaje que volvió a ser posible. Foto: Gentileza Nicolás Cabañas
El desafío está planteado con nombre y apellido. Tráfico marítimo, contaminación, ruido submarino y cambio climático forman parte del mismo tablero. Por eso, el regreso del gigante esquivo no es solo una buena noticia: es una señal para que la Patagonia azul reafirme su liderazgo en conservación y desarrollo turístico responsable.
Ballena sei en el Golfo San Jorge: un avistaje que volvió a ser posible. Foto: SEI Fotografías
Hay regresos que se celebran con aplausos y otros que se celebran con silencio. La ballena sei pertenece a esa segunda categoría: aparece, respira, se pierde en el horizonte y deja una certeza incómoda y hermosa. El mar devuelve lo que el humano creyó perdido. La pregunta es si esta vez sabremos merecerlo.