De la actual campaña presidencial se desprende que una de la principales "idea fuerza" enarboladas por varios candidatos, es el agotamiento de la llamada "Política", concepto que va acompañado por el supuesto alumbramiento de un "nuevo tiempo", en el que se dejarían de lado "prácticas y costumbres" en desuso, las que serían causantes de la crisis económica y social por la que atraviesa nuestro país.
Con la finalidad de que simplificaciones de este tipo no terminen afectando la democracia representativa que tanto nos costó recuperar, y mantener, es que trataré de rebatir dicha postulación. Cabe aclarar que el agregado de representativa a nuestra democracia es intencional, para diferenciarla de la democracia plebiscitaria, más típica de regímenes autoritarios que de las verdaderas repúblicas en donde impera el Estado de Derecho.
Dicho lo anterior, anticipo que el presente artículo no pretende defender la actuación de representantes políticos que pudieron haber defraudado la confianza pública al ejercer distintas funciones de gobierno. Por el contrario, la idea es reivindicar a la actividad "Política" con mayúscula. Es decir, la que se podría definir como "el arte del gobierno en el que se resuelven pacífica y razonablemente los conflictos, buscando el bienestar general y el mejoramiento de la vida de la gente". Por otra parte, y en la idea de explicar las motivaciones de este artículo, entiendo que en momentos de tanta desazón o desilusión social, sobre todo de parte nuestros jóvenes, es necesario alertar sobre los peligros que conlleva la mención disvaliosa de esta actividad y de sus canales de expresión, los Partidos Políticos.
Conforme lo expuesto, corresponde reafirmar que la hoy tan denostada "Política", con sus defectos y errores, pero también con todas sus virtudes, ha sido la única manera de dirimir pacíficamente nuestras controversias desde que nuestros próceres proyectaran la República Argentina. En aras de ser más claro, y con el afán didáctico de todo docente, intentaré señalar algunos de los momentos en que esta noble actividad contribuyó a forjar lo que hoy nos une como nación.
Iniciaré este breve raconto con tres hitos fundacionales de nuestra historia: la Revolución de Mayo, la Declaración de la Independencia y la sanción de nuestra Constitución Nacional. En efecto, basta analizar quiénes formaron parte de los grupos que intervinieron activamente en esos eventos para advertir que fueron representantes de la llamada "Política". Concomitantemente, o con posterioridad, aparecen dedicándose a esta actividad los integrantes de la "La Generación del 37", con el "Dogma Socialista" a la cabeza y las ideas vinculadas a la libertad, la igualdad y la fraternidad, como los hombres de la "La Generación del 80", gestores de un modelo de país, con el que se podrá, o no, estar de acuerdo, pero que dedicaron su vida a lograr una educación pública igualitaria que permitiera a todos los habitantes beneficiarse del incipiente desarrollo económico y social de ese entonces.
Continuando con esta reseña, debo mencionar al gobierno radical de principios de siglo veinte, el que logró con su prédica relacionada con el voto que, por primera vez, los sectores populares accedieran al gobierno. También, las figuras del Socialismo Argentino o de la Democracia Progresista, notables dirigentes políticos que impulsaron la justicia social, defendiendo los derechos de los trabajadores, de las mujeres, de los niños, de la ancianidad y fueron pioneros en la incipiente lucha contra la corrupción alertando sobre el gravo daño que ésta le irroga a la República. Hombres y mujeres de la política que con defectos y virtudes, pero con su lucha lograron la sanción de innumerables leyes sociales, verdaderas precursoras del "Estado de Bienestar", concepto este, que muchos años después sería implementado por los países más desarrollados. También debo mencionar a los gobiernos justicialistas, los que encabezados por su líder consolidaron esta idea de Justicia Social, logrando que los sectores obreros accedieran al gobierno y participaran en sus administraciones y sus decisiones. Y, por supuesto, y más allá de que ya algo mencioné, tengo que darle un lugar destacado a las mujeres de distintos partidos políticos, precursoras en la instalación de sus derechos, entre ellos, el voto femenino logrado gracias a su prédica y a su lucha en democracia.
Como se advierte, un camino de progreso social logrado a través de la democracia representativa, el que consolidó nuestra educación pública logrando el ascenso de vastos sectores sociales con su correspondiente movilidad. También debo mencionar los avances en la salud pública, tan cuestionada actualmente, pero envidiada por los países vecinos, situación que aparece demostrada por los miles de extranjeros que diariamente viajan a atenderse en nuestros hospitales. Nada de esto se hubiera logrado sin la presencia de los Partidos Políticos, verdaderos canales de expresión de la voluntad popular los que, más allá de una necesaria modernización, deben ser reivindicados.
En este recorrido debo agregar un tema que merece destacarse. Fueron los Partidos Políticos los que se hicieron cargo de la grave situación en que quedaba el país luego de cada una de las interrupciones constitucionales ocasionadas por el Poder Militar. Principalmente después de la última dictadura militar, donde ante su retirada desordenada, fue la "Política" y sus representantes los que tuvieron que reconstruir todo el tejido social luego de las graves violaciones a los Derechos Humanos cometidas y a la derrota en una guerra inútil en la que fue embarcada nuestra nación. Es aquí donde los partidos políticos de entonces, representados en la "Multipartidaria", restauraron la democracia y canalizaron el apoyo constitucional y legislativo al juzgamiento de los mandos militares que protagonizaron esa noche oscura. Dura tarea de consolidación de los valores republicanos, encabezada por el Partido Radical, pero acompañada notablemente por los principales representantes de las otras agrupaciones, los que apoyaron firmemente al gobierno frente a las asonadas militares que pretendían derrocarlo.
Asimismo corresponde mencionar los logros en materia de reconocimiento de derechos de los últimos años, conseguidos a través de la sanción de numerosas normas en el Congreso, discutidas y sancionadas a instancias de representantes del partido de gobierno pero con el acompañamiento de las principales fuerzas opositoras. Me refiero a las acciones positivas en favor de la mujer, el matrimonio de personas del mismo sexo, los derechos de paternidad relacionados con el tema, la normativa relacionada con los distintos colectivos, muchas veces censurados y perseguidos por las autoridades, la ley que permite a la mujer disponer de su propio cuerpo interrumpiendo voluntariamente un embarazo y la sanción de un Código Civil y Comercial modelo en el orden del derecho comparado, fruto del acuerdo y la participación de los legisladores y de los actores vinculados con el tema. Todas estas leyes fueron sancionadas por los Partidos Políticos con representación parlamentaria, terminando con discusiones que llevaban muchísimos años. Debo resaltar que, como toda la legislación que se sanciona luego de un debate amplio, libre y democrático, ya adquirió la legitimidad que le otorga el consenso social derivado de su aplicación sin ningún tipo de inconvenientes.
Como vemos claramente, hablar de la "Política" despectivamente conlleva el peligro de desconocer la existencia de nuestra República desde sus albores y a una actividad que, vuelvo a repetir, con aciertos y errores, ha ido incorporando paulatinamente al pueblo en las grandes decisiones que nos han ido formando como país.
Finalmente, y para graficar lo expuesto, acudiré a la magia del cine con una película que debería ser de exhibición obligatoria en los colegios secundarios de nuestro país. Me refiero a "La Caída", filme alemán en el que se retrata fielmente el derrumbe del régimen nazi y las consecuencias nefastas para la población civil que ello implicó. Mientras caían sobre el centro de Berlín las bombas de la artillería rusa que se encontraba a pocos kilómetros, Adolf Hitler reúne al Estado Mayor de su ejército para despedirse. En un momento, mientras le daba la mano a Heinrich Himmler, uno de sus principales colaboradores, este le dice al oído: "Führer es hora de hacer política...me puedo contactar con los aliados". El Dictador le contesta seriamente; "Nunca hice política, ni lo haré. La política es para los débiles y los traidores. ¡Háganla ustedes cuando yo esté muerto!". Allí, se dio media vuelta y se fue. Huelga decir que al pueblo alemán le llevó casi cincuenta años recuperarse de este desdén por la actividad política.
Entiendo que este artículo puede traer críticas, controversias y, porque no, descalificaciones. Principalmente desde el anonimato que permiten las redes sociales. Bienvenidas sean. Despertarán las conciencias y formarán parte del derecho de opinión reconocido constitucionalmente que debemos defender. Tanto, como la palabra que sintetiza el espíritu de este artículo y que nos costó mucho a los argentinos conseguir. Me refiero a la "Libertad". Aquélla que permite a las personas ser "Dueñas de sí mismas".
(*) Profesor de Derecho Constitucional. Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, Universidad Nacional del Litoral.
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