En las crisis humanitarias en las que trabaja Médicos Sin Fronteras (MSF) alrededor del mundo, las actividades recreativas constituyen un momento importante de distención para niños y niñas; les permite recuperar un poco la cotidianeidad que las emergencias les suelen quitar y en ocasiones también, forman parte del proceso de atención en salud mental que brindan los equipos de la organización. Así, en medio de graves conflictos como el de Ucrania, Siria y Sudán, o en crisis migratorias como la que ocurre en el mar Mediterráneo, niños y niñas no dejan de jugar y lo hacen de esta manera.
"Jugar para curar": una propuesta de Médicos Sin Fronteras para recuperar la cotidianeidad en la emergencia
Trabajan en medio de graves conflictos como el de Ucrania, Siria y Sudán, o en crisis migratorias como la que ocurre en el mar Mediterráneo.


Los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) a bordo del Geo Barents, barco de búsqueda y rescate en el mar Mediterráneo, brindan atención médica y en salud mental, y en muchos casos también, organizan juegos para las personas a bordo. Si bien estas actividades parecen sencillas, contribuyen a ayudar a que los sobrevivientes recuperen su dignidad y la sensación de seguridad. El mar Mediterráneo es una de las rutas migratorias más mortíferas del mundo; en 2023, más de 2.500 personas murieron o desaparecieron al intentar cruzarlo, la cifra más alta desde 2017.

Los niños en la cubierta del Geo Barents, barco de búsqueda y rescate de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el Mediterráneo, pasan su tiempo jugando y mirando el mar. Los equipos de la organización son testigos directos del impacto de las prácticas fronterizas violentas y de la inacción deliberada de los Estados europeos ante la devastadora crisis humanitaria que se vive en esta ruta migratoria.

Hassan, integrante del equipo de salud mental de Médicos Sin Fronteras (MSF), realiza actividades recreativas con Duha, de siete años, para ayudarla a que se adapte nuevamente a su entorno después de haber sufrido graves quemaduras en las manos mientras jugaba con su hermano junto a un surtidor de diésel en su casa en el noroeste de Siria.

Niños rohingya juegan fútbol en campos de refugiados en Bangladesh. A casi siete años de haber huido de la última y mayor campaña de violencia selectiva en Myanmar, muchos de estos niños y niñas crecieron en estos campamentos superpoblados y temporales. La población rohingya sigue siendo apátrida y no se le reconoce oficialmente como refugiados.

A raíz de la escalada del conflicto en Ucrania, Viktoria, de 24 años, huyó de Kramatorsk, al este del país, junto a sus dos hijos y sus hermanos. Se refugió en la ciudad de Znamyanka, donde se albergó con otras decenas de personas desplazadas. En la imagen, el argentino Paulo Milanesio, quien fue coordinador de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el país, juega con sus hijos.

Equipo de Médicos Sin Fronteras (MSF) realiza una sesión grupal de salud mental para niños y niñas en Ucrania. “Trabajamos de forma individual: jugamos, dibujamos, les ayudamos a superar miedos y diversas emociones negativas relacionadas con lo que han vivido. Les ayudamos a adaptarse a sus nuevas comunidades”, explica la psicóloga de MSF Svitlana Alekseenko.

En el marco del conflicto en Ucrania, las promotoras comunitarias de Médicos Sin Fronteras (MSF) brindan información y apoyo emocional. En el caso de los niños y niñas, les ofrecen pintar y hacer dibujos para que puedan mostrar sus sentimientos. La elección de los colores es una buena manera de hacer un seguimiento de sus emociones.

Talari Muhawe juega con su hijo de 18 meses dentro de su tienda de campaña en el campamento de Rusayo, en Kivu Norte, República Democrática del Congo. Desde marzo de 2022, el recrudecimiento de los enfrentamientos armados en esta región ha obligado a más de un millón de personas a abandonar sus hogares y a buscar refugio sobre todo en campamentos rudimentarios en las afueras de Goma, la capital de la provincia.
Los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) que brindan atención médica y psicológica en Kivu Norte y Sur trabajan en un contexto de seguridad inestable, con dificultades para desplazarse y facilitar ayuda humanitaria, y un acceso incierto a los centros de salud que apoya la organización.

Los hijos de Mohamad juegan en su casa en Bangui, República Centroafricana (RCA) después de haber sido desplazados a causa del conflicto. RCA tiene una de las tasas de acceso a atención médica más bajas del mundo: menos de la mitad de los centros sanitarios del país se consideraban funcionales en 2023 y hay una marcada carencia de profesionales médicos. Los equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el país brindan atención médica a comunidades de difícil acceso y a personas que huyen de la violencia en Sudán y Chad.

Adama, de 12 años, juega con su hermano Mahamat, de un año, en el campo de desplazados de N'Djamena, Chad. Además de la ayuda de emergencia a los refugiados, otra de las prioridades de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el país ha sido apoyar las campañas de vacunación y mejorar el programa de vacunación rutinaria. Asimismo, tras el estallido del conflicto en el vecino Sudán, el personal de la organización inició una respuesta de emergencia a gran escala para asistir a los miles de refugiados que llegaban al este de Chad.

Amaka Joseph, de 35 años, juega con sus hijos John y Jerry, de 11 meses, quienes se encuentran recuperándose en el centro de alimentación terapéutica para pacientes hospitalizados en el Hospital Especializado de Sokoto, Nigeria, que es apoyado por Médicos Sin Fronteras (MSF). "Cuando comenzamos el tratamiento, vi una mejoría. Ahora pueden comer bien y jugar y eso me hace feliz", dijo la mamá.
En los últimos años, los conflictos, los fenómenos meteorológicos extremos y el deterioro de la situación económica han afectado las zonas noroeste, noreste y centro-norte de Nigeria, cuya crisis humanitaria es cada vez más profunda. Millones de personas viven en situaciones cada vez más vulnerables por sufrir niveles catastróficos de desnutrición y brotes de enfermedades prevenibles.

Jóvenes juegan en el centro de bienestar Baobab, construido por Médicos Sin Fronteras (MSF), en el campo de refugiados de Tongogara, en Zimbabue. Este centro presta servicios de salud mental, que incluyen apoyo individual, sesiones de gestión del estrés y actividades recreativas para ayudar a las personas a lidiar con el estrés y el trauma.
La mayoría de los refugiados provienen de la República Democrática del Congo, Mozambique, Burundi y Ruanda. Durante su estancia en sus países de origen, la mayoría sufrieron las consecuencias de la guerra, tortura y lesiones físicas, que les obligaron a huir.
Texto y fotos de Médicos Sin Fronteras, en el Mes de la Niñez.









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