Llegan Cartas y Mensajes
Los comentarios, opiniones, reclamos, quejas y mensajes que llegan a la redacción reflejan el sentir de los lectores sobre los temas más discutidos y difundidos del momento, desde deportes y la ciudad, hasta política local y nacional.

MATÍAS ANÍBAL ROSSI
Parece mentira. Finalizó el Mundial. Con esfuerzo, sacrificio, jugadores, técnicos y un capitán ejemplar nos dejaron increíbles sensaciones que nos llenaron el alma. Son emociones que guardaremos para siempre, con esa camiseta que los argentinos como bandera llevamos con orgullo pegada a la piel. Hoy todos los chicos quieren ser como Lionel Messi con la pelota.
Creo que deberíamos explicarles algo más. Tal como el propio Leo expresó alguna vez: lo que importa es lo que se consigue como fruto del trabajo en la unión de un equipo donde todos contribuyen con el mayor esfuerzo, dejan de lado el yo y privilegian el nosotros para el bien común.
Messi nos brinda un ejemplo para enfrentar los desafíos que nos pone por delante la vida. Además de los chicos bien haría en imitarlo también nuestra dirigencia política y terminar con sus egoísmos inservibles. Tendrían que ponerse de una vez por todas esa camiseta celeste y blanca que nos representa a todos.
Según lo que ya publicó la FIFA, en los primeros días de junio de 2030 la Argentina jugará un único partido como local al inaugurar la próxima Copa del Mundo. Leo a los 43 años, si te cuidás como siempre y por nuestro amor recíproco... ¿no sería bueno verte una vez más?
Debes entenderlo, es solo un sueño. Sabemos que nadie puede pedirte más de lo que nos diste. Cumpliste con creces como el mejor de la historia tal lo que en "Invictus" definió el poeta inglés William Ernest Henley y tú puedes afirmar con justicia:
"Agradezco sea lo que sean los dioses/ por mi alma inconquistable/ (…) No importa la estrechez de la puerta/ La cantidad de castigos en el camino/ Yo soy el amo de mi propio destino/ Yo soy el capitán de mi alma".
Gracias Capitán.
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Orgullo intacto y reconocimiento
ALEJANDRO DE MURO
Mi primera desazón deportiva la sufrí en 1958, con apenas 10 años, después del denominado "Desastre de Suecia". Nuestra Selección había quedado fuera del Mundial de Fútbol en primera ronda, y padecido un humillante 6 a 1 ante Checoslovaquia.
Mi nieto Manuel, con 12 años, tuvo el privilegio de ver la consagración del elenco Albiceleste en Qatar en 2022 y, hace solo algunas horas, la obtención del subcampeonato ante el mejor rival del torneo. Habrá que reconocerlo. El equipo de Lionel Scaloni se despidió con una actuación deslucida pero que no afecta, sin embargo, un desempeño general meritorio.
Hubo remontadas y, en muchos casos, victorias épicas. Se perdió sin escatimar esfuerzos. De partidario, casi avergonzado, he pasado a ser hincha confeso y exultante. Mérito atribuible, en gran parte, a César Luis Menotti y a Carlos Salvador Bilardo, que hicieron posible una favorable alteración en el ánimo de millones de argentinos de mi generación.
Durante décadas, mi modelo a seguir fue Brasil con Pelé a la cabeza. Ahora, los tiempos han variado y los rendimientos no solo son otros sino que nuestra ventaja, sobre la verdeamarela, además de notoria, se ha vuelto incuestionable.
Jugadores de la talla de Alfredo Di Stefano y Adolfo Pedernera, mucho tiempo atrás, y de Juan Román Riquelme y Ariel Ortega, más recientemente, no lograron ninguno de los tres lauros ecuménicos. No sería mala idea, en función de lo mucho que se prodigaron por la divisa nacional, hacerlos virtuales copartícipes de los títulos obtenidos.
El fútbol argentino asiste, a pesar del circunstancial 1 a 0 ante España, a un magnífico cambio de era. A un merecido regocijo después de tantos años de frustraciones. Celebremos.
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Milonga del Refranero
MIGUEL ÁNGEL REGUERA
"No por mucho madrugar/ se amanece más temprano/ dijo Inocencia Zambrano/ y al gallo le hizo callar/ Quiso el destino pasar/ por el rancho de la dama/ y un paisano que la llama/ dando el grito en la alambrada/ ¡Inocencia! ¿Está cambiada?/ Y ella saltó de la cama".
"Cuando se está sobre el potro/ el corcovo hay que aguantar/ dijo el pulpero al pasar/ mientras escuchaba al peón/ que lo acusó con pasión/ de haber aclarado el vino/ y otro gauchito ladino/ retrucó con voz finita/ ¿No ven que es agua bendita?/ Y bebió el tinto divino".
"El pez por la boca muere/ y el grande se come al chico/ explicaba a puro pico/ la comadre Doña Tere/ Y el que con hierro se muere/ es porque a hierro mató/ hasta que un día estiró/ la pata un martes de enero/ por andar sacando el cuero/ la lengua se le enroscó".
"Ave de pocas plumas/ no canta en mi gallinero/ Así le dijo el boyero/ a la hija de Don Dumas/ La moza que echaba espuma/ fue a contar esto a su Tata/ que con rebenque de plata/ al joven le fue insinuando/ que si andaba cacareando/ la cresta le quedaría chata".







