Javier Vigo Leguizamón es santafesino, tiene 74 años. Está casado con Liliana Gasparotti y es padre de cuatro hijos. Ha combinado su destacada trayectoria como abogado y empresario con su vocación por la escritura y el pensamiento cívico.

Así se titula el nuevo libro de Javier Vigo Leguizamón, en el que el autor de "Amar al enemigo" refleja un trauma muy duro y muy profundo por el que tuvo que atravesar su hijo más chico, cuando apenas tenía 7 años. ¿Por qué estas palabras y por qué este título? ¿Qué significado tienen en el contexto de esta dolorosa historia el odio y el perdón, el olvido y el arrepentimiento? ¿Por qué el escritor asegura que es posible crecer en el decrecer de la vida?

Javier Vigo Leguizamón es santafesino, tiene 74 años. Está casado con Liliana Gasparotti y es padre de cuatro hijos. Ha combinado su destacada trayectoria como abogado y empresario con su vocación por la escritura y el pensamiento cívico.
En diálogo con El Litoral, Javier asegura que la literatura es una de las maneras que los hombres tienen de atravesar los dolores o las cruces que deben cargar en su vida. Y que por eso mismo, junto a su hijo menor Gastón -de 38 años- escribió "El dolor, la traición y la esperanza", para poder sobrellevar juntos una muy pesada cruz.
"En realidad la cruz es parte de la vida", nos dice Javier al iniciar la charla, que tendrá momentos muy duros, pero también muy aleccionadores. Luego, con absoluta sinceridad y franqueza, fue narrando el motivo que lo llevó a plasmar su nuevo libro, un trabajo quizás bastante alejado de los temas judiciales, legales o históricos que animaron otras publicaciones suyas en este medio:
"A la edad como la que yo tengo, en el decrecer de la vida, tal vez exista un dolor que nos haga crecer. Un dolor que nos cuesta aceptar y que uno tiene que tratar de hablarlo, no dejarse llevar por las pasiones y ordenar las distintas sensaciones que puede sentir".

"Este libro es eso. Nosotros, con mi señora, después de muchísimo tiempo nos enteramos de un dolor muy profundo que había sufrido nuestro hijo más chico, Gastón, cuando era un niño de solo 7 años. Fue víctima de abusos, de los cuales nos enteramos hace apenas unos dos años y medio, tres".
"A partir de ese momento con ella lo primero que hicimos fue acompañar a Gastón y ayudarlo a sanar. Felizmente nuestro hijo, con un enorme coraje y manteniendo el silencio, fue capaz de llevar a cabo y desarrollar esa obra maravillosa que es Akamasoa Argentina (ver aparte), que fue su manera de recuperar su dignidad".
"Nos enteramos que fue víctima de sucesivos abusos, cometidos por los hijos de dos íntimos amigos nuestros, que se confabularon para mancillar su inocencia durante varios años. Uno no se gradúa para ser padre, va aprendiendo de a golpes. Y esto fue un golpe durísimo… y una enorme desilusión, porque a estos chicos los habíamos tratado como hijos. De allí que hablamos de dolor y traición".
"Paralelamente nos planteamos de qué manera podíamos acompañar a nuestro hijo en este dolor. El primer paso fue enfrentar a los que lo habían abusado y quitarles las máscaras, pero sin recurrir a la violencia. Lo hicimos y sobre todo lo hizo Gastón. Había que quitarles las máscaras sin dejar de darles una oportunidad para el arrepentimiento. (…) Allí es donde uno se debate entre el odio y el perdón; entre el olvido y la venganza. Siempre buscando la justicia".
Al mencionar el tema de la justicia, Javier agregó que, por un lado, "el problema es que el Poder Judicial argentino no ha hecho privilegiar el interés superior del niño por encima de cualquier ley de derecho interno". Y por otro, "como nos dijo Gastón, el dolor no prescribe… es una herida en evolución que no termina de sangrar".
Vigo Leguizamón hizo hincapié después que lo que ellos están intentando a través de este libro, "que no ha sido fácil de escribir", es ayudar a muchos padres a tener una actitud de mayor coraje ante situaciones como las que ellos han vivido y "no temer decir la verdad, porque ayuda a sus hijos en esto".
Lo peor que hay -prosiguió Javier- es esconder las cosas debajo de la alfombra: "Primero, porque permite a quienes pudieron haber cometido abusos quedar impunes y hasta no hay que descartar que puedan cometer nuevos abusos. Segundo, porque el silencio agrava la situación. Lo fundamental en esto es no tener miedo y poder denunciar".
"Mucha gente se preguntaba, en el caso de Gastón, que es doctor en Economía y licenciado en Administración, por qué había dejado toda la carrera empresarial que podría haber realizado para ir a trabajar a Lima, en la provincia de Buenos Aires, donde debe enfrentar a la pobreza todos los días. No entendían por qué había ocurrido. Bueno, fue por esto: él encontró una manera de sublimar su dolor trabajando con la pobreza y por eso tomó ese camino".
Quienes son víctimas de abusos, remarcó Javier en otro pasaje de la charla, se sienten ante todo humillados: "Es una cosa espantosa lo que pasan… Mi hijo me decía que no le dolía únicamente lo que había ocurrido sino la actitud de la sociedad, más de una vez,… el cinismo, la risa, la hipocresía, la complicidad".
Después de esa aclaración, y ante la pregunta puntual, Vigo Leguizamón destacó que "uno de los abusadores no está en el país" y que al otro "Gastón lo enfrentó sin violencia". "Eran amigos del hermano mayor de Gastón, Javier Agustín… por eso, la lección que se aprende de todo esto es que debemos estar muy atentos y desconfiar aun de quienes menos pensaríamos, porque el drama y los abusos están al orden del día", añadió el abogado y escritor.
Luego, señaló que la idea de hacer el libro fue de él, porque gracias a esta oportunidad que le da la escritura, pudo junto a su hijo transformar el dolor y la traición vividos en esperanza: "Mi hijo se ha dado cuenta que el pasado no puede sellar su destino y que Dios más de una vez escribe derecho en renglones torcidos. Uno se pregunta, ¿por qué ocurrió esto? Gastón difícilmente estaría haciendo esta obra maravillosa, Akamasoa, si no hubiera padecido lo que padeció".
Tras esta manifestación, Vigo Leguizamón pasó por el momento más duro de su descarnado testimonio. Fue ante la pregunta de si él sentía culpa por lo que le había pasado a Gastón. Sus palabras se entrecortaron y pareció a punto de quebrarse, pero se recompuso con una frase que empieza a decir muy pausadamente:
"Yo… siento culpa por no haberme dado cuenta. De no haberme dado cuenta. Pero tampoco ocurrió nada que me hubiera podido hacer sospechar de todo esto".
Después al preguntársele si Gastón nunca le había reprochado nada, dijo: "No, él ha tenido la grandeza de no hacerlo. Y en el libro hay un capítulo, que se llama 'Perdón', donde de alguna manera yo le pido perdón a mi hijo por no haberme dado cuenta. Y él, precisamente, me dice que tiene conciencia de que este libro es una manera de enfrentar esto unidos".

Javier aclaró que "en toda la vorágine de aquella época, en la cual yo también era muy joven, uno quizás no estaba atento,… pero en realidad lo que pasó era inimaginable". También agregó que su esposa, a quien Javier considera que fue "una leona" ante semejante situación, le dijo a uno de ellos:
"¿Cómo pudiste hacerme esto? Te traté como a un hijo. ¿Quién te enseñó esto? ¿Dónde lo aprendiste? Esa persona terminó pidiéndole repetidas veces perdón a Gastón: perdoname, perdoname, perdoname… pero después no hubo una actitud de arrepentimiento sincero".
"Uno no puede reducir el ser humano a su crimen, lo digo en mi libro 'Amar al enemigo' (2001); tiene que ver lo que queda de su humanidad. Por eso yo le dije que si le quedaba un resto de humanidad que se arrepintiera y se hiciera tratar. Lo tratamos con misericordia".
"Pero después de esa actitud de supuesto arrepentimiento se refugió en el cinismo y la negativa, sin ni siquiera tener la dignidad de alejarse. Eso es lo que más nos dolió, aunque hasta hoy las puertas del arrepentimiento, si es genuino, siguen abiertas".
"Nosotros no hemos descartado la acción ante la Justicia, pues Argentina ha incumplido el deber de buena fe en el cumplimiento de los tratados internacionales, demorando décadas en adaptar su legislación para que primara el interés superior del niño. El artículo 27 de la Convención de Viena impide invocar disposiciones de derecho interno para justificar el incumplimiento de los tratados".
Consultado si Gastón es partidario de judicializar esto, o prefiere que la vida dicte de alguna manera los pasos a seguir, Javier destacó que su hijo "ha ido evolucionando" ante el dolor:
"Hemos sido muy prudentes en no forzarlo en esto, en respetar sus tiempos y obviamente que él está observando que ocurre con otros casos. Lo que uno no puede hacer es revictimizar a la persona, porque si encima alguien que ha sufrido esto se encuentra con que la Justicia privilegia los derechos de los victimarios antes que el de las víctimas, vive una revictimización, vuelve a sr víctima".
"Siempre quedan abiertos los llamados Juicios por la Verdad. Las sentencias que han salido declarando prescripta la acción, recuerdan a la vez la posibilidad de los Juicios por la Verdad donde, en definitiva, la verdad sale a la luz. Este libro puede ser una manera de que la verdad salga a la luz, si bien a los nombres yo no los menciono. Puede ser una manera, al explicar lo que hemos sufrido y trasladar la necesidad de actuar con coraje", recordó.
"Dios sabe los nombres de estos victimarios", sentenció a continuación. "Y como les recordé a los dos, y se lo recordó Gastón, el Evangelio es muy severo, y Cristo fue muy severo, con quienes afecten la inocencia de los niños". Para finalizar, se le preguntó a Vigo Leguizamón si cree que los violadores han quedado impunes, a lo que respondió:
"Se equivocan al pensar que han quedado impunes, porque hay una cárcel más severa que la prisión; la cárcel moral, la condena social, que padecerán durante toda su vida. Las máscaras que portan están cayendo. Aunque yo sufra la violencia de ver a uno de ellos ocupar dentro de la empresa un cargo para el que carece de idoneidad moral, me consuela saber que el juicio de Dios es inexorable".
"El evangelio dice: 'Más vale que se aten una piedra de molino y se echen al mar'. Yo no estoy pidiendo eso y lejos estoy de recomendarles eso, pero sí les recuerdo que más tarde, o más temprano, van a enfrentar el juicio de Dios. Y el juicio final es dejar de justificarse; dejar caer la máscara con la que caminan".
"El dolor, la traición y la esperanza" (*)
Con su profunda tristeza a cuestas un hombre camina preguntándose qué quedará de él cuando la batalla culmine. Sordo y ciego a la razón, impulsado únicamente por el misterio del azar, entra en la casa de puertas abiertas. Su dueño no recrimina su intempestivo ingreso. Intuyendo las penas y derrotas que han surcado la vida del intruso, sólo le dice que está dispuesto a oírlo. Las horas pasan.
Cada palabra emerge cargada de sentido. Un añejo papel le es entregado. Contiene sabios pensamientos sobre el misterio de Dios, la libertad, la cruz, el perdón, el heroísmo, la razón de Estado, la traición, la ingratitud, la calumnia, la guerra, el miedo, el odio, el arte de manejar los silencios, el olvido, la venganza, la codicia, el liderazgo.
Léalo y decida con quién, ya sea amigo, extraño, pariente o enemigo, quisiera reunirse para reflexionar sobre aquel aforismo que le o les cuadre. No pretenda brillar, sólo, humildemente, iluminar o ser iluminado.
Tiene un año, hasta el 30 de enero de 2026 en que daré una fiesta en casa a la que usted y las personas que elija quedan invitados. Será al atardecer. Parte, sin saber que una cruz aún más pesada le espera. La carga en silencio un hijo desde sus siete años.
(*) Sinopsis de la nueva obra literaria de Javier Vigo Leguizamón. Publicada por Grupo Unión/EDA, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, año 2025.
Akamasoa Argentina
Akamasoa, que significa "los buenos amigos" en lengua malgache, es un movimiento humanitario fundado por el padre argentino Pedro Opeka en Madagascar para erradicar la pobreza extrema mediante el trabajo, la educación y la disciplina, construyendo comunidades dignas a partir de basurales.
Se trata de un modelo de emprendimiento social y comunitario exitoso, que impulsa la creación de comunidades autosustentables, que desde 2019 se replica en Akamasoa Argentina bajo la dirección de Gastón Vigo Gasparotti, enfocándose en la autosuficiencia y la dignidad a través de la capacitación y la autogestión, no el asistencialismo, con proyectos de huertas, salud y educación en la localidad de Lima, provincia de Buenos Aires.

Gracias a su labor de inclusión y apoyo integral, Akamasoa, donde Gastón es acompañado por su actual pareja, Candelaria Mercau, enfrenta la desigualdad, ofreciendo educación, empleo y dignidad a personas en extrema vulnerabilidad.
Para saber más sobre esta iniciativa, puede leerse "Transformar la pobreza desde adentro para erradicarla: la misión de Akamasoa Argentina", nota de Fiorella Carrión publicada por El Litoral el 14 de diciembre de 2024.
Con la ayuda de la fe
"¿Ser creyente ayuda?", se le preguntó a Javier Vigo Leguizamón. Entonces aclaró: "Tener fe ayuda, sí, nos ha ayudado enormemente. En el libro, precisamente, se recuerda que los tiempos difíciles, los tiempos dolorosos, son también tiempos de gracia, tiempos de Dios. Y nadie sufrió más que Jesucristo".
Uno entiende eso -acotó- porque se pregunta si se puede crecer en el decrecer de la vida: "Y nosotros, como padres, hemos crecido; en este dolor hemos crecido. No hubiéramos querido vivirlo, desde ya, pero nos tocó… nos tocó".