El Área Metropolitana de Buenos Aires vivió este jueves una combinación difícil de manejar: calor intenso, un apagón masivo y, pocas horas después, la llegada de tormentas que cambiaron el ritmo de la tarde en la Ciudad y el conurbano.

Tras el apagón que afectó a más de 800 mil usuarios, lluvias intensas llegaron al AMBA. El SMN emitió alerta amarilla por tormentas y granizo.

El Área Metropolitana de Buenos Aires vivió este jueves una combinación difícil de manejar: calor intenso, un apagón masivo y, pocas horas después, la llegada de tormentas que cambiaron el ritmo de la tarde en la Ciudad y el conurbano.
Con la sensación térmica en niveles elevados y la demanda eléctrica al límite, la caída del suministro afectó a una amplia franja del corredor norte y oeste del AMBA. La normalización avanzó por etapas, mientras el cielo empezaba a cerrarse y el aire tomaba el pulso típico de un cambio brusco.

La interrupción del servicio se inició alrededor de las 14.45, a partir de una falla en alta tensión registrada en la Subestación Morón, en el nivel de 220 kV. El impacto inicial alcanzó a unos 800 mil clientes, con un arrastre que también afectó a usuarios en la zona de Edesur.

En la primera media hora, más de la mitad de los usuarios recuperó el servicio. Dentro de la primera hora, la reposición superó el 90% de los clientes inicialmente alcanzados, en coordinación con distintos actores del sistema eléctrico.
La contingencia comprometió cerca de un tercio de la demanda total en el área de concesión de Edenor, con repercusión en barrios porteños y partidos del conurbano que sintieron el corte en plena tarde, cuando el calor seguía apretando y el tránsito se volvía más denso.

Mientras se estabilizaba la red eléctrica, el frente de tormenta empezó a avanzar sobre el mapa metropolitano. El Servicio Meteorológico Nacional mantuvo una alerta amarilla por tormentas para sectores del AMBA, con probabilidad de lluvias intensas, ráfagas y chance de caída de granizo.
En distintos puntos del conurbano sur se registraron chaparrones fuertes y actividad eléctrica, con escenas típicas de verano: cambios repentinos de viento, descenso relativo de temperatura y calles que pasaron de un aire pesado a un piso resbaladizo en cuestión de minutos.
En la Ciudad, la tormenta llegó con precipitaciones irregulares, pero suficientes para condicionar el movimiento. La postal se repitió en avenidas y centros comerciales: persianas a medio bajar, semáforos que volvieron a funcionar tras cortes intermitentes y vecinos siguiendo el minuto a minuto del restablecimiento.
De acuerdo al pronóstico para la región, la jornada se mantuvo inestable, con tormentas aisladas y viento del sudoeste. Para el cierre del día se esperaba una mejora gradual, aunque con humedad alta y posibilidad de nuevas lluvias en forma intermitente.

El apagón también impactó en servicios urbanos durante el tramo más delicado de la tarde. Hubo complicaciones puntuales en el transporte y comercios que recurrieron a generadores para sostener la actividad, en una escena que suele repetirse cuando fallan las líneas de alta tensión en jornadas de consumo extremo.
La tormenta, lejos de ordenar el panorama, sumó otro factor: postes, árboles y cableado quedan más expuestos con viento, agua acumulada y ráfagas, justo cuando el sistema viene de atravesar una contingencia de gran escala.
En ese marco, la combinación de calor, cortes y tormentas volvió a encender una preocupación recurrente: la fragilidad del servicio en horas críticas y la vulnerabilidad de los barrios más densos ante episodios que, aun con reposición rápida, alteran por completo el funcionamiento cotidiano.
El AMBA cerró la tarde con clima inestable y una postal que dejó una enseñanza simple: cuando el verano golpea con todo, la ciudad queda atada a la respuesta de la energía y al humor del cielo.