Un escalador trepó un rascacielos sin cuerdas y en vivo por Netflix: 508 metros de vértigo
Alex Honnold completó este domingo el ascenso al rascacielos más icónico de Taiwán, de 101 pisos y 508 metros, sin cuerda ni arnés. La transmisión global incluyó una demora de seguridad y reabrió el debate sobre los límites del riesgo.
Alex Honnold escaló el Taipei 101 sin cuerda ni equipo protector y llegó a la aguja final.
El Taipei 101, símbolo de Taipéi y postal inevitable del skyline asiático, amaneció con un silencio extraño: el de la ciudad mirando hacia arriba. En una de sus aristas, Alex Honnold empezó a trepar sin cuerda, sin arnés y sin margen para el error. El “free solo” se mudó del granito al vidrio y al acero.
Minuto a minuto, el escalador avanzó usando pequeñas salientes y apoyos en “L”, mientras sorteaba estructuras ornamentales que sobresalen del edificio. Cada tramo exigía precisión quirúrgica: manos desnudas, pies firmes y la calma de quien hace del vacío un lugar conocido.
Un ascenso de 90 minutos y un festejo en la aguja
La multitud estalló cuando Honnold alcanzó la aguja, cerca de 90 minutos después del inicio. Desde arriba, con el viento golpeando fuerte, levantó los brazos y dejó una frase a tono con la escena: “Qué vista… qué día hermoso”. Un final de película, pero sin dobles.
La escalada fue transmitida en directo por Netflix, con un retraso de 10 segundos como medida preventiva. El plan original era el sábado, pero la lluvia obligó a postergar todo 24 horas. El desafío no perdió tensión: la humedad y el viento eran parte del guion.
El tramo más complejo, según describieron en la cobertura, fue la zona media: 64 pisos de los “bamboo boxes”, el diseño que le da identidad al Taipei 101. Ocho segmentos repetidos, con secciones más empinadas y balcones donde Honnold tomó pausas breves antes de seguir.
El antecedente “Spiderman” y el debate por el riesgo televisado
No fue el primer humano en escalar el Taipei 101, pero sí el primero en hacerlo sin cuerda. El francés Alain Robert lo había logrado en 2004, en pleno acto inaugural del edificio, cuando todavía era el más alto del mundo. Aquella vez, el ascenso tuvo otro marco y otra seguridad.
El show global también reavivó una discusión incómoda: ¿hasta dónde es válido convertir el peligro real en espectáculo? Honnold escuchó aplausos a ras del suelo, algo poco habitual para alguien acostumbrado a paredes remotas. Dijo que al principio lo inquietó, pero luego sintió el apoyo.
Alex Honnold escaló el Taipei 101 sin cuerda ni equipo protector y llegó a la aguja final.
La escena que quedará en la memoria no fue solo la cima: fue la ciudad entera conteniendo el aire. Taipéi miró una pared imposible y, durante un rato, creyó que la gravedad podía negociar. Cuando bajó el pulso, quedó la certeza: hay proezas que no se explican, se miran.