Mi amigo Charlie me la recomendó: "Tenés que verla. Está protagonizada por Tom Hanks. Se trata de una suerte de Carlitos Balá yanki. Me parece que la película ha tenido poca prensa pero es imperdible". Si Charlie lo dice, confío en su criterio; mi amigo tiene olfato de sabueso para el cine; sabe detectar buenas actuaciones y mejores guiones. Por eso, con "Otro día hermoso en el vecindario" ("A beautiful day in the neighborhood") no la pifió.
¿Quién es ese "Carlitos Balá norteamericano"? Se trata de Fred Rogers: un ministro presbiteriano, titiritero, cantante, actor, escritor, productor y conductor. Durante más de treinta años, protagonizó la popular serie educativa norteamericana destinada al público infantil y sus familias: "El vecindario del Señor Rogers". Cada episodio comenzaba con un ritual: la cámara recorría una ciudad en miniatura; el Sr. Rogers entraba a su casa; se quitaba el saco y lo colgaba en el guardarropas; de allí tomaba un suéter de lana tejido a mano y se lo ponía; se sentaba, se sacaba los zapatos y se calzaba zapatillas.
Mientras hacía todo esto, cantaba en vivo acompañado por música suave y alegre de xilofón y piano: "¿Querés ser mi vecino?/ Me ayudás a hacer de cada día, un día especial/ sólo con el hecho de que seas vos mismo/No hay nadie más en el mundo que sea exactamente como vos/ Y a la gente le podés gustar exactamente como sos".
En esta introducción se anticipa la propuesta educativa de Rogers: los niños y niñas necesitan hábitos que les den seguridad y los ayuden a ordenar el mundo que están conociendo. Cada pequeña rutina (atarse los cordones o guardar la ropa en su sitio) es fundamental; nuestro hogar debe ser "nuestra madriguera", nuestro "refugio" amistoso y amoroso donde "recargar las pilas" y rearmarnos después de atravesar las dificultades cotidianas. Los problemas del trabajo o la escuela no deben ensombrecer la convivencia hogareña y, por eso, se "cuelgan" en la puerta, antes de entrar a casa.
El vecino (mi prójimo; mi "próximo"; el que vive bajo mi mismo techo o en la puerta de al lado) es diferente a mí y eso lo hace valioso. Nuestra convivencia será saludable si aceptamos esas diferencias y respetamos a los otros como queremos que nos respeten; amemos a nuestros "cercanos" y, principalmente, amémonos a nosotros mismos; seamos capaces de recibir y dar amor; cantemos, no nos olvidemos de sonreír, no nos desanimemos; todos podemos sentir ira, miedo, pena o desánimo pero no tenemos que dejar que todo eso se apodere de nuestro mundo y lo destruya; no estamos solos, podemos contar con nuestros vecinos que nos reconocen tal y como somos; "a veces, tenemos que pedir ayuda y eso no está mal".
En síntesis, un programa de televisión enfocado en la educación emocional (en tiempos en que estas palabras no estaban en boga). Rogers lo resumía así: "El amor es la base de todo. El amor o la falta de él". Llevó a cabo esta "pedagogía del vecindario" dentro y fuera de la televisión: con sus marionetas, visitaba a sus televidentes enfermos; llamaba por teléfono a los que estaban en apuros; o los invitaba a su programa con sus sillas de ruedas, sus muletas o sus tubos de oxígeno a cuesta, para compartir un buen rato juntos e intercambiar afecto.
Rogers murió en 2003. Algunos dicen que si los protestantes tuvieran santos, él debería ser uno de ellos. Al respecto, su viuda ha dicho que comparar a su esposo con un santo no sería lo apropiado porque lo alejaría de la realidad cotidiana donde trabajó muy duro; lo alejaría de las familias a donde llevó su propuesta educativa en formato televisivo; lo convertiría en un ejemplo irreal y, por ende, imposible de replicar. Si no era un "santo": ¿Era un héroe contemporáneo? Esa es la pregunta que se hizo la revista "Esquire" en un artículo del año 98 y es la que inspiró: "Otro día hermoso en el vecindario".
"A beautiful in the neighborhood" fue elegido por la revista "Time'' como uno de los diez mejores films de 2019. Está protagonizado por Tom Hanks, Matthew Rhys, Susan Kelechi Watson y Chris Cooper. Su dirección está a cargo de Marielle Heller y su guión es obra de Micah Fitzerman-Blue y Noah Harpster. Como mencioné anteriormente, está inspirado en un artículo de 1998: "¿Podés decir... héroe?" escrito por Tom Junod y publicado en Esquire'.
Hay mucho y positivo para decir del film. Por ejemplo, en sintonía con la filosofía de vida de Rogers, su directora propuso que los integrantes del set de filmación trabajaran con suéter al estilo Mr. Fred y con horario francés para permitir que todos tuvieran más tiempo para estar con sus familias. En este texto, me enfoco en el hecho de que el espectador conoce a Rogers a través de Lloyd Vogel (se cambia el nombre real), un periodista que es un cascarrabias; tiene fama de ser ácido y duro en sus reportajes; acaba de ser padre por primera vez, y está peleado a muerte con su padre (gravemente enfermo) porque engañó y dejó a su madre cuando sufría de cáncer. Podría definir al personaje de Vogel a través de la siguiente frase: "Los hombres que no están en paz consigo mismo, viven en guerra con el mundo entero".
Este reportero acepta a regañadientes la tarea que le asigna su jefa de redacción. Principalmente, desconfía de Rogers; cree que es "pura cáscara", que no es genuino; sospecha que es un vendedor de ilusiones y que encarna un papel en la pantalla que es insostenible en la vida cotidiana. Algo así como que: "No podés ser un santurrón en la calle porque te 'comen crudo'. No podes ser un 'buenazo' porque terminás convertido un 'buenudo'. ¿Quién es el auténtico Rogers? ¿Quién es cuando se apagan las luces del set de filmación?" Tan bravo es Vogel que su esposa, cuando se entera de su próxima misión, le recomienda: "Lloyd, por favor, no arruines mi infancia". El encuentro entre Rogers y Vogel será transformador para ambos y para los espectadores. A Rogers le interesa la "gente rota" ("broken people") por una enfermedad, por una traición, por un engaño, por un abandono, por un fracaso, etc. Vogel se reconoce dentro de ese grupo como también se reconocerán- con el paso de las escenas- los mismos espectadores.
¿Qué tan popular era Rogers? La película recupera una anécdota que figura en el artículo de Esquire: "Rogers fue a la ciudad de Nueva York y quedó atrapado en la lluvia. No tenía paraguas y tampoco pudo encontrar un taxi, así que se metió con un amigo en el metro y se subió a uno de los trenes. Era tarde y el tren estaba repleto de niños que regresaban a casa de la escuela. Aunque de diversa procedencia, los escolares eran en su mayoría afrodescendientes y latinos; no se acercaron al señor Rogers para pedirle su autógrafo. Ellos sólo cantaron. Cantaron, todos a la vez, todos juntos, la canción que él canta al inicio de su programa y convirtió el traqueteo del tren en un solo coro suave y desbocado."
El film resalta la dedicación de Rogers por demostrar a su público que él es semejante a ellos, con sus mismas dificultades cotidianas. Hay una escena que lo muestra empeñado en armar una carpa -sin éxito inmediato- ante las cámaras encendidas. Fracasa una y cien veces. Los productores proponen editar las imágenes; cortar la tarea infructuosa; que otro arme la carpa; y que se regrabe la situación con la tienda en pie. Rogers no acepta y se empeña en demostrar que se puede aunque sea difícil.
Entre las escenas, destaco la que recrea lo que vivió Rogers cuando subió al escenario para aceptar el Premio Emmy a la Trayectoria. Allí, frente a las estrellas de la televisión propuso: "Todos nosotros tenemos seres especiales que nos han amado a lo largo de nuestra vida. ¿Podrías tomarte, junto conmigo, diez segundos para pensar en esas personas que te han ayudado a convertirte en quién sos?... Diez segundos de silencio". En el film, esto sucede en un bar: Rogers le hace la propuesta a Lloyd; de repente, todo el bar (cómplice) hace silencio; la cinta enmudece; se rompe la cuarta pared; el espectador ingresa a la pantalla o la pantalla se mete en la vida de los espectadores y, entonces, de un lado y otro de la ficción todos rendimos homenaje y agradecimiento a los que nos han amado y nos han ayudado -con aciertos y errores- a ser lo que somos.
El largometraje también se detiene en los momentos de turbulencia que vive Rogers y en cómo combate -por citar- la ira, el estrés, la ansiedad o la angustia; si está furioso, toca todas las teclas graves del piano a la vez, como un cable a tierra; si está triste o estresado: nada, nada y nada; y si percibe que las aflicciones lo sobrepasan, pide a los demás que oren por él o canta.
Hasta aquí llego. Vean la peli, amigos. Yo le pongo 5 Charlies en homenaje a quien me la recomendó. Es una película con la que viví una epifanía; con la que recordé, como cantaba Carlitos Balá, que: "Felicidad empieza con fe y amistad. Nada es mejor que un poco de amor que podamos dar…"