Por Ingrid Briggiler


Por Ingrid Briggiler
El 24 de enero de 2023 se cumplió un año de que murió mi prima. Quizás no sea ese día exactamente, pero no viene al caso, yo recuerdo que fue dos días antes de mi cumpleaños. Cuando se muere un familiar cercano hay algo que se rompe para siempre. Qué suerte que fue muerte súbita y no un femicidio por ejemplo. Siempre lo pienso. Y cuando siento tanto dolor por dentro por una muerte natural, por una muerte que no fue culpa de nadie, por una muerte propia de la naturaleza (tanto que a mí me gusta ir en contra de la naturaleza) más me arraigo al feminismo. Porque Delfi, además, era refeminista.
Ella era radióloga y organizaba campañas presenciales y virtuales para la prevención del cáncer de mama. Su compromiso con la causa, a tan corta edad, era admirable.
Para mí, la muerte no tiene consuelo, ni explicación. Por eso le escribí a mi abuela y a mi tía abuela una carta para antes de morir mucho antes de que estuvieran como están hoy. Por eso también hice lo mismo con mi papá que no está pasando por su mejor momento de salud ahora mismo.
La mamá de mi novio se murió joven, Laura. Mi hermano mayor se murió justo antes de nacer, Gastón. El hermano de una amiga andando en bici a los 17, Juan Pablo. El papá de un amigo de Covid, José. La mamá de mi papá también se murió joven, aunque no tan joven como Laura y, por más de que se llamaba Lucha, no pudo batallar contra el cáncer.
Así podríamos cada uno de nosotros contar a nuestros muertos, pero no lo hacemos, no hablamos del tema. Quizás es solo en mi familia, cada familia es un mundo, ya todos lo aprendimos. Quizás es porque nos duele o quizás simplemente no sabemos el por qué.
Quiero escribir "se-murió" y el corrector insiste en marcarme un error y me sugiere que se escribe mejor "murió", sin ese pronombre que le otorga el poder de decisión al sujeto. Qué gracia, ni siquiera nos damos cuenta y le terminamos echando la culpa al muerto de su propia muerte. El corrector tiene razón.
Hace unos días volví a leer ficción, qué pena que por trabajar tanto perdí horas de lectura maravillosas que podría haber disfrutado como cuando era adolescente, pero ya estoy de vuelta. Leí dos o tres libros en estas últimas semanas y hace unos días empecé "Catedrales", de Claudia Piñeiro.
Habla de tres hermanas, ¡bingo! Habla de un padre y una hija que tienen una relación muy cercana, ¡bingo! Habla de la muerte de una de esas hermanas, ¡bingo! (o casi bingo, porque Delfi no era mi hermana pero sí mi prima-hermana segunda). Y, por suerte, nada tiene que ver la historia del libro con la historia de Delfi, pero claro que son temas que me despiertan emociones.
Hablaría ahora un rato del feminismo, pero qué tiene que ver me podrían decir. Hablaría de la indignación que me provocan aquellas personas que aún se enojan porque pintamos paredes o andamos manifestándonos en tetas cuando la contracara de la moneda es la muerte. Si una muerte inevitable duele tanto, no imagino lo que debe doler una muerte provocada por celos, por poder, por machismo: un femicidio de un familiar cercano (una familiar cercana, mejor dicho).
A veces pienso que "Empatía I" debería ser una materia de la carrera de medicina. ¿Cómo un doctor o una doctora puede tratar a alguien, por ejemplo, del sexo opuesto? ¿O cómo el médico tratante puede entender el dolor que siente ese paciente, si ese doctor nunca se enfermó de lo mismo? Si bien es difícil, se puede y se logra escuchando activamente al otro. Ese otro que en mi caso es otra, una mujer. Soy ginecóloga desde hace casi diez años (¡wow!).
Y la empatía que está tan de moda hoy en día y que casi todos dicen tener, cuando se habla de feminismo es difícil de encontrar.
Como en dos días es mi cumpleaños, me permito escribir estos pensamientos a modo de "Repaso de mi año" o algo parecido. Mi cumpleaños, desde el año pasado, ya dejó de ser mi cumpleaños para ser la fecha "dos días después del aniversario de Delfi". No me molesta, me agrada, será mi forma de recordarte hasta que yo también me muera.
Sobre la autora
Ingrid Briggiler es médica ginecóloga y obstetra oriunda de la ciudad de Santo Tomé. Fundó dos empresas de telemedicina: Llamando al Doctor y Nume (nuevometodo.com), "la ginecóloga de cabecera virtual de las mujeres de Latinoamérica". La pueden encontrar por su nombre en las redes sociales Instagram @ibriggiler y LinkedIn. Recientemente también abrió un canal de YouTube @nuevometodo. Su mail personal: [email protected].