"Agujeros en la superficie", es un breve e intenso libro, pensado en cinco partes y donde, a su vez, cada una indaga diferentes niveles de intensidad lírica. El apartado inicial del poemario es un diálogo con versos intervenidos de poetas argentinos contemporáneos como: Carlos Barbarito, Irene Gruss, Cristian Aliaga, Valeria Pariso, Teresa Arijón, Marcelo Leites, y Daniel Freidemberg. Es un modo en que Cervero entreteje versos, siempre defendiendo el principio donde el soporte de la palabra es la memoria. Un modo de estar en el otro. Se avanza, a través de las modulaciones. Son pequeños ritos que la autora celebra en susurros, tal la delicadeza de su acento. "La belleza ya no puede tocar", dice Cervero; pero este libro nos toca, nos conmueve, y lo hace abriendo interrogantes que expande en las posteriores cuatro partes, creando una secuencia de preguntas que permiten avanzar, "en el ritmo sobre ritmo de lo incierto". Nada parece seguro, todo es materia de interrogantes, un oleaje expansivo de lúcidos cuestionamientos.
Se puede identificar un sesgo empírico que acompaña todo poema a través del libro completo, cierto aura materialista. Fragmentos que gravitan en el tiempo personal del lector, más allá de su lectura: "el recuerdo de un sonido parece más absurdo / que el de una imagen" ("Como otras veces"). Y avanza tanteando, se va enlazando sutilmente poema tras poema, pese a que cada uno de ellos mantiene su valor particular. Pero es en ese enlace que la obra adquiere su trascendencia y, al mismo tiempo, denota algún resquicio en su estructura (sus imágenes luminosas y sorprendentes). Hay lugar para otros poemas más narrativos también, perturbadores, por cierto, en su lucidez descriptiva, como resulta: "Alguna vez acompañaste a morir a alguien". El dolor, el miedo al miedo, la costumbre de deshabitar que acompaña zonas de desolación y dolor. Escribe Cervero: "Algo habla en medio del viaje, / en medio de la lluvia". El paisaje a menudo atravieza a la voz del Yo, se hace poema, ya que "atravesamos el paisaje, mientras nos atraviesa" ("El cerro se hace caminando"). Así, el arco de la mirada alude no solo a lo cercano, sino –sobre todo- a lo íntimo, a ese espacio que llega a la memoria sin sonido, diluido en puro gesto.
Es cierto que, por momentos, prevalece un sesgo pesimista: "Bajo el calor del astro / sólo es posible / la búsqueda de cierta penumbra, / el silencio manso del adiós". Sin embargo, no hay apología del nihilismo. Todo es misterio, pareciera indicarnos Valeria Cervero. "¿Porque cuántas vidas abarca una vida?; ¿cuánto amor puede generar un cuerpo?" Es imprescindible leer y releer estos poemas, aceptar el renovado desafío de recrear una experiencia que rescata la pureza del verbo. Allí, en el hueco de la vida, la poesía resiste, "casi imperceptible / hasta que vuelva / multiplicada en la tormenta".
(*) Valeria Cervero (Bs. As., 1972), es licenciada en Letras y lleva publicados a la fecha: cadencias (2011); el libro-álbum escondidas (2013), en coautoría con la ilustradora Vivi Chaves; equilibristas (2014); Sin órbitas (2016); madrecitas (2017); Ctalamochita (2017); Seres pequeños (2018) y Sibilejo (2018). Actualmente integra el equipo de la revista digital de poesía Op. cit. y es una de las organizadoras de Poeplas, ciclo de poesía para las infancias.
Este libro nos toca, nos conmueve, y lo hace abriendo interrogantes que expande en las posteriores cuatro partes, creando una secuencia de preguntas que permiten avanzar, "en el ritmo sobre ritmo de lo incierto".
El arco de la mirada alude no solo a lo cercano, sino –sobre todo- a lo íntimo, a ese espacio que llega a la memoria sin sonido, diluido en puro gesto.