La frase de los naufragios no califica. Razones estadísticas colocan a los más veteranos en primera fila de muertes. Estragos manifiestos en esa población (que integro) y la duda para nada salubre: si van a ocupar una cama y se van a morir... ejem, bueno, por allí deben buscarse las más profundas razones del desatino de los respiradores si / no y en qué número y que no salgamos a la calle en ningún caso porque (otra vez las estadísticas) se mueren los viejos, nos morimos, todos morimos por descuido, casualidad o causalidad: estuvimos en contacto con alguien o somos el contacto para que la peste no se funda, se difunda y multiplique. Quietud y manos limpias.
Desde el 20 de marzo oficialmente el mensaje definió el país (en mi caso desde el lunes 16, previo al viernes del oficio presidencial) “quedaos adentro” señaló ese día el señor Presidente, Alberto Ángel Fernández, el porteño. Allí comenzó una realidad bien diferenciada sobre la vida, la muerte y la economía. De hecho para la sociedad.
El tema ahora se complica, otra vez, por cuestiones etáreas, hormonales y de conducta animal, la que cada tanto advertimos que no se ha perdido rumbo a la corteza cerebral y el dominio de la “mass media” sobre ella. Queremos que los chicos paseen.
Lo visible es que estaba complicada la situación por lo que podríamos llamar “sensación monedero” o, tal vez, “sensación bolsillos vacíos”.
Si se trata de un empresario de bajo, mediano o alto porte el asunto es igual, cambia la denominación y pasa a llamarse “sensación arcas vacías” o, tal vez, “sensación recaudación cero”.
Los que asustan a la clase política, los industriales, tienen una sola sensación. “Sensación producción cero” y el plañir unánime: hagan algo.
Los industriales asustan a los políticos y la traducción es un imperativo en primera persona del plural: tenemos que hacer algo. Confesión muy profunda. Muchos actores políticos, desde sus poltronas, suelen alterar la frase y condicionarla. En ese condicional se escucha: tendrían que hacer algo.
Un profesor universitario ya jubilado, titular de muchas frases comunes acumuladas, escribió días pasados una que debería inscribirse en las antologías. Esta pandemia demuestra que no se trabajó bien en Salud Pública en los últimos años. La completa diciendo que los políticos no han previsto el concepto de Bien Común. Supongamos Hugo su nombre. Deberíamos festejar con chocolates la noticia que acerca.
Esta pandemia, rigurosamente, desnuda la situación social, económica y política de cada grupo. De cada sociedad. Es necesario insistir. Llegó el Siglo XXI y plantea interrogantes a todos, incluído a Hugo, el jubilado profesor a quien le cabe la frase: que hacías tu cuando se apagó la luz. Daba clases en la universidad, cobraba en institutos políticos por asesorar a... políticos y dar charlas sobre la sociedad que se vivía y la que se venía. De eso tratan sus libros. Sus charlas, sus artículos. Hugo es uno más de la fila.
Los profesores, puestos a analizar un fenómeno desconocido, es comprensible que usen los patrones de medida donde se sienten cómodos. También se entiende: una intemperie duele y descoloca. Estropea el ombligo. Antes analizaban hechos políticos desde torrecitas de cristal. Ahora el coronavirus no deja torrecita sin posible contagio. Lavandina y alcohol en gel en la sillita del “umpire” desde donde juzgaban el partido. En la cancha sin estar en el juego. Já. Ahora no. Pobre Hugo, en cualquier película catástrofe Clase B está el comportamiento de la sociedad y la justificación. Filmados los hechos y las explicaciones “Nunca visto”. “Imposible creer lo que nos pasa”.
En el cine apocalíptico (todo un género, como el de los héroes de historietas y el de los muertos vivos en generosísimas variantes) en la catástrofe como argumento cinematográfico algo se articula, algo se envía a la corteza cerebral y aún más abajo en esa clase de mensajes... ¿alguien duda que son mensajes...? Alguien sigue sin ver los mandatos que imperativamente ofertan... Notificación, por estos pagos el último tonto murió en la Batalla de Pavón, en el Siglo 19. Robocop fue un mensaje My Dear Hugo.
Tal vez, más allá del conocimiento libresco y las referencias que todos los politólogos hacen de viejos maestros, el mejor ejemplo, al menos en Rosario, apareció esta semana en que todos salieron a mirar cómo estaban los geriátricos en papeles, permisos, personal y aires frescos, emergencias y salidas (había un censo... había un registro... había, en los muchos años anteriores, un dejar hacer, dejar pasar... cómo era la relación con PAMI, empresa público/privada que tiene rango nacional... cómo era y es la relación con la provincia...). Los puntos suspensivos es porque ahora, desde los periodistas hasta los legisladores, están advirtiendo que allí hay un agujero por donde se escapa la seguridad en salud. Siempre se escapó, es histórico el agujero negro... y la íntima convicción acompaña mi afirmación.
PAMI Rosario es una de las grandes cuentas que tiene la ciudad, donde el Presupuesto Municipal, el Presupuesto Universitario, el Presupuesto de PAMI Regional Rosario y los dineros que envía la provincia deberían, deberían, deberían... repito hasta el cansancio, deberían converger en un estado sanitario óptimo. No es un monto menor el de los 4 presupuestos intentando una sociedad saludable. Ni es mínima la participación gremial. Es alta. Altísima. Los gremios son un presupuesto no contemplado en estas contingencias. Existe. Hay plata. No es conveniente decir exagerada. Lo que es mínimo es el rigor de los pagos de PAMI a prestadores reales y ocultos. De estos últimos tengo la íntima convicción de su existencia, como del modo que se beneficia a determinados geriátricos que sí y a otros que no. Antes con los K. Después con los PRO y ahora nuevamente con los K, porque en la repartija del peronismo y su cooperativa para tomar el poder en Argentina con los votos, el PAMI pertenece a un sector. Sector que, si de votos se trata, no contribuyó en mucho para que Rosario fuese peronista. De hecho Rosario no lo es y el Senador Departamental, Marcelo Lewandowski, tiene su triunfo, ganó por sus condiciones, no por la ayuda de “los camporitos” y “los evititos”. Otro día, con menos pandemia en el alma, hablaremos de la ANSES.
Rara cuestión la del peronismo del sur. Muchos rostros en las fotos. Muchos. El poder provincial sigue estando en Santa Fe por lo que parece obvio, el gobernador Perotti habla con el intendente Javkin y, para conseguir algo de las reparticiones nacionales la video conferencia de Perotti es con Buenos Aires.
El intendente, a su vez, habla con el Gobernador y con el Rector de la UNR y, pese a que está dentro de lo obvio, lleva a los analistas y cronistas políticos a señalarlo como lo que es: un guiño de conveniencia en el diálogo de quienes por 4 años conviven. Si no hablasen lo señalarían como yerro. Uff.
DESEOS Y MENSAJES CONTRADICTORIOS
El punto de desencuentro aparece cuando se formulan los deseos. Deseo que se vaya la pandemia y pueda abrir otra vez y facturar. También pagarle a los empleados. Y que se vaya la pandemia.
Que las calles estén cubiertas de habitantes que pasean y compran a los vendedores ambulantes, vendedores que en Rosario no deambulan. Incluidos los centroamericanos que... ¿dónde estarán, pobres muchachos, empleados explotados por compañías ennegrecidas de mercaderías truchas? Misterio de la pandemia.
El estimado Hugo desea que las clínicas y sanatorios vuelvan a atender todas las enfermedades, que las tarjetas de medicina prepaga recobren su sentido precautorio original. Que anden los taxis, los autobuses, los delivery de pizza y de droga. Todo. También los niños en los parques y las “chicas de la vida” en ocultos departamentos de los que nadie sabe la dirección ni el costo, ni el número, ni el monto de la trata, que de eso hablamos... en sordina. Y que se vaya la pandemia.
Hugo desea todo lo que se correspondía con aquella vida perdida, donde tenía sentido el dicho / slogan / mensaje de los viejos barcos de las antiguas catástrofes... incluyendo el Titanic. Las mujeres y los niños primero. También tenía sentido, desde la sillita del “umpire” decir que en Argentina las cosas se hicieron mal.
Che, el nombre Hugo es inventado, es un genérico. El antojo del chocolate caliente no, ese es real, en Argentina, incluyendo Rosario, después del otoño, con o sin coronavirus, viene el invierno. Si no consumimos esta sociedad no existe.