Arlindo de Souza, conocido en Brasil como el “Popeye brasileño”, falleció el martes 13 de enero a los 55 años.

Arlindo de Souza, con notoriedad en Brasil por sus bíceps de gran tamaño logrados mediante inyecciones de aceite mineral y alcohol, murió a los 55 años tras complicaciones de salud, en un caso que reaviva la preocupación médica por prácticas de modificación corporal sin respaldo científico.

Arlindo de Souza, conocido en Brasil como el “Popeye brasileño”, falleció el martes 13 de enero a los 55 años.
El hombre, oriundo de Olinda, en el estado de Pernambuco, había sido internado desde diciembre de 2025 en el Hospital Otávio de Freitas, en la ciudad de Recife, debido a complicaciones de salud que, según familiares, comenzaron con problemas renales graves.

Su notoriedad se remonta a la década de 2000, cuando participó en programas de televisión y se volvió una figura conocida por exhibir bíceps de gran tamaño, que según registros mediáticos llegaban a medir alrededor de 73 centímetros.
Esta apariencia se debía no al desarrollo muscular tradicional, sino a la aplicación repetida de aceite mineral y alcohol en sus brazos, una práctica rechazada por la comunidad médica por sus riesgos para la salud.
El fallecimiento se produjo después de que uno de sus riñones dejara de funcionar y el otro siguiera el mismo curso durante la etapa navideña.
Familiares explicaron que, tras estas complicaciones, Souza no pudo someterse a hemodiálisis debido a un paro cardíaco. Su sepelio tuvo lugar en el Cementerio de Águas Compridas, barrio en el que residía con su madre.
Más allá de su figura mediática, de Souza trabajaba de forma modesta: se dedicaba a la venta de agua mineral y realizaba trabajos eventuales de albañilería, según señalaron medios brasileños.

El caso de Arlindo de Souza ha generado nuevamente un debate en Brasil sobre los peligros asociados al uso de sustancias como aceite mineral, mezclas caseras y esteroides anabólicos para modificar el cuerpo con fines estéticos o de notoriedad en medios y redes sociales.
Especialistas en salud han advertido durante años sobre los riesgos que implica la inyección de este tipo de sustancias directamente en los músculos.
El cardiólogo y presidente de la Asociación de Hospitales y Servicios de Salud del Estado de São Paulo (AHOSP), Anis Mitri, reiteró que el uso de hormonas y sustancias sin control médico no solo carece de beneficios comprobados, sino que puede provocar efectos adversos graves.

Entre estos riesgos, mencionó la formación de coágulos sanguíneos, lo que puede derivar en accidentes cerebrovasculares, infartos y otras complicaciones cardiovasculares.
Además, el uso de aceites inyectados en los músculos puede causar gangrena, pudrición del tejido muscular y trombosis, advirtió el especialista en diálogo con la Agencia Brasil.
La Sociedad Brasileña de Endocrinología y Metabología (SBEM) también ha señalado que el uso indiscriminado de testosterona y esteroides anabólicos sin supervisión médica puede acarrear una larga lista de efectos secundarios.
Entre ellos se encuentran aumento del acné, caída de cabello, disfunción hepática, desarrollo de tumores, alta presión arterial, síntomas psiquiátricos como agresividad o paranoia y riesgos de enfermedades transmisibles.

También existe un contexto regulatorio en Brasil: en abril de 2023, el Consejo Federal de Medicina (CFM) prohibió la prescripción de terapias hormonales con esteroides androgénicos y anabólicos con fines estéticos o para mejorar la masa muscular o el rendimiento deportivo, dadas las evidencias insuficientes sobre su seguridad y eficacia.
En el caso de Souza, su propio uso prolongado de aceite mineral y sustancias similares lo convirtió en una figura atípica dentro de la discusión.
Aunque el público lo conocía por su físico singular, no existen indicios de que estas prácticas le hayan aportado un beneficio de salud real; de hecho, médicos han subrayado que el volumen logrado no se traduce en fortaleza o desempeño físico natural, sino en una deformación del tejido que puede traer consecuencias severas.
Familiares y conocidos del “Popeye brasileño” llevaron adelante una vida cotidiana alejada de la fama, pese a su presencia en programas televisivos y en redes sociales, donde llegó a tener decenas de miles de seguidores.