Por Damián L. Sarro


Por Damián L. Sarro
La literatura y el cine han explorado y abordado en innumerables y magníficas producciones la temática de la esclavitud en el sur de Estados Unidos, esclavitud sostenida, ejercida y defendida por la etnia blanca contra la negra. Desde múltiples perspectivas se ha tratado la violencia, la marginación, la explotación, la humillación, la masacre y demás flagelos que se circunscriben dentro de las tipologías de la esclavitud. En el corpus de las novelas que se apropian de este tema, pueden mencionarse las siguientes: "La cabaña del tío Tom" (1852), de Harriet Beecher Stowe, a quien Douglass conoció personalmente; "Doce años de esclavitud" (1853), de Solomon Northup; "Las aventuras de Huckleberry Finn" (1885), de Mark Twain; "Lo que el viento se llevó" (1936), de Margaret Mitchell; "Las confesiones de Nat Turner" (1967), de William Tyron; "Raíces" (1976), de Alex Haley; "Beloved" (1987), de Toni Morrison; "El mundo conocido" (2004), de Edward Jones; "El pájaro carpinter"o (2013), de James McBride, y "El ferrocarril subterráneo" (2016), de Colson Whitehead; debe entenderse que todo catálogo literario es parcial y arbitrario, pero permite visualizar un horizonte narrativo a la hora de pretender una aproximación sobre el tópico esclavista norteamericano.
En el caso de Frederick Douglass, su relato ofrece una descarnada visión sobre los padecimientos, las humillaciones, las torturas y las vejaciones propias de un sistema esclavista enraizado en lo más profundo de la sociedad estadounidense del siglo XIX, cuya concentración se ubicaba en los estados sureños del país. Su relato mezcla tonalidades de elegía por aquella dura realidad a la cual estaba sometida la población negra (principalmente la afrodescendiente) con templanzas que aspiran a su emancipación y a la dignidad humana. En este sentido, el libro constituye una explícita alabanza por la liberación, por la ruptura de cadenas que quebraron la integridad del ser humano en aquellas tierras estadounidenses.
La historia se abre con un Prefacio, firmado en Boston en mayo de 1845 por el editor William Lloyd Garrison, líder de la Sociedad Americana Antiesclavista, quien narra cómo conoció a Douglass en una convención antiesclavista celebrada en Massachusetts cuatro años antes, recién fugado del sur. Allí, Douglass pronunció el célebre discurso antiesclavista que repercutiría de manera admirable en pos de los derechos de los negros; Lloyd Garrison exclamó: "creo que nunca odié tan intensamente la esclavitud como en ese momento" (p. 10).

Luego del Prefacio, el libro se desarrolla a través de once capítulos, el Apéndice y la Parodia donde, en una ordenación cronológica, el lector va adentrándose en la vida de Douglass, quien no omite detalles a la hora de narrar su verídica odisea. En este despliegue autobiográfico se destacan aspectos centrales que configuraron la existencia del protagonista: por un lado, sus orígenes en Maryland con un padre blanco ausente y una madre esclava fallecida tempranamente; por otro lado, un entorno hostil que lo mantuvo en la más indignante de las miserias y de la ignorancia, a tal punto que no sabía ni su edad; también el valor de la alfabetización como herramienta para la emancipación humana, ya que Douglass focaliza en la importancia que significó para él aprender a leer y a escribir, lo cual señala la transcendencia de la educación como arma para la liberación y, en consecuencia, es representativo lo que exclama uno de sus amos, Hugh Auld, cuando sostiene que "era tan ilegal como inseguro enseñar a leer a un esclavo […] no debe saber nada más que obedecer a su amo y hacer lo que se le indique. El aprendizaje arruinaría al mejor negro del mundo" (p. 57); la lectura va tomando protagonismo en el proceso de crecimiento y de afianzamiento de las distintas ideas e estrategias emancipadoras que Douglass pone en funcionamiento. Esto, junto con su irrenunciable anhelo de libertad, serán los pilares que lo sostendrán ante las adversidades más aborrecibles, a tal punto de afirmar lo siguiente: "Si no hubiera amparado la esperanza de alcanzar la libertad, me habría suicidado sin duda alguna, o acaso habría cometido algún acto penado con la muerte" (p. 66). Este apego a la educación y a la lectura será la principal herramienta para el grito de libertad que encarnará Douglass en su enfrentamiento con el sistema esclavista norteamericano, incluso trascendiendo las fronteras.
El derrotero por diferentes propietarios de esclavos –los amos– representa la centralidad del relato de Douglass: sus vivencias o, mejor dicho, sus padecimientos comenzaron con Anthony y continuaron con Lloyd, con Auld, con Covey y con Freeland, entre otros. Distintas familias en diferentes regiones pero la misma condición de esclavitud, de azotamientos y de humillaciones.
Frederick Douglass es, por antonomasia, la persistencia o, mejor aún, la resiliencia en las profundidades de la esclavitud como institución avalada socialmente en el siglo XIX en Estados Unidos. Su historia constituye un claro ejemplo de lo que podría entenderse como "bildung": proceso de formación de uno mismo combinando la educación y el conocimiento para alcanzar la madurez subjetiva, proceso en el cual la educación y la lectura fueron sus armas más potentes.