Días atrás nos dejó físicamente Eduardo Oreste Lamazón. Tenía 70 años. En muchos sentidos era nuestro faro y nuestro representante estrella, quizás el más calificado comentarista de boxeo que hayamos conocido junto a Julio Ernesto Vila. Un insoslayable referente y verdadero espejo donde mirarnos profesionalmente.
Eduardo "Pilo" Lamazón, el que sabía de la A hasta la Z
Radicado en México desde 1979, se destacó por su labor en el Consejo Mundial de Boxeo (CMB) durante décadas, siendo al mismo tiempo un pilar inclaudicable del análisis pugilístico reflexivo y un referente preclaro para generaciones de periodistas.

Nacido en Buenos Aires el 2 de diciembre de 1955, "Pilo" Lamazón se crio, creció y vivió gran parte de su adolescencia en la localidad de San Justo, provincia de Santa Fe, aunque desde hacía cuarenta y siete años que estaba radicado en México.
De inquebrantable y férrea amistad con el colega Celso "Junior" Ludueña y don Amílcar Brusa, o con el propio Julio Ernesto -con quienes cultivó perennes lazos de vida-, Lamazón fue uno de los máximos especialistas del pugilismo en habla hispana, y como tal supo ganarse legítima y unánimemente el reconocimiento del ambiente boxístico internacional. Incluso el anglófono, siempre difícil y distante.
Julio César Chávez padre, el famoso Jotacé ("El Gran Campeón Mexicano"), alguna vez dijo que reconocía en él "al mayor experto que hay en México en historia del boxeo y uno de los mejores del mundo", porque Eduardo -decía- "simplemente se sabe todo, de la A hasta la Z".
También fue el enorme Jotacé Chávez quien sostuvo que Eduardo era "un hombre muy estudiado" y "de increíbles conocimientos", que gracias a su sólida formación supo permanecer muchos años en el CMB, al lado del licenciado José Sulaimán Chagnón. Chávez fue muchos años su compañero en las transmisiones de Televisión Azteca.
Existen personas que han desarrollado un vínculo muy fuerte, severo, constante y perdurable con el deporte de los puños, a tal punto que a esta actividad le terminaron dedicando toda una vida. Se trata de aquellos que no están ligados al pugilismo como boxeadores, sino por el ejercicio de su profesión, en este caso el periodismo.
El querido y entrañable "Pilo" era uno de ellos. Y a él le cabe, con todas y cada una de las letras, la certera definición de "especialista y experto en boxeo". Especialista y experto, que no es lo mismo. Los que somos simples especialistas conocemos y admiramos la diferencia.
Su destacada trayectoria periodística se divide en un antes y un después del viaje a tierras mexicanas muy jovencito, 23 años, para trabajar junto a Sulaimán y el CMB, entidad con sede en la capital azteca para la que cumplió funciones como secretario ejecutivo durante mucho tiempo.
En Santa Fe aún hoy se recuerdan con orgullo su paso por LT 10 Radio Universidad Nacional del Litoral y sus lúcidas notas para El Litoral. Estaba radicado en México exactamente desde el 10 de agosto de 1979 y tenía ciudadanía mexicana desde 1991.
Era uno de los expertos en boxeo más seguidos por el público y uno de los principales motivos de dicha predilección eran sus registros históricos únicos, con el palmarés y los datos biográficos de cientos de boxeadores, que fue el mayor legado que le dejó al citado organismo en general y a la disciplina de la esgrima de los puños en particular.
Elegante y agudo profesionalismo
Sus análisis -antes, durante y después de cada pelea- equivalían a un sano ejercicio de la reflexión sociodeportiva, ya que trascendían el hecho boxístico y buceaban con profundidad en el alma de los protagonistas, algo casi imposible de lograr si el analista se queda solo en las frías estadísticas, las fechas y los resultados.
Una de sus frases de cabecera lo pintaba en cuerpo y alma: "Yo no doy pronósticos, analizo qué puede pasar". Gratuita lección para aquellos que basan todo su "saber" y entendimiento en el acierto de algún resultado o la simple predilección por los ganadores de turno.
"No me gusta dar pronósticos, me interesa reflexionar sobre qué es lo que puede pasar y a partir de allí poder describir posibles situaciones", dijo Eduardo en su comentario previo al segundo combate entre Marcos René "El Chino" Maidana y Floyd Joy Mayweather Jr., llevado a cabo el 13 de septiembre de 2014.
Repetimos el concepto: no le gustaba hablar de pronósticos y tampoco se enredaba en pretenciosas teorías o confusas elucubraciones sobre técnica pugilística. Para decirlo en términos médicos o clínicos: él a las peleas las "diagnosticaba".
Lamazón exploró como pocos los registros numéricos y records (es el autor de un libro titulado "El boxeo en números. 150 años de historia"), pero fue mucho más allá de ellos. Siempre nos dio gusto saber qué opinaba o qué pensaba sobre cualquier tema, no solo boxístico.
Sus conocimientos eran amplios y sólidos, si bien su bastión inexpugnable estaba a la vera del ring (donde logró consolidarse a nivel mundial), también escribió sobre sociología, comportamiento humano y literatura, siendo reconocido su activismo a favor de los derechos de los animales.
Se destacaba por su estilo, sus ejemplificaciones y su pulcro profesionalismo. También por su capacidad exponencial, esa forma "casi inadvertida" de decir las cosas importantes que hay que decir. Su intelecto al servicio del boxeo fue una herramienta de trabajo que a esta altura ya nadie discute, porque la suya era una opinión con clase y distinción.
Nunca nos cansamos de repetir, con algo de tristeza y amargura, como lo marcamos puntualmente en 2019 para "Boxeo de Santa Fe, historia y recuerdos" (ciclo que se publicaba en Mirador Provincial como continuidad de "Historias escritas sobre el ring"), en la edición del 2 de septiembre de aquel año: su prédica no tuvo en Argentina el alcance o la influencia que creemos debió haber tenido.
En nuestro país no se lo ha valorado como en México. Es lógico dirán. Y con algo de razón. Hacía más de cuatro décadas que lo aprovechaban y lo disfrutaban los mexicanos, quienes si no compartían sus conceptos, o las tarjetas que "Pilo" llevaba extraoficialmente, al menos podían debatir con él, que era todo un apasionado de las discusiones, los debates y las listas comparativas.
Allá seguramente aprendían semana tras semana escuchándolo, viéndolo o leyéndolo, una posibilidad que nosotros no siempre tuvimos.
La tarjeta de "Don Lama"
Una de las tareas que distingue a los analistas de boxeo es la confección de una tarjeta extraoficial con la puntuación de los púgiles. Es decir, puntuar un combate; lo que en la jerga boxística se denomina "llevar tarjeta".
Esa labor, en el caso de las transmisiones radiales o televisivas, recae por lo general en el comentarista, no en el relator o narrador del match. Eduardo era realmente famoso por ello, a tal punto que la suya tenía nombre propio o marca registrada: "La tarjeta de Don Lama".
Esta última, tal cual lo cuenta su compañero de trabajo Carlos Alberto Aguilar, surgió el 9 de junio de 2007, al inicio de la participación de Eduardo en el ciclo "Boxeo Azteca". Era el resultado de un método de análisis y puntuación, que el mismo Lamazón sintetiza en su libro, en el segmento denominado "Diez consejos para evaluar una pelea".
Allí, con frases simples, pero agudas y certeras, "Pilo" deja en claro lo que debe y no debe hacer un juez de boxeo. Así, entre otras cosas, sugiere:
"Antes de la pelea quítese los prejuicios. Olvídese de títulos, de nacionalidades, de récords, de quién es el campeón, de quién es el local y de quién es el favorito del promotor. Sobre todo, olvídese de quién es su favorito. Los dos boxeadores van a tratar de hacer su mejor pelea, usted trate de hacer su mejor tarjeta".
También, a modo de sentencia firme y ecuánime, recuerda que "en el boxeo gana el que provoca un daño mayor que el daño que recibe". Y el que recibe mayor daño "no es el que sangra más o está más herido, sino el que ve afectada su condición corporal y psicológica para rendir al máximo según sus aptitudes".











