Hay empresas que fracasan con buenas ideas y empresas que prosperan con ideas mediocres. La diferencia, casi siempre, no está en la idea: está en el proceso de management (gestión o administración). Hace un tiempo vengo reflexionando sobre eso. En la vida de una empresa todo se reduce, en última instancia, al management.
Pero… ¿Y la idea innovadora sobre el negocio? ¿El detectar problemas que nadie resuelve y darles una solución? ¿El plan de negocios y la rentabilidad? ¿No son acaso importantes todos esos aspectos?
Sí, claro que lo son. Pero en última instancia, todos van a mirar al que ejecuta. En definitiva, como dice la frase que suele atribuírsele a John D. Rockefeller, aunque no textual: "Pago centavos por las ideas, pero millones a quienes las ejecuten". Más allá de su literalidad, el concepto es claro: las ideas valen poco sin capacidad de ejecución.
He observado en experiencias recientes que el "capitán" de la embarcación hace toda la diferencia en la conducción de un negocio hacia el puerto de la rentabilidad.
Empresas con trayectoria que pierden valor cuando el liderazgo no está claro y, por el contrario, empresas que aún no son más que proyectos incipientes despiertan sumo interés y generan adhesiones por saber de antemano quién o quiénes estarán en la ejecución.
Hace unos años observé un hecho que me llamó la atención, y va en la misma dirección. En 2018 Elon Musk apareció fumando lo que parecía ser una mezcla de marihuana y tabaco durante una entrevista en directo ("The Joe Rogan Experience" en YouTube).
Poco después, las acciones de Tesla abrieron con caídas significativas en su cotización, lo que claramente podría atribuirse a una "preocupación del mercado" por la conducta de su CEO. No se trató de un juicio moral, sino de algo más simple: el mercado también evalúa conductas.
En uno de mis libros favoritos, "El secreto de la técnica empresarial japonesa", encontré una investigación interesante: John Gabarro, de Harvard, demostró que el subordinado quiere saber sólo tres cosas sobre su jefe, con el cual le tocará trabajar:
Nótese que los factores personales, y no los técnicos, son los fundamentales y más valorados. Lo técnico se aprende, las habilidades blandas lleva mucho tiempo cultivarlas (¡Aunque claro que se puede!).
Tengo una premisa que me esfuerzo por recordarme a mí mismo: trabajar siempre en uno tanto o más que en el negocio. En definitiva, el gran diferencial está dado allí. Porque, al final del día, el negocio no puede crecer más que quien lo conduce.