“Periodistas en tiempos de oscuridad” es el nombre de su libro. Fernando Belzunce es el director general editorial de Vocento; maneja una red de medios de 1100 periodistas con cabecera en el ABC de Madrid y analiza críticamente el desafío del periodismo, el uso de la IA y la competencia de “la verdad” ante plataformas de entretenimiento.
Una charla con Fernando Belzunce sobre la verdad y la democracia en la era de la IA
El director del grupo periodístico más grande de España habló con El Litoral sobre las audiencias atrapadas en la complacencia de los algoritmos, las presiones del poder y los medios tradicionales de un oficio que puede servirse de la inteligencia artificial. Pero que se debe a la verdad.

Es “Navarro”, se identifica con su origen pero vive en Madrid y descree de nacionalismos extremos para depositar su fe en la democracia y en el rol del periodismo en ella. Estuvo en Rosario en el marco de una nueva edición de Innovación, Tecnología y Periodismo, en el marco del programa Personal, Redacción 5G.
En una entrevista con El Litoral y Rosario 3, Belzunce expuso cómo los ataques sistemáticos del poder político buscan desacreditar la labor fiscalizadora de la prensa.

Frente al peligro de los algoritmos que aíslan a las audiencias en burbujas de autocomplacencia ideológica, advirtió sobre la necesidad civil de defender la información veraz para garantizar la toma de decisiones libres en democracia.
Lejos de temerle a la Inteligencia Artificial, a la que define como una valiosa aliada técnica para procesar datos, el prestigioso periodista español sostuvo que la trinchera innegociable para el futuro del oficio reside en el regreso a sus esencias más puras: el reporteo de calle, el contraste riguroso de fuentes y el valor insustituible del encuentro cara a cara con las personas.

-¿Cómo hacemos para competir con la verdad, que muchas veces es poco atractiva al lado del entretenimiento masivo?
-Es uno de nuestros grandes retos: lograr que la información que es verdaderamente importante resulte también interesante para el público. Tenemos la obligación de explicar mucho mejor nuestro trabajo a las audiencias; un ejercicio de transparencia y didáctica. Debemos contar cómo trabajamos, por qué investigamos o cómo hacemos una cobertura. Los periodistas nos dedicamos a contar lo que les pasa a los demás; hoy también es bueno que contemos lo que nos pasa a nosotros mismos para que la sociedad conozca y aprecie el valor de estar bien informados.
-¿Y dónde radica la importancia de este oficio?
-Es un oficio humilde pero de enorme trascendencia, porque cubre el derecho civil básico de los ciudadanos a recibir información veraz para tomar sus decisiones en libertad. Tras reflexionar con más de cien colegas para mi libro, queda claro que el periodismo tal vez no tenga la capacidad de cambiar gobiernos o detener guerras mágicamente; no está necesariamente para grandes épicas. Pero lo innegable es que sin periodismo todo sería mucho peor.
He hablado con corresponsales de guerra que reconocen que, aunque no detuvieron conflictos, su labor permitió que se conocieran realidades que de otro modo habrían quedado en la absoluta oscuridad. Su esfuerzo sirvió para que la gente supiera qué estaba ocurriendo y pudiera actuar con base en esa información. Cuando el periodismo se ejerce con rigor, se vuelve indispensable.
-Quienes hemos vivido bajo sistemas que cercenan las libertades, valoramos enormemente la palabra "libertad". ¿Por qué parece que en la juventud no se la aprecia de la misma manera?
-El periodismo necesita de la democracia para florecer. En las dictaduras se ejerce con un esfuerzo tremendo y casi siempre desde la oscuridad. La prensa libre pertenece a un sistema de valores donde la libertad de expresión es uno de los pilares de las sociedades democráticas, pues fortalece la convivencia y el flujo plural de ideas para que la gente decida en libertad. Quizás las nuevas generaciones, al no haber conocido una alternativa de censura, no perciben la fragilidad de ese pilar.
- Siempre existió tensión entre el periodismo y el poder, pero hoy asistimos a ataques explícitos y sistemáticos desde las cúpulas políticas.
-La tensión histórica entre los poderes y el periodismo es lógica y saludable, pues nuestro rol es auditarlos y fiscalizarlos. Que recibas llamadas de políticos o empresarios molestos significa que tu trabajo importa e influye. Sin embargo, en la última década se cruzaron líneas rojas peligrosas: hay ataques frontales y señalamientos directos contra los periodistas, con la clara intención de desacreditar el oficio.
-No es un fenómeno sólo argentino.
-Ocurre en Argentina con Javier Milei, en Estados Unidos con Donald Trump, en España, Suecia, Alemania y en casi todas las democracias avanzadas. Es alarmante cómo en apenas diez años, incluso en culturas con una tradición democrática tan sólida como la estadounidense, un presidente ataca diariamente a la prensa, alimentando una preocupante crisis de confianza y una profunda polarización.

-A esto se suma la dificultad de las audiencias para distinguir el periodismo riguroso de aquello que sólo simula serlo.
-Es sumamente complejo por el auge de corrientes populistas que no lanzan mentiras burdas, sino que diluyen la verdad mediante medias verdades difíciles de refutar. Además, dependemos de plataformas y redes sociales sobre las cuales los medios no tenemos ningún control de distribución, lo que termina por generar desconfianza sistémica y polarización en la sociedad.
-Dentro de las empresas de comunicación también hay una tensión entre el sostén financiero y la independencia editorial. Con el declive del papel, ¿cómo se financia el periodismo libre?
-La crisis del modelo de negocio es un problema real. El periodismo independiente solo se ejerce cuando un medio es rentable, ya que de ese modo no depende de subvenciones del gobierno de turno ni del condicionamiento de empresas con intereses específicos. No obstante, noto que hoy las tensiones entre el departamento comercial y la redacción están mucho más alineadas que cuando yo empecé la carrera; todos entendemos la dificultad del momento y colaboramos codo a codo en buscar soluciones.
-A las audiencias actuales, ¿les sigue importando la verdad o prefieren aquella información que simplemente reconforta sus prejuicios?
-Es doloroso admitirlo, pero hoy importa mucho la información que nos reconforta. Hubo un tiempo en el que se valoraba que un periódico ofreciera múltiples puntos de vista y una mirada plural que sacudiera al lector de su zona de confort. Hoy prima la tendencia a consumir opiniones que refuerzan nuestros sesgos, algo alimentado por algoritmos de redes sociales y sistemas de Inteligencia Artificial que adaptan el contenido para complacernos.
Esto es muy perverso: yo mismo he hecho pruebas con ChatGPT y Gemini contradiciéndolos con datos erróneos adrede, y la respuesta automática de la máquina es darme la razón de forma sumamente dócil. Si una persona interactúa durante años con tecnologías que aprenden su ideología y solo le devuelven lo que quiere oír, perderá la capacidad de interactuar y convivir en una sociedad que, por definición, debe ser abierta, plural y diversa. Estamos en un momento peligroso para la convivencia democrática.

-¿Debemos los periodistas asumir un rol pedagógico y advertir a las audiencias sobre este sesgo de confirmación?
-Tenemos una labor didáctica fundamental, aunque honestamente es muy difícil lograrlo. Desde los periódicos hacemos esfuerzos por defender nuestro trabajo y explicar el funcionamiento de los algoritmos y la adicción psicológica sobre la que están diseñadas las interfaces, como el scroll infinito.
De hecho, juicios recientes como el de Meta, que pagará unos 11.000 millones de dólares por la adicción que generan sus espacios, ayudan a concienciar a la sociedad. No tenemos el músculo financiero de estas multinacionales tecnológicas, pero, como me decían los corresponsales de guerra, aunque no podamos cambiar solos el curso de la historia, está en nuestra mano hacer lo correcto: insistir en recordar qué es lo correcto y denunciar lo que no lo es. El resto queda en la responsabilidad del lector.
-En cuanto al mercado de trabajo, ¿de qué manera está impactando el avance de la Inteligencia Artificial?
-El impacto va a ser una sacudida monumental, pero hay que separar la IA como herramienta, del impacto macroeconómico. Como herramienta, la IA es excelente para potenciar investigaciones rigurosas. En España, donde lamentablemente hemos tenido complejos casos de corrupción, hace tres años analizar sumarios de miles de folios requería dividir el papel entre diez periodistas que pasaban noches cruzando fechas y nombres.

En los últimos meses, en Vocento hemos realizado investigaciones muy precisas pasando miles de páginas de sumarios por la IA para detectar patrones y conexiones en cuestión de minutos.
Por otro lado, está el impacto estructural: cómo cambiará los hábitos de consumo de toda la población, las búsquedas y el modelo publicitario de los medios. Eso trasciende al periodismo; es una revolución superior y global.
-Frente a esta automatización, ¿tenés una trinchera irrenunciable en la que el periodismo debe dar su esfuerzo?
-Mi convicción es que, ante tanto artificio digital, lo que adquiere una fuerza y un valor gigantesco son las esencias periodísticas más puras e históricas: la investigación, la inversión de los editores para enviar reporteros al lugar de los hechos, el contraste riguroso de fuentes diversas y, fundamentalmente, el contacto de hablar cara a cara con las personas.
La Inteligencia Artificial puede llegar a superarnos a la hora de reescribir o reelaborar historias ya publicadas, pero lo que la máquina jamás podrá hacer es realizar periodismo de primera mano: estar en la calle, percibir los matices de una mirada y sentarse frente a una persona para descubrir una verdad. El secreto es refugiarse en esas esencias; el gran interrogante es si lograremos encontrar un modelo de negocio que las haga económicamente sostenibles en el tiempo
-¿No creés que el propio hecho de que una tecnología mienta con tal de consentir, pueda terminar provocando un hartazgo en las audiencias, empujándolas a buscar fuentes humanas de información?
-Confío en que sea así, pero sinceramente tengo muchísimas dudas. Nunca lo sabemos a ciencia cierta. Es verdad que a toda acción le corresponde una reacción, y ya se percibe un incipiente hartazgo frente al exceso de pantallas y brillos tecnológicos, por ejemplo, cuando la gente busca desconectarse en vacaciones. Quisiera pensar que esa tendencia irá a más, pero me cuesta ser categórico.








