Por María Teresa Rearte


Por María Teresa Rearte
El domingo 1 de marzo murió el sacerdote trapense y poeta nicaragüense Ernesto Cardenal. Había nacido en Granada, Nicaragua, en el año 1925. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de México y más adelante obtuvo un posgrado en Columbia University de Nueva York.
Conoció la persecución y la cárcel y militó en la resistencia hasta que en 1956 se produjo un cambio profundo en su vida. Abandonó la militancia política e ingresó en la Trapa de Getsemaní, en Kentucky, donde tuvo como maestro de novicios al monje y poeta Thomas Merton. Desde Kentucky pasó a Cuernavaca, México, y a continuación a Medellín, Colombia, para terminar los estudios de Teología. En 1965 Ernesto Cardenal volvió a Nicaragua, donde en la Catedral de Managua fue ordenado sacerdote.
SUSPENSIÓN A DIVINIS
En marzo de 1983 el Papa Juan Pablo II, ferviente anticomunista, en el marco de su visita pastoral a México y Centro América llegaba a Nicaragua, gobernada por el sandinismo, que había derrocado a la tiranía de Somoza. En el aeropuerto de Managua le esperaba un cartel en el que se leía: “Bienvenido a la Nicaragua libre gracias a Dios y a la revolución.”
Arrodillado Ernesto Cardenal, por entonces Ministro de Cultura del gobierno sandinista, le pidió allí la mano para besársela. Juan Pablo II la retiró y ante el pedido de la bendición le hizo un gesto con su mano derecha. Y le respondió: “Antes tiene que reconciliarse con la Iglesia.” Un año más tarde le impuso a Cardenal la suspensión a divinis, dura sanción canónica que le impedía el ejercicio del ministerio sacerdotal. La imagen de la amonestación papal al sacerdote y poeta nicaragüense fue una de las más icónicas de ese tiempo, que recorriera los medios del mundo.
COMUNICADO DE LA NUNCIATURA APOSTÓLICA
En febrero de 2019 y con la firma del Nuncio Apostólico en Nicaragua, se dio a conocer el siguiente comunicado: “El Santo Padre ha concedido con benevolencia la absolución de todas las censuras canónicas impuestas al Rvdo. Padre Ernesto Cardenal, acogiendo la petición que éste le había presentado recientemente, a través del Representante Pontificio en Nicaragua, de ser readmitido al ejercicio del ministerio presbiteral.”
Ernesto Cardenal había estado treinta y cinco años bajo suspensión del ministerio debido a su militancia política. Durante ese tiempo aceptó la pena canónica que le fuera impuesta. Y se sujetó a ella sin desempeñar ninguna actividad pastoral. Además hacía muchos años que no tenía ningún compromiso político. Y que incluso se había convertido en el mayor crítico del presidente Daniel Ortega. Lo que le trajo la persecución y los insultos del régimen sandinista.
OBRAS Y PREMIOS
Últimamente el sacerdote y poeta se había dedicado enteramente a la literatura. Hace un año celebró la edición de su libro más reciente titulado “Hijos de las estrellas.”
Fue uno de los poetas vivos de Latinoamérica más destacados a nivel mundial. En el año 2010 fue propuesto para el Premio Nobel de Literatura por la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE). Había sido galardonado, entre otros, con el Premio Reina Sofía de Poesía, el más importante de Iberoamérica. También con el Premio Internacional Mario Benedetti, otorgado por la República Orientan del Uruguay. Y sus obras fueron traducidas a veinte idiomas.
UN SÍMBOLO DE LA RECONCILIACIÓN
Ernesto Cardenal fue todo un símbolo de la reconciliación con la Iglesia Católica, de la que se había distanciado desde sus tiempos de militancia sandinista. No es poco para una época como la nuestra caracterizada por la angustia y la guerra, la crueldad bajo las más diversas formas, la confusión y el miedo. Y no lo es cuando el hijo pródigo que está de vuelta es un poeta que cantó al amor.
Es especialmente significativo que su muerte haya acaecido en tiempo de Cuaresma. Tiempo fuerte para la fe cristiana católica, que pone de relieve que, no obstante el pecado, “toda la existencia del hombre se realiza en la relación ‘yo-tú’ entre Dios y él.” (Romano Guardini).