Una historia de amor nacida en el lugar más extremo del planeta tuvo su capítulo más emotivo en la Antártida Argentina. Mara Schmid y Franco Ormaechea sellaron su unión religiosa en la Base Esperanza, el mismo sitio donde se conocieron en 2014 durante una invernada.
Una pareja argentina se casó en la Base Esperanza, junto a sus hijas
Doce años después de conocerse, Mara Schmid y Franco Ormaechea sellaron su unión religiosa en el mismo sitio donde se enamoraron en 2014, durante una invernada.


Doce años después de aquel primer encuentro, y tras haber formado una familia con sus hijas Alma y Luna, la pareja regresó al continente blanco para vivir una nueva etapa. Esta vez, no solo compartieron la experiencia con las niñas, sino que también concretaron el casamiento religioso en la Capilla Antártica San Francisco de Asís, en una ceremonia cargada de emoción.
Las pequeñas tuvieron un rol clave en el evento: una fue la encargada de llevar los anillos, mientras que la otra esparció pétalos confeccionados junto a sus compañeros de la Escuela Provincial Nº 38 Presidente Raúl Ricardo Alfonsín. La celebración reunió a los integrantes de la base, quienes asistieron con sus habituales uniformes térmicos, acordes al clima polar.
“Cuando surgió la idea del casamiento -no antártico, sino en 2017- tomamos la decisión de decir, ‘casémonos únicamente por civil’, porque como a los dos nos gusta la actividad antártica, pensamos, ‘¿quién te dice? Por ahí en un futuro...’”, recordó Franco. Ese deseo, que parecía lejano, finalmente se hizo realidad.
No fueron los primeros, pero...
Se trató del casamiento número 12 celebrado en la Antártida, aunque con una particularidad: “pero es el primero de dos personas que se conocieron acá y el único entre una bióloga con un personal militar”, explicó Mara.

La ceremonia, que duró alrededor de 40 minutos, estuvo marcada por la emoción de toda la familia. “Las dos estaban emocionadas. Es algo que ellas se esperaban, conocían, nosotros lo hablábamos. La ceremonia duró unos 40 minutos y se portaron de diez, entendían todo el contexto”, contó la madre.
Uno de los momentos más singulares fue el tradicional cordón de honor, adaptado a las condiciones del lugar. En lugar de armas, los compañeros formaron un pasillo con piquetas utilizadas para desplazarse sobre el hielo, en una postal única de esta boda antártica.
La familia completa
Más allá del casamiento, esta nueva invernada tiene un significado especial para la familia. Las niñas se adaptaron rápidamente a la vida en la base, donde combinan la escuela con actividades en la nieve y el contacto directo con la fauna local.

“Mamá, amo la Antártida”, repiten con entusiasmo. Según relató Mara, las pequeñas disfrutan plenamente la experiencia: juegan al aire libre y comparten el día a día con otros chicos en un entorno completamente distinto.
Desde su vivienda, además, observan a diario el comportamiento de los pingüinos, una de las atracciones naturales que más las fascina. La menor celebró allí su cumpleaños número seis y comenzó la escuela primaria.
“En un lugar tan inhóspito como éste las sensaciones están muy a flor de piel. Uno acá aprende a valorar a los seres queridos y a las pequeñas cosas”, reflexionó Franco, sintetizando el espíritu de una historia que combina amor, familia y aventura en uno de los escenarios más extraordinarios del mundo.








